Un desastre elegido

Final

Me miré al espejo por enésima vez y respiré hondo.
El traje era el mismo que había elegido hace casi dos años, cuando todavía pensaba que una boda grande era algo lejano y un poco aterrador, con un corte limpio, con detalles sutiles en plata que combinaban perfectamente con el collar de rama de pino que colgaba en mi cuello.
El cual Itsuki, me había dado aquel día en el registro civil hace casi tres años que todo esto comenzó.

Itsuki estaba detrás de mí, terminando de peinar mi cabello rubio con dedos suaves y precisos, cada pasada del peine era tranquila, como si quisiera calmarme a través del tacto.
—Te ves hermoso, Sora —murmuró, sonriendo a través del espejo—. Igualito a como yo me veía el día que me casé con tu padre.
Sonreí nervioso y mis ojos bajaron automáticamente a la marca que adornaba el lado izquierdo de mi cuello, la mordida de enlace todavía estaba un poco rosada, aunque ya había cicatrizado bien.

Había sido hace solo unas semanas, durante mi último celo, Rinto y yo finalmente habíamos decidido que era el momento, no hubo drama tampoco hubo dudas, solo nosotros dos, en nuestra cama, cuando todo se sintió correcto.
Ahora esa marca era parte de mí y cada vez que la veía, mi estómago se llenaba de mariposas.
La puerta de la habitación se abrió con suavidad, Rikuya, mi padre, entró y se quedó parado en el umbral. Me miró de arriba abajo como si fuera una reliquia antigua, algo frágil y valioso que no podía creer que estuviera frente a él.
Sus ojos se humedecieron casi al instante y ver a mi papá alfa a punto de llorar era tan raro que casi me hizo reír.
—Papá… todo está bien —dije rápidamente, girándome hacia él—. De verdad, no llores.

Rikuya soltó una risa ahogada y se acercó, me tomó de los hombros con cuidado, como si tuviera miedo de arrugar el traje.
—Estoy orgulloso de ti, hijo —dijo con la voz ronca—. Muy orgulloso, te graduaste hace poco, estás a punto de empezar como vicepresidente en la empresa… y ahora esto. Te vas a casar de verdad, no puedo creer que ya estés aquí.
Me abrazó fuerte, pero con esa contención típica de él. Sentí cómo tragaba saliva contra mi hombro.
—No podía esperar a verte así —continuó—. Y en una semana empiezas en la empresa, vamos a trabajar juntos, Sora, como familia.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió otra vez y Kai asomó la cabeza.
—Es hora —anunció mi hermano mayor con una sonrisa grande—. Todos están listos abajo y Rinto ya está esperando en el altar… se ve nervioso, por cierto.
Itsuki terminó de acomodar un último mechón de mi cabello y me dio un beso en la mejilla.
—Vamos, mi vida. Es tu momento.
Bajamos las escaleras juntos.

Mi corazón latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.

Cuando llegamos al patio trasero de la casa de mis padres, los violines empezaron a sonar, una melodía suave, romántica, que hizo que se me erizara la piel.
Rikuya tomó mi mano con firmeza y empezamos a caminar por el pasillo improvisado entre las sillas blancas.
Allí estaban todos los que realmente importaban, vi a mis dos amigos de la antigua oficina de Minatos, los había invitado al final porque, aunque ya no trabajaba con ellos, los extrañaba, me saludaron con sonrisas enormes y pulgares arriba.
Nao estaba un poco más atrás, fingiendo que se limpiaba lágrimas dramáticas con un pañuelo mientras murmuraba algo que seguramente era una burla disimulada.
Más allá estaba Theo y su familia completa.
Ayla y Kai estaban sentados junto a papá el cual lloraba abiertamente y sin vergüenza, con las mejillas llenas de lágrimas felices.
Ren sonreía con esa expresión orgullosa de alfa, sosteniendo la mano de Leo y Leo… sostenía en brazos a su pequeño hijo de apenas unos meses, era increíble que nos hubieran ganado en eso pero ahora que yo ya había terminado la escuela, nada me impedía empezar a pensar en tener hijos con Rinto, con mi esposo.
Lo único que me ponía un poco triste era el lado de Rinto.
Allí solo había trabajadores de la empresa y sus familias, todos eran buenas personas, los conocía a casi todas por nombre. Habían sido muy amables conmigo desde el principio pero no había sangre, no había familiares de verdad.
Excepto una silla vacía… con una foto grande y hermosa de su madre.
Rinto había insistido en ponerla allí. “Es la única que quiero que esté presente”, me había dicho cuando lo planeamos y verla ahí, con flores blancas alrededor del marco, me hizo sentir un nudo en la garganta, sabía cuánto significaba para él.
Mis ojos buscaron a Rinto al final del pasillo.
Estaba de pie bajo el arco de flores, con un traje negro impecable que le quedaba perfecto, cuando me vio aparecer, su expresión cambió por completo, esa mirada tranquila y seria se suavizó hasta volverse algo tan lleno de amor que casi me tropiezo.

Rikuya apretó mi mano una última vez antes de entregármela.
—Cuídalo —le dijo a Rinto con voz firme, aunque los ojos todavía brillaban.

—Siempre —respondió Rinto, sin dudar ni un segundo.

Tomé su mano y sentí cómo todo el nerviosismo se calmaba de golpe. Su aroma me envolvió, cálido y familiar, mezclándose con el mío como si ya fueran uno solo.
—Estás precioso —susurró solo para mí, los ojos fijos en la marca de mi cuello.
—Tú también —respondí bajito, sonriendo como idiota—. Aunque sigo pensando que deberías haberte puesto la corbata que combinaba con mis uñas.

Rinto soltó una risa suave y apretó mi mano.

—Hoy no necesitamos corbatas que combinen, solo te necesito a ti.
El oficiante empezó a hablar, pero yo apenas lo escuchaba, solo podía mirar a Rinto, a mi esposo, al hombre con el que ya estaba enlazado, con el que me estaba casando, con el que quería formar una familia y mientras los violines seguían sonando y nuestros amigos y familia nos rodeaban, solo podía pensar una cosa:
Hoy, frente a todos, iba a prometerle otra vez,esta vez delante del mundo, que quería pasar el resto de mi vida a su lado y no había nada que me hiciera más feliz.
Llegó el momento de los votos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.