Tears

Prólogo

 

El llanto de una mujer rompía aquel silencio que se había adueñado de aquella habitación del palacio real

 

El llanto de una mujer rompía aquel silencio que se había adueñado de aquella habitación del palacio real. Con el sudor parlando su frente, intentaba no desmayarse de dolor. A sus lados, varias enfermeras la asistían. Y, tomando su mano, un hombre de la misma edad de la mujer, la consolaba.

Tres horas después, en aquella noche lluviosa, nació la princesa Ellen. La heredera al trono de aquel reino. Cuando la niña rompió el llanto, un descomunal trueno surcó el cielo. Y la ventana se abrió dejando entrar un cuervo. En su pata, llevaba atado un pergamino.

El rey, con dos zancadas, llegó al animal y desdobló el papel. Cuando leyó las líneas escritas, su cuerpo se estremeció, sus ojos se oscurecieron y su cara se tornó blanca. La reina, haciendo un gran esfuerzo, se incorporó y tomó en sus brazos a su hija. Tras mecerla unos segundos para que se durmiese, miró a su esposo.

Él, volvió a su lado y le leyó las frases. En cuanto la mujer lo oyó, también se quedó pálida. Y miró ceñuda a su hija de tan sólo unas horas de vida. No podía creerlo. Debía ser un error. Y con esa idea volando en su mente, se lo rebatió al hombre. Él negó. No había ningún error. La profecía era clara. La reina, entonces, no pudo evitar ceder ante las lágrimas que luchaban por salir. Cariñosamente, el rey se las quitó. Y le dijo que no pasaría nada. Que debían aceptarlo. Pero que no quedaría impune. Lucharían para que no se cumpliese. La reina, sabiendo que era la única opción, a menos que matasen a su bebé, tuvo que aceptar.

Y así, se selló el destino de Ellen. La princesa heredera del reino. Al igual que su desgracia.

“ Y c𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒆𝒓𝒂 𝒍𝒂́𝒈𝒓𝒊𝒎𝒂 𝒅𝒆 la 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒆𝒔𝒂 𝒄𝒂𝒊𝒈𝒂,
𝒆𝒍 𝒓𝒆𝒊𝒏𝒐 𝒄𝒂𝒆𝒓𝒂́ 𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒔𝒈𝒓𝒂𝒄𝒊a.
Y tan solo quedaran cenizas de lo que fue. ”



Gyvanna

Editado: 05.01.2021

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