Cuando uno repite lo mismo una y otra vez puede volverse agotador, al punto de que buscarás tu felicidad, cueste lo que cueste.
Al ver que ya no existían historias nuevas y su trabajo cada vez era menos, comenzó a perder sus poderes y, con eso, su existencia. Al ser esa su única opción de NO desaparecer, alargaba los cuentos; las historias demoraban en llegar a su final solo por él.
O pregúntate ¿por qué el príncipe se habrá demorado tanto en encontrar a Cenicienta?, ¿por qué un villano vivió tantos años en venganza y odio por solamente una persona? Todo por él.
Creo que puedes estar pensando de quién hablo, ¿no? El autor de los cuentos de hadas, nacido de la luz, la esperanza y la concentración del bien, o así era.
Su única esperanza de vida iba en contra de las leyes impuestas a su creación misma. Su idea era juntar a los villanos más temidos y antiguos de los cuentos de Hadas, quisieran o no, para crear un hechizo con ayuda de ellos. Su magia, capaz de cambiar el destino con tal de ayudar al bien, caería en manos del mal.
Hace mucho tiempo él supo de otros mundos de los cuales podría sacar nuevas historias, pero en vez de eso buscó un mundo sin magia al cual podría llevar su plan, su propia historia, sin pensar en los finales felices de los demás.
Para hacer ese hechizo capaz necesitaba todo pensamiento maligno posible de existir, los recuerdos de odio y traición.
El lugar más oscuro y muerto del Bosque Encantado estaba en total silencio, como si todo el bosque esperara su destino. El Autor llegó cuando el cielo aún no había decidido si brillar o apagarse. En sus manos llevaba solo una cosa: la Pluma del Autor. No esperó ni un segundo en chasquear sus dedos. Un círculo se comenzó a marcar en el suelo alrededor de él; aparecieron siete lugares alrededor del círculo y un orificio resquebrajado apareció delante de sus pies. Encerraba un aura maligna.
De esas siete marcas alrededor del círculo se abrieron portales, llamando a los villanos de cada uno de sus reinos.
El primer villano en llegar fue la Bruja Mala de Oz. Con un ladrillo del Camino Dorado de Oz, el deseo de "llegar a ser alguien", aunque no importe el precio, lo dejó caer en el orificio del círculo. El suelo tembló sin hacer nada más.
—Todos quieren algo —dijo el Autor en voz baja—, incluso cuando saben que no deberían.
El segundo villano fue Maléfica. De sus manos tiró al orificio la Espina del Sueño: una espina negra y curva, la cual provocó el sueño eterno de la Bella Durmiente. Nunca se oxida. Nunca se rompe.
—El miedo no necesita órdenes —continuó—.
Solo necesita permiso.
El tercer villano fue la Reina de Corazones del País de las Maravillas. Tiró al orificio una carta blanca, sin número ni símbolo. Flotó en el aire antes de caer. Durante un instante, el mundo olvidó cómo funcionar.
—Cuando nada tiene sentido —susurró—,
todo es posible.
El cuarto villano fue Úrsula. Entre sus manos tenía un relicario de concha de mar; dentro tenía la voz de una princesa con el corazón destrozado. Lo tiró junto con los otros objetos al orificio. El mar, a lo lejos, rugió como si una tormenta se acercara.
—Dar algo que no se eligió perder —dijo el Autor—
es el precio más antiguo.
El quinto villano en llegar fue el Capitán Garfio, de la Isla de Nunca Jamás.
De sus manos sacó un reloj roto, sin manecillas. No marcaba hora ni decisión. Lo tiró con furia al orificio junto con los otros objetos. Algo parecía cambiar; un temblor fuerte remeció cada uno de los reinos.
—Nada termina si el tiempo no avanza —dijo el Autor en voz baja, con una pequeña sonrisa.
El sexto villano fue Hades, rey del Inframundo. Con él llegaron llamas azules flamantes a su alrededor, y también, de entre sus manos, una llama en un relicario sucio y de hierro.
—Es el último aliento de alguien que murió sabiendo que no tendría un final feliz. Una muerte sin ninguna esperanza. Ni rabia ni tristeza, solo resignación. El mundo tiene que aceptar que algunas cosas no vuelven —dijo Hades.
Entonces, ella apareció, el último villano que faltaba.
Caminó hacia el orificio y hacia el Autor como alguien que solamente estaba ahí porque quería. En su mano llevaba un trozo de vidrio oscuro envuelto en tela, un vidrio que no refleja la luz: la absorbe. El Autor no se inmutó.
—No necesito oír tus condiciones o lamentos —dijo ella antes de que él hablara—.
Este mundo ya tomó su decisión hace mucho tiempo —dijo, para después reírse malévolamente mientras tiraba el cristal.
Los villanos de cuentos antiguos veían todo a su alrededor, esperando el momento crucial de su venganza. El Autor se colocó en el centro. Por primera vez dudó, porque sabía que si la oscuridad triunfa, todo debe obedecerla, pero aun sabiendo eso, levantó la pluma. La apoyó sobre el aire, con su punta al cielo, como si el mundo fuera una hoja en blanco a la cual debe dar final.
Y pronunció las palabras que nunca se deberían escuchar:
—Que el final... no elija al bien.
El silencio absoluto y un pitido quedaron alrededor. Los héroes, en lugares lejanos, sintieron algo peor: la ausencia de su esperanza. La esperanza no murió, fue arrancada de cada uno. La pluma se resquebrajó en la mano del Autor. La magia, en vez de brillar, se volvió oscura. Un líquido viscoso cayó al suelo y comenzó una niebla gigante, junto con un temblor que lo cambiaría todo. El hechizo funcionó.
El Autor había cumplido su deseo, pero el mundo ya no le pertenecía.
Y mientras los reinos comenzaban a separarse y el mundo sin magia comenzaba a mezclarse con el mundo de cuentos de hadas, el Autor lo entendió: salvó su historia, pero en consecuencia no solo había escrito un mundo sin finales, también los distorsionó y creó una realidad nueva, con nombres y recuerdos distorsionados para los héroes.