Tú mi nube de azúcar

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Me levante muy temprano para hacer el logo de mi negocio, es una suerte que haya tomado cursos de diseño gráfico, me he tardado un poco pero por fin lo tengo, hice una cuenta en Instagram y una página en Facebook para empezar.


Tome los vestidos que he ya tengo hechos y los coloque en la cama, le tome varias fotos y después les cambie el fondo para que sean las primeras publicaciones.
Después de guardad los vestidos, tome de mi cajón ropa interior, y de mi closet una blusa rosa manga tres cuartos junto con un jumper de mezclilla, lo deje todo sobre la cama y entre al baño para asearme.
Quince minutos mas tarde ya estaba bañada, aplique crema en mis piernas y brazos, me vestí, me calce con un par de tenis blancos.

Tomo una de mis bolsas, en ella guardo mis llaves, mi cartera, mi teléfono y el cargador y mis audífonos, tomo mi bicicleta y salgo de mi casa.
Me coloco el casco y empiezo a pedalear calle abajo, rumbo a la casa que me dejaron mis padres, también me dejaron un poco de dinero pero no lo he tocado.


Solo tardo en llegar a una casa pintada de un morado claro, con algunas flores sembradas en el pequeño jardín que está al frente. Me bajo de la bicicleta, le quito el candado a la reja y entro cerrándola, dejo mi medio de transporte apoyado al pie de la escalera. Abro la puerta y entro a mi casa.
Abro las cortinas y las ventanas, me quito los tenis y dejo mi bolso junto con mis llaves en el comedor, todo está a como lo dejaron. Comienzo a limpiar mientras escucho musica con mis auriculares, los baños, los cuartos, la cocina en fin, todo lo que una casa conlleva.

Riego las plantas y cuando termino tomo un poco de agua simple, que es todo lo que hay aquí, mi alarma suena cinco minutos después, debo ir a la cafetería, entro de nuevo a la casa, cierro ventanas y corro las cortinas, tomo mi bolso guardo mi teléfono y audífonos, tomo mis llaves y cierro la puerta.
Bajo las escaleras, avanzo con mi bicicleta y cierro la reja al salir y el candado. Avanzo por las calles hasta llegar a mi trabajo, dejo mi trasporte en el árbol de siempre.

 

 

 

—Buenas tardes — digo en general a los clientes que se encuentras en el interior.

 

 

Camino hasta quedar detrás del mostrador, dejo mi bolsa bajo la barra al igual que mi casco, mi teléfono lo pongo en el bolsillo de mi jumper, recojo mi cabello en una trenza de lado.
Acomodo los muffin, galletas y otras cosas más en el los tazones sobre el mostrador, pongo un poco de musica tranquila, limpio las mesas vacías.
Atiendo a varios clientes y algunos de ellos me dejan propinas, a las siete de la tarde, Henry, entra en la cafetería y se sienta en una mesa.

 

 

 

—Aurora — me giro para ir hacia mi jefa.

 

 

—Dime — ella observa a, Henry, después vuelve a mirarme y me siento un poco a penada — a puedes irte — quiero decir algo pero no me lo permite.

 

 

—Gracias — nos despedimos con un beso.

 

Me quito el mandil y lo cuelgo en la cocina, tomo mi bolso y mi casco, al verme salir él se levanta.

 

 

—Hola — nos saludamos con un beso en la mejilla y me da una rosa amarilla.

 

 

—Gracias — digo al tomarla — esta preciosa — lo observo con una sonrisa en mis labios.

 

 

 

—Ninguna flor puede opacar tu belleza — los bellos de mis brazos se me erizan como si fuera un gato, muerdo mi labio inferior.

 

 

 

—Los pequeños detalles enamoran más — digo mirándolo a los ojos — ¿Cómo estuvo tu día?

 

 

Pregunto, el tomo mi bicicleta y comenzamos a caminar.

 

 

—Estuvo tranquilo — comenta — y tu ¿Qué hiciste hoy?

 

 

 

—Hoy fui a la casa que me dejaron mis padres, estuve limpiando toda la mañana y después vine al trabajo — digo tranquilamente — cuéntame de ti — lo miro un momento para después mirar al frente.



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

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