Tú mi nube de azúcar

8

Levanto la mirada, Henry, me mira con sus manos en los bolsillos de su pantalón, todo esto es demasiado, la cabeza me va explotar con tantas cosas. Pongo una de mis manos en la frente y siento como el piso se mueve.

 

—¿Has comido algo? — Henry, me sostiene y me lleva hasta una silla.

 

 

—No he comido desde anoche — contesto para no ser descortés — Supongo que usted es su mamá — digo sin abrir los ojos mientras tengo mi cabeza apoyada en la pared.

 

 

—Sí, mi hijo me ha hablado mucho de ti — la mujer toma mi mano, abro los ojos y entones ya le presto toda mi atención.

 

 

Castaña, de ojos color miel, alta sin exagerar, es muy elegante y no lo digo solo por su ropa se ve que es de marca, su porte y sus gestos son diferentes, su piel es morena clara. Muy guapa y supongo que el padre de su hijo debió o debe ser guapo porque le salió una linda bendición.

 

 

—Perdone por no presentarme antes — limpio mis lágrimas y me levanto — Aurora Garcés — le tiendo mi mano.

 

 

—Elizabeth Montejo — pero en vez de darme la mano, me abraza y frota mi espalda, me mira a los ojos por unos minutos, me sonríe como familiaridad.

 

 

—Señora tiene un hijo maravilloso — observo al joven que está a mi lado, una leve sonrisa aparece en mis labios — gracias por esta aquí.

 

 

—Dime Liza, el soñara me hace sentir vieja — me sonríe y de inmediato me cae bien su madre — Él es nuestro abogado — el hombre que estaba a su lado se acerca y me tiende la mano.

 

 

—Carlos Alférez — le correspondo el saludo de manos, el hombre es alto, moreno, cabello oscuro, ojos grisáceos, guapo y sobre todo joven al igual que la madre de, Henry.

 

 

—Si aceptas el hará los tramites que se necesitan — la señora, Elizabeth, y su hijo me toman de la misma mano.

 

 

—Eh, está bien — asiento con la cabeza — ¿Qué documentos necesita? — Me dirijo al abogado.

 

 

Después de decirme los documentos que necesita para hacer los trámites, de hablar con la enfermera para hacerle saber que mi abuela será incinerada, voy a mi casa acompañada por el abogado y, Henry, no tardamos mucho pues me han traído en coche.
El trayecto pasa en silencio, quince minutos después llegamos a mi casa, bajo del auto y me apresuro para abrir la puerta de mi casa, los hago pasar.

 

 

—Esperen aquí por favor, ahora vuelvo — asienten con la cabeza, dejo mi bolso en el comedor y entro en la habitación que era de mi abuela.

 

 

***

 

Su casa es algo grande, con muebles que deben de tener años aquí, pues lo único que se ve nuevo es la pintura, por lo demás todo es vintage. Camino por la sala observando algunos cuadros que hay en las paredes, ella con sus padres en su infancia, fotos celebrando su cumpleaños, en fin momentos con su familia. Observo los papales que hay en su comedor y tomo uno de ellos, son dibujos, bocetos de vestidos y son muy buenos a decir verdad, le tomo fotos a alguno de ellos.

 

 

—Aquí están los documentos — dice mientras camina por un pasillo, dejo las hojas y me alejo un poco de la mesa.

 

 

Observo a mí alrededor una vez más y me llama la atención una rueda de madera, me acerco hasta ella y la observo detenidamente. Aurora, es una mujer muy creativa y sé muy bien que todo lo que se proponga lo logrará.

 

 

—Muchas gracias por hacer esto — tiene su rostro pálido, ojos inflamados por las lágrimas.

 



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar