Te enamoraré

Capítulo 29 "Amo el karma"

Amo el karma

 

Quisiera decir que soy valiente y lo enfrente, pero la verdad estoy temblando de pies a cabeza. Su sonrisa torcida me da asco y cuando se acerca y toma mi cabello, grito. Me alza un poco obligándome a arrodillarme, mis ojos se humedecen.

Quiero gritar pero en mi boca hay un nudo que no se va. Así que solo tiemblo cuando su mano toca mi cuello. Mis lágrimas resbalan por mis mejillas. Cierro los ojos con fuerza cuando su rostro roza el mío, me entran nauseas por el asco que siento.

Cooper ¿Dónde estás?

Hay muchas posibilidades de que él no venga ¿Por qué razón lo haría? No somos más que conocidos intentando ser amigos. Y quiero golpearme por haber desperdiciado mi tiempo en escribirle a él cuándo pude haberle escrito a cualquier persona.

Pero tengo fe de que lo hará, de que no ignorara mis mensajes.

Quiero alejarlo y lo hago, al menos un poco. No sé qué más hacer para salir de esta situación. Estoy cansada y no creo que pueda correr más.

Cierro los ojos mientras aprieto mis labios en una dura línea. Escucho su respiración agitada, y trato de calmarme para pensar con claridad. Frunzo el ceño ¿Desde cuándo necesito un héroe? ¿Desde cuándo dependo de alguien? No puedo simplemente esperar a que Cooper llegue. ¿Qué tal si no lo hace?

Yo puedo salir de esto, si me calmo y trato de pensar tal vez pueda encontrar una solución. Soy Abigail, la chica con mejores notas del colegio, algo se me debe ocurrir. Después de todo yo soy capaz de todo. Si puedo meterme en enredos, seguro también puedo salir de ellos.

Sus manos van a mi trasero y cuando lo pone sobre el, la vergüenza y rabia me consume. ¿Cómo se atreve a tocarme? Aprieto fuertemente mis manos en puños y sin que se lo espere se la estrello en su nariz. Un crujido suena y él me suelta gritando una maldición. Algo aturdida me paro y sin pensarlo empiezo otra vez a correr.

Creo que nunca he corrido tanto en mi vida.

Me dirijo hacia el lugar que es más transitado con la esperanza de que alguien pueda ayudarme. Las tiendas, los bares y discotecas asoman y eso tampoco me da mucho confort. Después de todo el sujeto que me sigue seguro salió de un lugar parecido a estos.

No sé a dónde ir, estoy desubicada. Hay mucho de cierto sobre que en las noches las calles suelen ser misteriosas y aterradoras. No sé a dónde voy y para este punto solo me importa encontrar un teléfono o un lugar poblado de gente no intoxicada.

Pero al parecer eso es mucho pedir por que todos los que veo están hasta los pies de borrachos. Pierdo la poca fuerza que me quedaba y empiezo a disminuir mi velocidad. Estoy nerviosa y tiemblo cuando una mano coge mi brazo.

-Te tengo.

-¡Suéltame!

-Te dije que no te escondieras-su mano se acerca a mí y eso llama mi atención, su mano tiene señales de aguja. Abro los ojos, esta drogado. Ahora entiendo por qué parece no cansarse y tener fuerza.

Me lleva a arrastras hacia un callejón algo oscuro. Me remuevo y zarandeo pero no logro soltarme de su agarre.

-¡No me toques!-grito cuando su mano va hacia mi cintura con intenciones de apegarme hacia él.

-¡Cállate!

Me asusto y aprieto mis labios aguantándome gritarle más fuerza, pero no debo hacerlo. Una persona drogada es muy peligrosa.

Se acerca hacia mí y sollozo cuando su boca se posa en mi cuello, succiona un poco y gime. Y a pesar de que trato de evitarlo las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Me empiezo a sentir asqueada. Aun con miedo pongo mis manos en su pecho y trato de alejarlo. Lo cual parece molestarle.

-Quédate quieta-gruñe.

Niego y me trato de mover, no quiero su tacto en mí. Al contrario de cuando estoy con Cooper, su tacto no me hace volar y sonreír, de alguna manera este me quema, me daña provocando sentimientos de asco y que mis lágrimas salgan. Se cansa de mi actitud y alza la mano, abro mis ojos, sé que me golpeara. Me volteo tapándome con mis brazos mi cabeza. Cierro los ojos y escucho un golpe seco. Abro los ojos confundida.

Volteo despacio, al frente mío-exactamente quejándose de dolor en el suelo-está el hombre golpeado la mandíbula y a unos metros de distancia una sombra llama mi atención. Mis ojos se abren para luego humedecerse. Reconozco esa figura, la reconocería en cualquier jodida parte.

-¡Cooper!-chillo como niña pequeña.

Sin pensarlo corro hacia él y sin que lo espere me lanzo hacia el abrazándole por la cintura. Se tensa. Sus manos cogen las mías y me aleja un poco de él.

-¡Joder, Abigail!-grita sacudiéndome levemente-¡¿Qué diablos tienes en la cabeza?! ¡¿No podías llamar al 911?! ¡Oh, no sé! ¡A un policía, maldita sea!

Parece frustrado, nervioso y alterado. Como si estuviera preocupado. Pero yo estoy en un trance, sin poder creer que él este aquí. Que él vino por mí.

>> ¿Qué tal si no llegaba?-murmura en voz baja.

Me estremezco sin querer ni imaginarlo. Salgo parcialmente del trance y parpadeo viéndolo fijamente.

-Pero llegaste...-murmuro acariciando levemente su mandíbula-y eso es lo que importa. Gracias.

-Joder-murmura-niña tonta.

Sus brazos me halan hacia él envolviéndome entre sus brazos. Cierro los ojos dejando que mis nervios se calmen. Suelto lágrimas silenciosas, estaba aterrada, muy aterrada. Mis manos van a su pecho y lo acerco a mí cogiendo con puños su camisa que sobresale de su chompa negra.

Él me deja abrazarlo mientras de manera lenta acaricia mi espalda tratando de calmarme. Y aunque estoy aún temblando no puedo evitar sentir algo retorcerse en mí. Las típicas mariposas asoman revoloteando en mi estómago para luego obligar a mi corazón a latir emocionado.

Sonrío.

Al parecer Cooper siempre llega en los momentos exactos en los que lo necesito. Recordándome porque me gusto en primer lugar.

 

***



MonLexus

Editado: 14.05.2020

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