Tú, mi destrucción ©

Capítulo 17

Ignoraba la hora y el tiempo que llevaba sentado a la orilla del río.

Sus palabras seguían repitiéndose en mi cabeza una y otra vez y mi cerebro se negaba rotundamente a procesarlas y entenderlas. No comprendía cómo, en qué momento sucedió esto. Qué hice para que ella pudiera sentir amor hacia mí.
Me hallaba en un dilema. Ninguna chica jamás me dijo que me amaba, sí, hubo tantas que dejaron entrever su deseo por mí.

Pero ¿amor?. No, eso no.

No lograba entender del todo por qué me sentía de este modo, tenía una sensación de vacío acariciándome el pecho y la necesidad de verla crecía estrepitosamente dentro de mí; sin embargo, así de fuerte era el sentimiento que me ordenaba mantenerme alejado de ella. Alaina Jade no era mi mujer, entonces, ¿por qué me importaba tanto el amor que me tenía?. Todo era tan confuso. Odiaba estar en una situación como esta.

Ojalá Alaina hubiese mantenido su boca cerrada.

Ésta fue una buena forma para mantenerla dentro de mi cabeza a cada momento. Por un tiempo olvidé por completo a Stacy y lo que despertó en mí, ¿por qué Alaina tenía ese poder?. Carajo. Ella no era nadie, absolutamente nadie.

Deslicé mis dedos entre mi cabello una y otra vez en señal de desesperación. Mi mente traicionera me recordó que dormí con ella, que al despertar lo hice entre sus brazos y que se sintió bien, que por una fracción de segundo no necesité nada más que sus delgados brazos envolviendo mi cuerpo.

—Estoy jodido —dije en voz alta.

Debía tomar una decisión acerca de ella: Asesinarla o dejarla ir. Pero no podía tenerla cerca, me provocaba tantas emociones que me confundía, me volvía inestable y a mis pensamientos un caos.
El que me amara sólo complicó las cosas. Una mujer enamorada era peligrosa y no necesitaba nada de esa mierda.

Si necesitaba una mujer no era para enamorarme y formar una familia feliz, esas estupideces eran de Aidén, no mías. Si la quería conmigo era para estar completo; lo tomé como un reto y ese era más mi incentivo.

Encontrarla sí o sí.

—Sabía que te encontraría aquí —dijo su voz a mi espalda. No me volví.

—En eso quedamos, ¿no? —Inquirí. La oí reír y en segundos se encontró sentada a mi lado.

Su cabello pelirrojo iba suelto y le caía en ondas por la espalda; el viento lo movía de un lado a otro y con ello desprendía un aroma que me resultó embriagador. Agradecí su presencia aquí, así podría dejar de pensar en Alaina unos momentos.

—Lo sé —aceptó.

—¿Por qué has venido? —Pregunté. Ella cogió un poco de hierba entre sus dedos y se encogió de hombros.

—Quería verte. Me intrigaste demasiado. —Declaró. Me acomodé mejor para observarla. A la luz de la luna era más bonita.

Stacy parecía una muñeca de facciones dulces y delicadas; las pecas en su nariz me resultaron tiernas. Ella era todo lo contrario a Alaina quien tenía algo bestial en su mirada, sus facciones eran más duras, severas, pero a la vez delicadas. Demandaba atención y desprendía sensualidad.

Negué con la cabeza apartando su maldito recuerdo. ¿Por qué demonios estaba comparándolas?

—Intriga, ¿eh? —Mascullé. Ella sonrió un poco.

—La forma en que me miraste, Lane. Me hiciste sentir algo, algo que no había sentido con nadie. Como si fueses…

—Tu lobo —terminé de decir por ella.

Alzó la cara y la sonrisa había desaparecido de sus labios. Sus ojos brillaban de emoción, una emoción totalmente conocida para mí.
Esa emoción logré sentirla momentos antes de asesinar a las chicas que creí eran lo que yo estaba buscando.
No obstante, esta vez me resultó más intensa, me quemaba desde dentro. Tuve la necesidad de tocarla, de besarla, de apretarla contra mí y no dejarla ir.

Ella me daba paz. Lo que ninguna otra logró sólo…

—Sí —me interrumpió—. No hace mucho que soy esto, apenas y lidio con ello. Sé que debo encontrar a alguien y hasta ahora no sentí nada con ningún chico, sólo contigo. ¿Acaso eres tú?, ¿acaso soy yo para ti?. Ayúdame a entender esto.

Guardé silencio. Aprecié la desesperación en su voz. Ella estaba muy confundida y la comprendía. Estiré el brazo y le toqué la mejilla; ella cerró los ojos, cubrió mi mano con la suya y suspiró profundamente.

—¿Sabes lo que significaría que fueses mía? ¿Sabes quién soy y todo lo que he hecho?

—Tu pasado no me importa, Lane. Sólo me importa esto que siento hacia ti —susurró—. Es tan extraño, los humanos necesitan semanas, meses para sentir y yo...

—En nosotros es distinto —susurré deteniéndola—. No te guíes por ellos, no somos iguales. Los sentimientos son más intensos.

—Pero apenas y te conozco —refutó.

Aparté la mano. Sus palabras me confundían mucho más de lo que ya estaba.

¿Por qué Alaina me amaba incluso cuando no le di motivos para enamorarse de mí?, eso sólo sucedía con las almas que estaban destinadas a estar juntas.
Sin embargo, tenía un ejemplo, un claro ejemplo de que se podía ser feliz sin esa mitad. Mi padre logró enamorarse de mi madre pese a que, ella no era su mujer. Ambos encajaron a la perfección, incluso mejor de lo que pudo haberlo hecho con esa joven que murió.

Entonces ¿conmigo también sería así?, ¿podía ser feliz con Alaina incluso al no ser ella mi mujer?.

Sólo había un gran detalle.

Yo no la amaba. No sentía nada que no fuese atracción por ella. Ahí radicaba la diferencia.

—Lo sé —dije después de unos minutos—. Contigo me siento diferente, Stacy.

—¿En qué sentido? —Preguntó en un susurro.

—En que siento que eres tú, tú lo que he estado buscando —susurré. La vi estremecerse y no a causa del frío.

Sólo deseaba no equivocarme. Que esto que sentía no desapareciera el día de mañana como solía suceder con todas.

—¿Y eso qué significa? —Cuestionó en voz baja.

—Que no te dejaré ir.

 



Elena López

Editado: 29.10.2018

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