Teach me to love (libro #1)

Capítulo 3

Aris al llegar a la mansión, apagó el motor del coche y bajó con Erika siguiéndole hasta la entrada. Abrió la puerta con su llave y el espectáculo que tenía frente a sus ojos, lo paralizó. Erika miró a su cuñada con los ojos desorbitados y a continuación, empujó suavemente a su marido por los hombros para que pudiera entrar al interior de la casa.

 

 

“Súbeme la radio que esta es mi canción, siente el bajo que va subiendo, tráeme el alcohol que quita el dolor…” Se escuchaba la voz de la hermana de Aris por todo el lugar.

 

“¡Cielo Santo! ¿¡Qué has hecho!?” Exclamó Aris avanzando.

 

“Hermanito, ¡ven para que cantemos juntos!” Reía mientras intentaba levantarse del suelo.

 

“Señorita Heat, cuidado.” Su guardaespaldas corrió hacia ella y la agarró por la cintura antes de que midiera el suelo.

 

“¡Uf Christian!, estas muy sexy cuando te preocupes.” Susurró sensualmente a su oído, mientras que sus manos se envolvían a su cuello.

 

 

Christian se sonrojó y tragó con dificultad. Su protegida nunca le había hablado de manera provocativa, casi nunca, solo cuando se emborrachaba. Pero cuando le decía tales palabras, él empezaba a sentir un nudo insólito en el estómago. Desde que puso un pie en la casa de los Heat como guardia, empezó a ver a esa chica con otros ojos. Se podría decir que eran ojos de amor. Pero, nunca tendría el valor de hablar con ella. Después de todo, estaba prohibido todo eso porque no el trabajo no se mezclaba con lo personal.

 

 

“Christian, acompaña a mi hermana hasta el baño de su habitación y ayúdala a recuperarse de la borrachera.” Dijo Aris subiendo la escalera para ir a ver si su hijo despertó de tantos alborotos en la casa.

 

“¡No estoy borracha!” Gritó la chica y luego soltó una carcajada.

 

 

De repente, se puso seria, pero esa cara no duró mucho. La rubia sonrió a su guardia y después lo abrazó. Erika se ha quedado sorprendida mirándolos. Conocía muy bien la hermana de su marido y sabía que era una mujer bonita que seducía a los hombres. Lo que no sabía era que Christian sentía algo por ella. Percibió ese brillo en sus ojos, y eso solo una cosa podía significar, que Lizbeth Heat no le pasaba desapercibida.

 

 

“Liz, vamos arriba. Yo te ayudaré a ducharte.” Dijo ella, pero Lizbeth se negó.

 

“Yo quiero a mi ángel guardián al lado mío.” Parpadeó varias veces mirándolo con una manera picara, que por supuesto a Christian le afectaba.

 

“Estas borracha y no sabes lo que dices. Vamos arriba.” El tono de su voz esta vez se elevó y Lizbeth frunció el ceño.

 

“Esta bieeenn.” Dijo arrastrando las palabras. Luego pensó algo. “Pero Christian estará conmigo en el cuarto del baño.”

 

 

Erika suspiró y al final asintió. Si seguía, iba a pelearse con la Lizbeth borracha que realmente no tenía idea de lo que hacía y decía.

 

 

Subieron los tres al segundo piso. Erika se sentó en la cama de Lizbeth, ya que no la dejó adentrar en el cuarto del baño. Si Aris se daba cuenta que su hermana había entrado con Christian a ducharse, la guerra estallaría.

 

Christian cerró la puerta mientras agarraba de la cintura a Lizbeth para que no cayera. La ayudó a sentarse en la silla y le dijo quedarse sentada hasta que la bañera se llenase de agua. Cuando llegó hasta la mitad, después de revisar si estaba en la temperatura correcta, cerró el grifo. Se volteó para mirar a Lizbeth y el espectáculo que tenía delante de él lo hizo calentarse. Tragó saliva mientras que su mirada examinaba el cuerpo entrenado y desnudo de su protegida. Ella sonrió coqueta. Christian sacó la chaqueta negra y la puso en el colgadero. Levantó las mangas de su camisa hasta los codos y se acercó a la diabólica mujer, quien cantaba susurrando.

 

Esta borracha, no es consciente de sus acciones, repetía Christian constantemente en su cabeza.

 

 

“¿Te gusta lo que ves?” Dijo en un tono juguetón, desabrochando lentamente el primer botón de su camisa.

 

 

Se le cortó la respiración y de repente clavó la mirada en la pared. Si continuaba mirándola, admirando su maravilloso cuerpo, ya no soportaría la distancia que se empeñaba a poner entre ellos. Lizbeth desabotonó el segundo botón y a continuación, puso su mano dentro de la camisa. Acarició el cálido pecho de su escolta, pero Christian no la dejó seguir. Al sentir que su mano deslizaba tomando un camino peligroso, lo agarró con fuerza.

 

 

“Mañana estarás maldiciendo tu vida al recordar todas las cosas que hiciste. Métete en la bañera Lizbeth.” Ordenó Christian respirando profundo.



Maria88

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En el texto hay: peligro, mafia, secretos

Editado: 28.09.2019

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