Un hombre lobo, por favor.

Capítulo 5

 

 

—Querido Ángel de la guardia te odio. Yo María José Valenzuela Cortes, renunció a tus servicios. ¿Por qué?:

A. Tenías que mantener alejado este espíritu de luz que soy yo, de ese espíritu de sexualidad infinita que carcome mis pensamientos que es él.

B. Mi cuerpo se debía mantener a mínimo y repito ¡mínimo! Un metro de distancia.

Y ¿Dónde estoy?... Pausa dramática. En sus malditas y torneadas piernas. Recapitulemos ¿Por qué estoy en esta situación?

 

—Majo, tienes que ir a ver con urgencia y recalco, con urgencia, al parque de diversiones que esta por abrirse, tienes que checar algunos pendientes y ver que todo esté en orden para su próxima apertura.

Miro a Lucí como si tuviera una segunda cabeza, me miró sonriendo como siempre, trato de procesar que es lo que me está diciendo y mi mente no puede.

—Lucí, ese proyecto no es mío — digo como si fuera lo más obvio del mundo, porque lo es. Ese proyecto jamás me gusto y quedé totalmente fuera de él. Era un proyecto del queridísimo hijo del jefe adorado, Ramsés, que se le hizo la cosa más fácil del mundo decirle a uno de sus amigos que la empresa de su papá se haría cargo de todo la logística y el marketing de su parque de diversiones.

—Pero aquí lo dice, en responsable de logística María José Valenzuela. O tenemos otra María José— dijo con tanta inocencia que a veces creo que no es de este planeta.

Tomo el papel y ahí está mi nombre, reviso quien firmó esa autorización. No pudo dejarme tranquila, no pudo irse en santa paz esa mujer hija del demonio. Mi antigua jefa sabía que odiaba esa idea y ahí está. Me mandó a los leones. Suspiro, había perdido y tenía que hacerme cargo de todo esto a menos de…

—¡UNA SEMANA!

Grito y toda la oficina se entera, que demonios, por lo menos debía haber estado en mi poder hace un mes, esto es una maldita broma.

—Fueron los últimos pendientes que paso nuestra ex jefa, en realidad lo dejo hoy mismo.

Maldita cara de sapo endemoniado, me tendió una trampa para que quedara mal, frente al nuevo jefe. Podía costarme mi trabajo.

—Me haré cargo de ello —. Me resigno.

—Bien, a las tres salen hacia allá, creo que ya te deben de estar esperando en el estacionamiento, irá todo el equipo.

Miró el reloj y eso es ya, pero relativamente ya, salgo corriendo tomando una libreta para tomar notas, porque soy de la vieja escuela, y la última Tablet se estrelló, pero esa es otra historia. Tomo mi bolso y corro por toda la oficina, al final no era el mejor día para traer falda. Al llegar noto la camioneta, grito para que sepan que voy con ellos, abro la puerta del copiloto de golpe y me subo, me trepo hábilmente, por lo menos es lo que yo creo. La situación se vuelve incomoda al notar que el lugar está ocupado. Y si, no es otro más que nuestro querido nuevo jefe.

—¡Perdón! No lo vi jefe, permítame, me cambio de lugar — exclamo como loca, asustada de semejante atrevimiento, los demás me ven divertida. Trato de abrir la puerta, pero el seguro está puesto. Eso se vuelve incómodo e inoportuno.

—No se preocupe señorita Valenzuela.

—Tendrán que compartir, aquí atrás no hay lugar — dijo uno de los empleados, Jorge, que se ríen de mi pequeña metida de pata.

Él me mira con una sonrisa divertida en su rostro sin decir nada más, será que me iré todo el camino en sus piernas.

— Que tonterías dices. No puedo incomodar al jefe de esta manera. Ahí en el medio de ustedes dos hay lugar.

Señalo, pero ello se junta más dando a entender que no pasara, miró a mi jefe a los ojos, sin saber que decir. Me retiro un poco pegando mi espalda a la ventana lo más que puedo.

—No es incómodo señorita Valenzuela.

Lo dice con calma y arrancan, pero para mí es el infierno, tomo mi bolsa entre mis brazos y rezo e imploro porque el tiempo pase rápido. Pero el camino es eterno, hay tráfico como en la mañana, debido a una manifestación. De reojo, por momentos lo miro intentando buscar una pequeña molestia, pero sus ojos no dicen nada, se ve tan tranquilo y en paz. Me relajo, al final no ganaré nada. Logramos salir a la autopista después de diez minutos que fueron eternos, un animal se cruza en el camino y el chófer frena de golpe, me voy de cara contra lo que tengo delante de mí, pero Alexter me abraza con toda su fuerza atrayéndome a su cuerpo. Encojo mis piernas y quedo completamente sobre él, recargada sobre su abdomen y pecho. Sus brazos tomándome con tanta seguridad, me ve con preocupación tratando de notar si me he lastimado.

Mi corazón comienza a latir de una manera extraña, me mira como si yo fuera importante para él, su mirada me recuerda a la mirada de amor que alguna vez mi novio me dedico, esa que ahora me doy cuenta, no veo más en sus ojos. No digo nada, ni siquiera puedo pensar con claridad, cuando llegamos al parque me bajo deprisa y camino rumbo a la entrada principal, me siento inquieta y un poco nostálgica.

A caso le importo a este hombre, lo miró hablar con algunos de los empleados desde lejos, ¿por qué me miró de esa manera? Pero lo más doloroso es darme cuenta de que Sebastián no me ama más. Ya lo había presentido, no soy tonta, pero es fácil huir de esas ideas y quedarte donde todo es igual, donde no tengo que empezar de nuevo. Pero ahora, la forma en la que él me miro solo me hace desear que lo haga de nuevo.



Carmessy Iglesias

Editado: 06.08.2020

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