Tres Deseos, Un Ex y Un Amor

Capítulo 1.1 — Lunes

A las 8:47 de un lunes de junio descubrí que una extraña estaba tirada en el medio de mi mesa, comiéndose mis bizcochitos de grasa y mirando TikTok sin auriculares. El audio salía del parlante del celular a todo volumen: un pibe explicaba cómo hacer un huevo poché en el microondas.

—¿Vos sos? —pregunté.

—Hada Madrina —dijo, sin levantar la vista y aclaró—: Becaria.

—¿Hada de qué?

—De deseos. ¿No es obvio? No me pagan todavía, pero tengo obra social.

Me quedé parada en el medio de la cocina con el pelo hecho un nido, evaluando opciones.

Opción A: estaba soñando.

Opción B: tenía una extraña en mi casa y debía correr para agarrar el gas pimienta.

Opción C: me estaba volviendo loca, y la locura, para mi sorpresa, venía con uniforme de oficina y una chica de veinte centímetros de alto, con alitas que asomaban por los agujeros de un blazer negro enorme.

—Tengo tres deseos para darte —dijo, y por fin me miró—. El caso empieza ahora y vence el 31 de julio, así que técnicamente tenés tres deseos hasta entonces. Después, se terminó.

Belgrano, mi gato, entró a la cocina, la miró y siguió de largo.

—¿Cómo entraste? —pregunté.

—Por la puerta.

Barrí con la mirada a la cumplidora de deseos. Tenía que estar en la editorial a las diez y todavía no me había bañado, y sin embargo ahí estaba, discutiendo con esa criatura sobrenatural que tenía el pelo teñido de un violeta para nada discreto.

—A ver —dije, con mi mejor tono de buena persona—. Repasemos. Vos decís que sos un hada madrina.

—Becaria.

—Hada madrina becaria.

—Eso.

—¿Y que me tenés que dar tres deseos?

—Sí.

—¿Y por qué yo?

Ella apoyó el celular en la mesa y cruzó las piernas como si estuviera en una oficina.

—Porque te tocó.

—¿Me tocó?

—Es una asignación. —Se encogió de hombros—. El sistema agarra un caso, mira el expediente, evalúa la viabilidad y deriva. Vos tenías buen puntaje de necesidad y bajo riesgo de abuso. Sos lo que en la jerga llamamos "una oportunidad".

—¿Y en criollo?

—Que estás hecha mierda, pero no sos mala persona.

Me reí. No quería reírme. Me salió igual. Qué cosita más atrevida.

—Mirá. No me interesa lo que me decís. Me tengo que ir a trabajar. Si querés te pago un café, pero te vas —moví la mano, pero ella no me hizo caso.

—No me puedo ir.

—¿Por qué?

—Eso es abandono de caso.

—Y a mí qué me importa. Andate.

—No me podés echar así nomás. Hay protocolo.

—¿Sabés qué? No me interesa el protocolo. Me interesa bañarme, tomar un café y llegar a la editorial antes de que Beatriz Ferro me mire con esa cara de "te voy a hacer corregir un manual de contabilidad durante seis meses". Así que chau. Andá. Volvé cuando tenga ganas de creerte.

La "Hada Madrina" se quedó un segundo con la boca abierta, después se paró, se acomodó el blazer, y por un segundo pensé que iba a tener que agarrar el matamoscas y empezar una pelea.

—Queda registrado —dijo, con voz de telefonista, sacó una tablet de dentro del blazer y pasó el dedo—. El rechazo inicial está en el sistema.

—Perfecto.

—No estaría tan segura.

—Es perfecto para mí.

Me miró con una mezcla de tristeza y rencor, alzó la mano y, antes de que pudiera decir nada más, se desvaneció en una nube de brillantina. Solo quedó un rastro de polvillo de color violeta, y un bizcochito de grasa mordido a medias en la mesa.

Belgrano saltó, maulló y se lo quiso comer.

—¡Vos, dejá eso!

⋆。°✩✩°。⋆

Llegué a Editorial Aldana a las 10:12. Doce minutos tarde. No fue culpa mía: el subte B se paró entre Carlos Gardel y Pueyrredón, y un señor con un bastón y una bolsa de supermercado se puso a discutir con el guardia sobre no sé qué cosa, y yo me quedé escuchando como una idiota porque anoche Belgrano me desconectó el cargador, no tenía batería en el celular y no podía hacer nada más que existir.

Lo peor no fue llegar tarde. Lo peor fue cruzarme a Beatriz Ferro en el pasillo, llegando tarde.

—Violeta —dijo, sin mirarme—. Llegaste tarde.

—Valentina —corregí, por costumbre.

—Lo que sea. Necesito que corrijas el manuscrito de Ledesma para el viernes.

—¿El de 480 páginas?

—Ese.

—Beatriz, es lunes.

—Por eso, tenés tiempo.

Y se fue, con ese andar de mujer que nunca en su vida se equivocó, aunque yo sabía perfectamente que había llamado "Violeta" a tres asistentes distintas en los últimos dos años, y que ninguna de las tres había durado más de ocho meses.




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