Un hombre lobo, por favor.

Capítulo 8

 

—Te dije que no podías acercarte a ella, no fui clara Alexter —. Grita de un lado a otro. Puedo ver el coraje en su pose autoritaria que ha sabido sostener al paso de los años. Mi hermana Carmina, tan falta de sensibilidad. Pero es algo que nos caracteriza.

—Carmina deja en paz a Alexter, tuvo suficiente por el día de hoy. Lo menos que necesita es a ti reclamándole.

—Tú no vas a decirme cómo hablarle a mi hermano, Máximo. Los dos son tal para cual. Ella es humana y no puede ser parte de nuestra vida, pero ¿acaso te importó? No, ni un segundo pensaste en la seguridad de tu gente.

—Tenía que estar seguro.

—¿Qué has dicho?

—¡Tenía que estar seguro de que era ella! Deja de recriminarme como llevo mi vida, lo que creas tú o los demás me tienen sin cuidado, pase tanto tiempo. Una segunda oportunidad no sé la dan a cualquiera. Así que déjame en paz y cierra la puerta cuando salgas.

Ella bufó, pude ver el coraje en sus ojos que podían convertirse fácilmente en garras y atravesar mi cuerpo. Pero estoy harto de escucharla, desde que llegue del hospital me ha atiborrado de reclamos, por mí falta de cordura. Salió cerrando la puerta, de un solo golpe logrando que cayera al suelo.

—Mañana arreglo eso Alex, descansa.

—Tú también crees que es una locura lo que hice — digo sin ver a mi amigo.

—Ni soy nadie para juzgarte, como dices que es una segunda oportunidad, ni deberías preocuparte por lo que tu hermana diga, o haga. Al final es tu vida.

Máximo podía llegar a ser el mejor amigo que cualquier hombre puede pedir, es sensato, inteligente y sobre todo no hace nada sin antes planificar su siguiente movimiento. Me alejo rumbo a mi habitación con la intención de dormir. Carmina tiene razón, fui un tonto al exponerme. Ella vio mi rostro, aunque intente no transformarme por completo, recibí un poco más de daño. Por eso mis hombros arden y mi espalda se recupera lentamente. Necesito tomar un baño con agua caliente, y la necesito a ella a mi lado.

Pero, si se ha dado cuenta, temo ahora su reacción, huira de mí. Una humana que volteo mi mundo, el destino nos juntó y no pienso dar un paso atrás. Aunque este con alguien, debo terminar con eso. Sea quien sea ese hombre que no la valora, sus ojos lo dicen con tanta facilidad, está sola al igual que yo.

Mi celular comienza a sonar anunciando un mensaje, abro los ojos sorprendido al leer que ella ha pedido verme. Contesto inmediatamente pidiéndole a Maurice que la lleve a mi departamento, no puedo traerla aquí donde están todos y principalmente Carmina. Salgo tomando mis llaves, llegaré lo más pronto que pueda. Ellos llegarán antes, pero no me importa con tal qué María José este ahí cuando llegue.

El tráfico sigue siendo igual de pesado que la mañana, pero pude llegar cuarenta minutos después, viajar desde las afuera de la ciudad, puede ser pesado para un día ajetreado. Maurice me informó de que la había dejado en la sala, poniendo a su disposición todo. Ese hombre se merece un aumento.

Entro al departamento sin hacer mucho ruido, tecleo mi clave de seguridad para que nadie nos perturbe. Camino buscándola, pero no la encuentro en la sala, veo una botella en el centro y me acerco a cerciorarme. Se ha tomado una botella completa de vino, tiene buen tino, es una botella muy costosa. Escucho un ruido pesado desde mi habitación. Al acercarme encuentro los zapatos tirados a medio camino, uno sin tacón. Los levanto y sigo caminando, al seguir me percato de ver la falda tirada cerca de la puerta... un florero destrozado por completo en el piso. Un regalo de Carmina, pero no soy nadie para decírselo.

Aprecio la imagen tan tentadora, que en mi mente comienza a construir, ella está sola en mi habitación, sobre mi cama, dispuesta a mí. Me detengo antes de abrir la puerta por completo, seguir significa que tomaré todo a mi paso, si ella está aquí dentro. No la dejaré ir nunca más.

 

Abro la puerta de mi habitación por completo y la veo en mi cama, dormida, o por lo menos es lo que parece, curiosamente algunas prendas de mi closet están en la cama y María José babea sobre ellas. La imagen no es lo que esperaba, no se asemeja a nada lo que mi mente construyó en segundos.

 

Un ronquido sale de sus tersos y rosados labios, sonrió al escucharla, el cabello es una maraña en su rostro, lo retiro un poco, pero me gano un manotazo para que la deje en paz.

—No...— dijo apenas entendible, farfulló algo más, pero no es nada en concreto.

—María José, soy Alexter.

Muevo ligeramente su hombro y vuelve a golpearme, me suelta una patada con fuerza, como mula salvaje, pero no puede lastimarme.

—¿Por qué? —. Un chillido sale de sus labios preguntando algo. Su rostro cambia a uno de dolor y pena.

—María José...

—¿Por qué me hiciste eso? —. Las palabras balbucean en sus labios.

—¿Qué te ha pasado?

Sostengo a María José de los brazos y la obligó a verme, ella abre los ojos levemente y sus labios se contraen, hace un puchero y comienza a llorar.



Carmessy Iglesias

Editado: 06.08.2020

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