CAPITULO XXXIV
MAXIMILIANO
Las puertas de acero inoxidable se cierran con un siseo metálico y puedo sentir que ese espacio la ahoga, casi como si fuera claustrofóbico. Ella está de pie en un rincón, con la ropa pegada al cuerpo y el cabello goteando sobre la alfombra del elevador. Mientras yo estoy frente a ella, bloqueando la única salida que tiene, sin quitarle los ojos de encima. No habla ni me mira directamente, pero tiene la cabeza recta y la vista enfrente, el indicador de pisos sube lentamente y el zumbido del motor es lo único que llena el vacío.
- No me mires así. Lo que pasó afuera... no cambia nada. Mi postura sigue siendo la misma no va a suavizarse, nuestro trato es solo profesional - Habla con la voz ronca, tratando de recuperar su máscara profesional que ahora tiene muchas grietas.
- ¿Sigues hablando de trabajo? Y tienes los labios hinchados por mi beso y el pulso todavía te golpea en la garganta, pero ¿quieres discutir el limite entre lo profesional y lo personal? - Doy un paso al frente haciendo que el espacio se reduzca a nada.
- Es lo único que nos une, señor Alexander. Un contrato. No te des créditos que no tienes - Y clava la mirada en el panel de botones.
Su actitud empieza a sacarme nuevamente de mis casillas y en un arrebato estiro el brazo y presioni el botón de parada de emergencia. El ascensor se detiene con un sacudón violento y ella tambalea, la sujeta por los hombros, manteniéndola firme contra la pared del espejo.
- ¿Qué haces? ¡Suéltame! - me grita furiosa.
- Dijiste que me manejo con trampas y pues bien, aquí no hay cámaras, no hay contratos. Solo estamos tú, yo y la verdad que tanto intentas negar.
Me inclino, mi rostros esta tan cerca al de ella que puedo ver como el vapor de mi respiración empaña el espejo detrás de ella. Deslizo una mano desde su hombro hasta su cuello, y puedo sentir el latido errático de su corazón.
- Dilo. Di que me odias, que mi presencia te es desagradable pero no te atrevas a decir que no sentiste cómo se te detuvo el mundo cuando te toqué.
- Eres un arrogante... un manipulador... - Cierra los ojos como si con ese acto obtuviera protección de esa electricidad que en este justo momento la esta recorriendo.
- No, soy el hombre que sabe que perfectamente que bajo esa lluvia, por un segundo, volviste a ser mía. Y cuando te vea en la oficina sentada frente a mí, recordaré este olor a lluvia y tu nombre rompiéndose en mi boca. Porque lo sabes... sabes muy bien aunque luches que sigo teniendo el control - le digo acercandome a su oído
La suelto y desactivo el botón de emergencia y el ascensor reanuda su marcha con un suave tirón. Las puertas se abren en el piso de la suite y salgo primero, dejándola sola en la cabina por un instante, necesito poner distancia antes que pierda el control.
- Secate, Kathryn. No quiero que te enfermes antes de que terminemos nuestra "charla" pendiente - le digo abriendo la puerta.
- No, no quiero que menciones más lo que pasó en el hangar. Fue un error táctico, producto del clima. Nada más - dice entrando
Suelto una risa corta, seca, que eriza su piel de Kathryn. Doy un paso y la acorralo en la pared hasta que ella siento el calor de su cuerpo irradiando a través de la ropa húmeda.
- ¿Un error táctico? Mientes tan bien que casi te creo, Kathryn. Pero el Señor Alexander no fue el que respondió a mi beso bajo la lluvia, fuistes tú.
Apoyo mis mano en la pared, justo por encima de sus hombros, atrapándola y la furia en sus ojos es el único fuego en este pasillo frío y me dice que no le gusto la verdad que dije.
- Usas tu posición para acorralarme porque sabes que en igualdad de condiciones, no podrías ni sostenerme la mirada. Estuve a punto de tener un accidente no confundas mi desesperación con afecto.
- ¿Igualdad de condiciones? Tú y yo nunca hemos sido iguales, y no por el dinero o el cargo. Yo acepto lo que deseo. Tú te escondes detrás de una máscara de indiferencia y huyes con la excusa de trabajo antes de afrontar lo que estas sintiendo.
- Porque el trabajo es lo único que me protege de convertirme en otra de tus conquistas olvidadas y recuperadas cuando te place. Eres un experto en manejar hilos, Maximiliano. En manejar personas, sentimientos y...
- Y en el dormitorio. Y lo sabes. Lo sabes desde que entramos en ese jet. Estás furiosa no porque te obligué a venir, sino porque te obligué a recordar que todavía me quieres cerca - la interrumpo con una risa.
Estiro la mano y rozando con el pulgar la mejilla de Kathryn y retiro una gota de lluvia que aún se aferraba a su piel. Ella se tensa, pero no se aparta.
- Entra en tu habitación. Cierra con doble llave si eso te hace sentir a salvo. Pero ambos sabemos que hay puertas que siempre estarán abiertas porque no se pueden cerrar con llave - digo dejándola libre.
Doy un paso hacia atras, dándole el espacio que ella tanto reclama, pero con la actitud de quien ya ha ganado la guerra.
- Mañana a las siete, esta lista para bajar a desayunar. Y Kathryn... - me acerco a su oído para el golpe final - ...usa ese perfume que me vuelve loco. El de hoy es demasiado profesional para la guerra que nos espera.
- Eso fue antes. Ahora solo soy la Directora de Operaciones que te va a costar una fortuna. Disfruta del silencio, Maximiliano. Es lo único que vas a obtener de mí.
Y cierro la puerta con un clic metálico, necesito poner algo de espacio entre nosotros esta guerra que ha decidido iniciar es agotadora y lo único que quiero es tenerla debajo de mi gritando mi nombre y pidiendo mas.
KATHRYN
Me quedo sola con el corazón martilleando contra mis costillas y el nombre de él quemándome todavía la lengua pero no voy... No puedo sucumbir.
- Duerma bien, señor Alexander. Mañana empieza el espectáculo... y le aseguro que no le va a gustar el papel que le he asignado - le digo a la nada con voz firme antes de dirigirme a mi habitación.