Un deseo

3

Al abrir los ojos, veo a mis padres y a mi médico, tengo puesta una mascarilla conectada al tanque de oxígeno. 


—Cariño ¿Cómo te sientes? — mi madre finge estabilidad pero sé que se está conteniendo como siempre lo hace cuando me pasa esto, ya no había tenido estos desmayos. 


—Mamá — mi voz es apena audible — estoy bien — mi madre acaricia mi cabello largo negro, lo herede de ella, pues el cabello de mi padre es castaño, pero tengo los ojos de él. 


Me siento cansada, sin fuerzas, mi madre se queda a mi lado y levanta el teléfono que está en la habitación ordena algo de comer. 


—Doctor — solo con hablar me canso — no quiero más tratamientos — inhaló el oxígeno que me da la mascarilla y me la quito de nuevo — no quiero que lastimen mi cuerpo con más agujas — me coloco la mascarilla y miro al doctor y mi madre sale de la habitación, de seguro ya n puede contener sus lágrimas. 


—Luz, no te esfuerces, tienes que descansar — mi padre me da un beso en la frente, mira al doctor y este se despide. 


Me quedo sola en la habitación, cierro los ojos, no puedo evitar llorar, quiero vivir, quiero hacer tantas cosas pero el tiempo no está a mi favor, me quedo todo el día en mi cuarto, mi teléfono suena varias veces, mi madre vuelve y me da de comer, pero cuando el celular vibra de nuevo lo toma y contesta. 


—Buenas tardes — saluda mi madre — Soy la madre de, Luz, ella esta indispuesta, en cuanto pueda hablará con usted, perdone que pregunte hasta ahora, pero ¿Quien llama? — mi madre me mira — Si, yo le doy su recado. 


Cuelga y sigue dándome de comer, cuando termino, deja el plato encima de la bandeja que está en el buró alado de mi cama. 


—¿Quién es, Alexei? — la curiosidad de mi madre es muy grande. 


—Es el profesor del que siempre he estado enamorada, se hospeda aquí, me lo encontré hace dos días en la piscina — la sorpresa de mi madre es evidente, no se esperaba esa confesión pero a estas alturas, para que ocultárselo más. 


—Ya veo, es con el que has estado paseando estos días y hablando en el restaurante — a mi madre no se le escapa ningún detalle. 

 


—Si mamá, es el, a él le gusta alguien así que seguiré igual. 


Mi madre me deja sola para que descanse. 


En la madrugada me levanto para darme un baño y ponerme la piyama, pero al salir del baño y con la toalla en mi cabeza, alguien toca mi puerta, miro el reloj que está en la pared, las tres de la mañana. Camino hasta la puerto y miro a través de la mirilla para saber quién es, sin pensarlo abro la puerta. 
Se le ve arreglado y con su maleta en una mano, se va, se va, ya no tendré al alguien con quien hablar. 


—No quería irme sin despedirme, tengo una emergencia, me ha gustado mucho el tiempo que hemos compartido — la sinceridad se refleja en sus ojos, pero también hay preocupación en ellos. 


—¿Qué pasa? Hay algo que no me estás diciendo, antes de irte quiero que hablemos, entra por favor — me hago a un lado y el entra en mi habitación. 


Sin contenerme lo abrazo, su maleta cae en el suelo y mi querido profesor se desahoga, además de mi padre no había visto a otro hombre llorar. 


El olor de su colonia se queda en mi memoria, cuando ya está más tranquilo, me cuenta lo que le pasa y ni más ni menos, su hijo tiene un tumor cancerígeno y ahora está en el hospital, sin pensármelo dos veces, saco mi maleta y pongo ropa en ella, entro en mi baño y me cambio, saco del cajón del buró mi teléfono y mi cargador, también una hoja blanca y escribo una nota para mis padres. 


—No tienes que hacer esto — está tan impresionado por mi reacción ante la situación. 


—Lo verdaderamente importante ahora es tu hijo, por favor aparte en auto llegaremos más rápido. 


Él toma mi maleta, apago las luces y cierro la puerta, salimos por la cocina pues no quiero que mis padres me impidan salir, ponemos las maletas en la parte trasera del auto y empiezo a conducir en cuanto tenemos el cinturón puesto. 


Paso toda la noche conduciendo hasta la ciudad donde está su hijo y su ex esposa. Pongo el aire acondicionado, y cargo mi teléfono mientras conduzco. 


Cuando llegamos el baja rápidamente del coche y entra en el hospital, yo detrás de él, no quiero que sepa que estoy enferma. Pide informes en la recepción del piso pero la voz de una mujer lo interrumpe, nos damos la vuelta yo veo a un mujer guapa y desconocida para mí y el ve a su ex esposa y madre de su hijo. 
El la abraza y le dice palabras tranquilizadoras, pero la mujer está hecha un desastre, se ve que lleva mucho tiempo llorando. 



Cecilia Ovando

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En el texto hay: llanto, amor, miedos

Editado: 16.07.2018

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