Un mundo de cabeza

HERMANO

            Mi hermano Manuel es mucho más grande que yo, él ya tiene 12 años y es el doble de mi alto, juega muy bien al fútbol, está en el equipo de la escuela y es él quien siempre mete todos los goles, espero algún día llegar a ser tan bueno como él.

            Los domingos por la mañana solemos ir a la iglesia y después de escuchar la misa vamos al parque a jugar fútbol, mi mamá no es muy buena para el fútbol así que se queda leyendo un libro mientras mi papá, Manuel y yo jugamos, solemos hacerlo hasta el mediodía, luego nos sentamos en unas pequeñas bancas de madera que hay en el parque y comemos el almuerzo que mamá prepara y lleva en una enorme canasta. En las tardes solemos recorrer la ciudad, a veces vamos al cine, otras al centro comercial y otras a algún sitio nuevo que mamá quiera visitar y no regresamos a casa hasta la noche. Me encantan los domingos, son mis días favoritos porque paso todo el día con mi familia haciendo cosas divertidas.

            Hoy es domingo pero es diferente a los demás, hace varios domingos que no vamos al parque ni a ninguno de los sitios a los que solemos ir, desde que me enfermé dejamos de ir a esos lugares, al despertar íbamos a la iglesia y escuchábamos la misa pero me quedaba dormido mientras el padre hablaba y cuando despertaba estaba de regreso en mi cama pero ahora ya no vamos ni siquiera a misa, me cuesta levantarme de la cama así que suelo estar todo el día acostado. Ya no quiero estar enfermo.

            Mi habitación es diferente ahora, ya no hay juguetes ni afiches ni nada de mis cosas alrededor, desde hace un par de días estoy en el hospital en una habitación completamente blanca y limpia, no es nada divertida ni bonita. No me gusta este lugar, tengo que estar en cama con un tubo conectado a mi brazo, Manuel dice que luzco como un alien, siempre río cuando lo dice. Ya no puedo salir a jugar con él así que el viene cada día a jugar conmigo, me enseñó a jugar cartas y dominó, ya no puedo correr así que solo jugamos cosas que puedo hacer desde mi cama. El día de ayer trajo su Xbox en la mochila y lo conecto al televisor de mi habitación, jugamos largo rato hasta que mi pecho comenzó a doler y me era difícil respirar, ahora tengo un tubo más en mi cuerpo pero este está en mi nariz, es pequeño y delgado y mi mamá dice que es para ayudarme a respirar mejor. No sé cuánto tiempo estaré en el hospital pero espero no sea mucho, no me gusta este lugar, no me gusta que tengamos que estar aquí a diario, quiero regresar a mi casa. 

            Manuel siempre está conmigo, es un gran hermano, me enseña muchas cosas y siempre me cuida. A veces se escapa de la escuela y me visita en el hospital, se queda todo

el día jugando conmigo y me hace olvidar lo mucho que me molesta estar en este sitio. Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí, a veces parece que ha sido desde siempre pero a pesar de eso no puedo olvidar la primera vez que vinimos, creo que ese día siempre estará en mi memoria, era una mañana con mucho sol, recuerdo que hacía mucho calor y estábamos los 4 sentados a la mesa como cada mañana, desayunábamos antes de ir a la escuela cuando comencé a sentirme mareado

–¿Te encuentras bien cariño? –recuerdo haber escuchado a mi mamá preguntar pero yo no respondí.

            Recuerdo como mi familia me miraba, los tres me observaban extrañados y luego vi que sus rostros cambiaban de expresión, lucían asustados al momento en que sentí que algo goteaba de mi nariz, lleve mi mano hasta ella y toque el líquido que chorreaba, coloque mi mano a la altura de mis ojos para descubrir un líquido rojo <<está sangrando>> escuche a mi papá decir, mi mamá tomó un paño que colocó en mi nariz y me pidió que sostuviera fuerte mientras me tomaba en brazos y todos subíamos al auto para dirigirnos en dirección al hospital, esa sería la primera de muchas visitas. 

            No recuerdo haber ido al hospital antes de ese día pero si recuerdo que me pareció un lugar muy extraño, no tenía colores, solo blanco y estaba muy limpio. Pasé todo el día ahí, me sacaron sangre, me inyectaron, me metieron dentro de máquinas muy raras que no sé para que fueran pero me hacían sentir que estaba en una nave espacial. Cuando dejaron de hacerme exámenes, nos sentamos en una sala con muchas sillas, Manuel y yo estábamos en el piso jugando con los carros que el cargaba en su mochila, mientras mis papas estaban sentados en las sillas esperando por alguien, un hombre de bata blanca que apareció de repente por la puerta, era alto y delgado, de cabello gris y bigote, le pidió a mis padres acompañarlo a su oficina, yo quería ir con ellos pero mi mamá dijo que debía quedarme con Manuel así que seguimos jugando y él me estuvo contando sobre el comic que estaba leyendo, le encantan los superhéroes y desea ser tan fuerte y valiente como ellos. Yo quiero ser como él, mi hermano es el mejor.



A.R. Grimán

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En el texto hay: cancer, niñez dolor amor, familia y amor

Editado: 13.07.2020

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