Testigo De Un Criminal

Cap. 12 Con aroma a muerte

Algo cambio en Volker, o más bien salió, porque siempre estuvo dentro de él desde que su madre se fue dejando a su hijo, o desde que su padre se trasformó en el monstruo que solo Volker puede recordar.

Dante nunca lo vio solo como un compañero de cuarto, sino como a un ser al que debía obedecer ciegamente. Un hombre que le enseñaría cómo de una simple luz aparecía un arcoíris y así solo serían ellos dos contra el mundo, ese mismo mundo que tanto les había hecho daño.

En menos de un mes los dos terminaron un pequeño cuartillo de madera y piedras, en el cual Volker volvería su sueño una realidad. Puso a Dante a levantar una pequeña choza alejada de cualquier oído humano, aparte de los suyos. Y todo dio comienzo a la caza de muñecas, perderlas en el bosque y que tiempo después las encontraran. Era una muy clara referencia a los huevos de chocolate que se esconden en pascua, pero con la policía siendo los niños y las mujeres el premio.

—La quiero a ella— volvió a repetirse sin dejar atrás el capricho. Así que en la nublada tarde del jueves, después de la última clase, ocuparía a Terry´s para cazar su premio.

Era imposible que Merry caminara en las mismas calles todos los días, o simplemente no existiría un encuentro de suerte, pero lo que sí sucedió fue una semana después. Como siempre una mujer tiene un día favorito para hacer las compras, los de Merry eran los domingos, ese maldito domingo donde Volker volvió a colocar sus ojos sobre ella, pero esta vez a una distancia prudente, donde nadie sospecharía y Merry no pudiera verlo. La cazaba, la acechaba como un lobo entre las hojas, listo para caer sobre ella. Sin embargo no sería así hasta que Elaine enfermera.

Merry Crosport, una mujer, los cabellos castaños y las ropas nada formales; uso de jeans de mezclilla y el suéter entallado, caminaba presurosa. Había salido a comprar medicamentos a una de las farmacias viejas de la zona. Regresaba empapada después de la fuerte lluvia que escurría en cada centímetro de su cuerpo.

¿Qué eran?, ya solo se podían contar los pasos para llegar. Estaba por doblar a la esquina de la cual era su casa cuando de repente los ojos de Volker la volvieron a mirar.

Dante lo esperaba. Tomaba el mando del volante de una vagoneta vieja, comprada en un deshuesadero por un precio casi regalado.

Kennedy caminó detrás de ella, hundiendo la cara en la capucha de la sudadera y solo manteniendo los ojos al asecho, entonces actuó; enroscó uno de sus brazos en la cintura de la mujer por detrás y con la otra mano libre intentó reprenderle la boca para que no gritara.

—¡AYÚDENME!— gritos que se perdían en la noche oscura —¡Suéltame por favor, no me lastimes!— por fin la silenció al recibir el golpe con un tubo de fierro.

Esos gritos profundos, bizarros y de los que provocan taparse los oídos para no seguir escuchándolos y sentirse con el cuerpo asqueado.

La arrojó en la parte trasera.

—Vamos a la alameda— le indicó finalmente a Dante.

Merry Crosport, la primera víctima oficial de Volker Kennedy, y aunque no la matara en primer número, la policía la catalogó como la primera porque fue su impulso al secuestro y asesinato femenino.

***

Frente al ventanal de vidrio, por donde trazaban hileras las gotas de lluvia bajadas del techado, Rodrigo Collins recargaba la cabeza angustiado por la tardanza de su mujer. Era un bucle sin final. Miraba la calle, al reloj y a su pequeña hija recostada en el sofá con más de setenta grados de temperatura.

Su esposa no era así, sabiendo que la salud de la pequeña empeoraba no podría tardar más de la cuenta, además, la tormenta de allá afuera no era para nada agradable.

—No se lequita— se quejó Merry viendo como el mercurio dentro del termómetro aumentaba con cada segundo puesto en la boca de Elaine.

—Tenemos que llevarla a un médico— repuso Rodrigo en acto desesperado de calmar la tensión.

—Con esta tormenta y sacarla fuera de la casa, se va a poner peor— se levantó del lado de la cama y comenzó a encimarse el abrigo —quédate con ella, yo iré pronto a la farmacia por algún medicamento.

—De ninguna manera, tú quédate con ella y yo saldré, no puedo dejarte sola con estos truenos.

—Rodrigo— lo miró con firmeza—, la farmacia no queda lejos. Tú no vas a saber explicarte con el doctor. Te recuerdo que las madres tenemos ese sexto sentido. Elaine y yo somos una sola, yo siento lo que le sucede a ella, además, quédate tranquilo que me llevaré el coche.

Asintió dejando un rápido beso en la frente de su esposa, sin saber que este sería el último.

Lo único que Rodrigo no supo, hasta la mañana siguiente, fue que Merry jamás tomó el coche por una falla en el arranque. Prefirió caminar en las oscuras calles, decisión que la dejó en manos de uno de los peores asesinos seriales que verían los ojos de Luisana.

Con aquellos tormentosos recuerdos frescos en su cabeza, el agente retirado Collins decidió hacer un llamado de emergencia. En ironía le dijeron lo que él mismo había dicho cuando le tocaba coger el teléfono a padres con hijos desaparecidos.



ADAMAS

Editado: 07.01.2020

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