Tierra De Nieve Y Cenizas (libro 3)

Capítulo 35

Sam Morrison

En esta vida he sido muchas cosas.
He sido un mentiroso, un asesino, un amigo, un enemigo pero jamás pensé que llegaría a ser un hombre enamorado.
No hasta que la conocí a ella.

La chica del cabello color cobre y los ojos color plata.

Aquella chica que quise odiar tanto que terminé amando.

La que me demostró que la vida no es sólo de matices blancos y negros sino que también pueden haber colores vivos.

Abigail Williams, la chica que robó mi corazón y jamás lo devolvió.

Mi compañera, mi amiga, mi amante, mi futuro.

Y gracias a ella he dejado de ser muchas cosas que antes era, ella como que eliminó mis partes malas, iluminó mis sombras. Me hizo ser alguien nuevo.

Y la había olvidado, por un largo, largo tiempo y cuando al fin la recordé, ella no estaba ahí para besarme, para mirarme con amor. Estaba en coma porque se había sacrificado por mi. 
Yo no valía la pena en absoluto, no cuando su vida era el precio.
Así que cuando Mauro dijo que su hermana estaba en el búnker y que tenía a Abby, algo dentro de mi, algo que por mucho tiempo creí muerto, se removió y rompió.

Tenían a mi compañera y ella no podía defenderse.
Fui egoísta, lo sé.
Bien pude quedarme con Caín y luchar con ellos. Habría ayudado mucho.

Pero eran ellos o Abby.

Y aunque ella borró mucha maldad de mi, siempre quedará una pequeña parte de ella en mi ser. Una que se activará contra cualquiera que quiera hacerle daño.
Porque hierba mala nunca muere, sólo crece en otro lado.

Así que me fui, me teletransporté directamente al búnker y cuando aparecí dentro de este no sólo era Samuel Morrison.

Era Samuel Morrison, el cazador.

Aparecí de pie en el área de la tarima, lo primero que vi fueron los cuerpos.
Docenas de personas, entre ellas hombres y mujeres estaban congelados en sus lugares, pareciendo poco más que estatuas de hielo esculpidas.
Algunos yacían en el suelo, otros estaban de pie, apuntando sus armas en dirección a donde, me imagino, había estado Ravena antes de congelarlos.
Reconocí muy pocas caras pero sentí lástima por ellos, sin embargo no lo suficiente como para detenerme y tratar de ayudarlos en vez de ir por mi compañera.
Me teletransporté al pasillo que iba hacia la habitación de Abby, fue entonces cuando vi a sus padres en el suelo, yaciendo como estatuas tomadas de la mano.
Me pregunté si estarían vivos aún, sin duda Abby no lograría superar la muerte de ambos pero yo no podía hacer nada por ellos, salvo salvar a su hija.
Le rogué a Dios que les diera tiempo y luego me adentré en la habitación. La puerta había sido arrancada y había escarcha en el marco donde antes había estado esta.

Y entonces sentí como si algo fuera arrancado de mi, prácticamente corrí hacia su cuerpo.

Ravena había desconectado el respirador de Abby y su monitor cardiaco estaba enloqueciendo, ella se estaba ahogando y su cuerpo parecía sufrir pequeñas convulsiones. Podía sentir en mis pulmones la falta de aire, me estaba ahogando a un grado menor que el suyo pero podía sentirla, podía sentir su corazón palpitando cada vez más lento.
-¡Nooo!

Levanto el rifle justo cuando Ravena levanta la mirada y disparo una, dos veces.Ella logra tirarse al suelo a tiempo.

Me acerco a Abby con el corazón en la boca, sostengo el arma con una mano mientras busco cómo volver a colocarle el respirador.
Una risa me hace estremecer.

-Hola cazador, me preguntaba cuándo vendrías.

No logro colocarle el respirador, Isabel está a pocos metros de nosotros con una mano levantada y vapor frío saliendo de sus dedos.

Levanto el arma antes de que pueda lastimar a Abby.

Pero la bala choca contra un escudo de hielo.
Le disparo a su pierna y sucede lo mismo.

-Ahora sé por qué ella está te quiere, Dios, eres un bomboncito.- Ronronea en un tono enfermizo para mis oídos. Cuando vuelvo a apretar el gatillo, nada sucede.- Oh, ya me cansé de estos juegos.
El arma se vuelve fría en mis manos, la suelto a tiempo para verla congelarse en el suelo. Casi pierdo los dedos. Demonios.
La miro, luego a Abby.
Me lanzo hacia la máquina para volver a colocarle el respirador, puedo sentirla muriendo, no tolerará más tiempo así.
Logro llegar al tubo, lo muevo hacia su boca, colocándolo en su lugar y entonces una mano tira de mi brazo y cuando me doy cuenta estoy por chocar a la pared. Me teletransporto, teniendo en mi cabeza la imagen de la habitación desde otro ángulo y aparezco detrás de ella. Estampo mis botas contra su columna y caigo de rodillas mientras ella cae al suelo y golpea sus codos contra el concreto.
Me enderezo sacando un par de dagas de mi traje de cazador. Juego con ellas en mis manos antes de ir por ella.

Se pone de pie, desaparezco y aparezco a su costado, ella esquiva las hojas que iban directo a su cuello y me lanza una ráfaga helada que me hace rodar por el suelo. La pared al fondo se llena de escarcha y esta se expande poco a poco por toda el área.

-¿De verdad crees que puedes contra mi? ¿Siendo yo una de los primeros Orígenes?- Se hecha a reír mientras desaparezco y aparezco frente a ella, barro sus pies con un movimiento rápido y ella cae de espaldas, cuando intento ir por ella mis pies se quedan en su lugar, mirando hacia abajo me doy cuenta de que hay hielo que me clava al suelo.

Siento el hielo mordiendo mi piel, me estremezco por el dolor y gruño por enojo.
Lanzo mi brazo hacia atrás y le lanzo la daga y como esperaba ella vuelve a utilizar el escudo a su favor así que aprovecho para a los segundos lanzar la otra daga en mi mano. Fui demasiado rápido para ella y la hoja se clava en su pecho, gracias a lo que su hermano me hizo también soy capaz de levantar mi pie con fuerza y romper el hielo.



Abby Conrad

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En el texto hay: sangre, cambios, final

Editado: 09.06.2020

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