Un sueño para Madeleine

Otra vez.

Estaba dormida o eso creía, no era capaz de diferenciarlo, era muy extraño, demasiado diría.

Anteriormente había sido capaz de hacerlo, pero ahora... Nada.

Y sumándole a eso el hecho de que no podía no sentir, era ella, eran una y le daba miedo lo que podría pasar, nunca terminaba bien.

La diferencia donde estaban era abismal, era como si estuvieran en otro mundo, bueno no era como si estuviera es que si lo estaba.

Quien sabe dónde se encuentra.

¿Era la tierra? A simplemente parecía que si ya que no se vestían diferente y existía la tecnología, pero la diferencia llegó cuando al parecer, ¡Venga ya!, Tengo que dejar de poner las cosas en dudas porque son muy reales, continuo, había animales gigantesco y mucho eran solo especulaciones en nuestro mundo, con animales así me refería a dinosaurios, mamuts, elefantes, dragones y todos los que se te puedan ocurrir que no existían en ¿nuestra dimensión?, que supongo que era eso.

Ah, pero lo más excéntrico no acababa ahí puesto que ví hombres lobos y otras clases de hombres bestia, había, espera si mi yo de niña hubiera visto esto habría sido lo mejor del mundo, sí, había hadas, ví a vampiros en medio del sol como si nada y yo aquí supongo que es por joyas solares, ya sabes cómo en Diario de vampiros o Los originales, aunque me gusta más Los originales.

Así que suponiendo que haya todo esto también debe haber sirenas, brujas, banshees, ángeles y demonios. Eso pienso.

Ah, ¿Qué soy yo?

— ¡Oye, bruja! — Dice una voz femenina y me detengo, bueno, la dueña de este cuerpo se detiene.

Con que soy una bruja, ¿Otra vez?

— Oh, aquí estás — Digo, bueno dice. Cómo sea.

— Sígueme.

— ¿Para qué?

— ¿Cómo que para qué? — Suspira y continua—. Bien. No puedo decirte nada aquí en la calle. Es complicado.

Maldición, no me gusta hacia donde va esto.

— Descomplicalo para mi, por favor.

— Ya te dije que no puedo hablar de eso aquí.

Me estoy desesperando.

— Sabes tan bien como yo que si decido ir contigo tendré que cumplir lo que sea que quieras, así que deja de darles tantas vueltas.

Su rostro se contrae y parece que tiene ganas de matarme o de llorar, yo que sé.

— Madeleine, por favor. No tengo opción, no puedo contártelo aquí, eso supondría un peligro para todos los involucrados.

— No digas mi nombre — Le digo enojada—. No puedes venir a mí en busca de que haga algo por ti y decir mi nombre como si nada. Si no te conociera desde hace tiempo te mataría aquí mismo.

Da un paso atrás y es cuando noto que me he ido acercando a ella mientras hablaba.

— Lo lamento, sí — Traga en seco—. Pero es que estoy desesperada y como te dije pagaré muy bien.

— ¡Es que no lo entiendes, maldita sea! — Le grito por lo bajo—. No puedo ir contigo a dónde sea que esté a quien quieres ayudar, lo sabes, tu naturaleza unida a la mía no me lo permitiría sin formarse un pacto por el cuál tengo que cumplir lo que me pides a cualquier costo, incluso si eso significa morir.

Ella se ve asombrada y asustada.

— No lo sabía — Susurra.

— ¿Cómo que no lo sabías? — Pregunto aún más enojada—. Es que tú maldito clan no hace nada bien, ¿O qué?

— No insultes a mi familia — Dice con voz segura—. ¿Se te ha olvidado? — Pregunta y yo la observo sin entender—. Tú eres única aquí y por consecuente ninguna de las reglas de nuestra naturaleza puede afectar a la tuya.

Quedo perpleja.

— ¿Entonces porque carajos me sales con el hecho de que no sabías si estaba mintiendo?

Se ríe.

— Me estabas poniendo a prueba y yo a ti, así que, ¿Vienes?

— Ashley Dunfort, primero quiero saber la situación y después haremos un trato.

Ella queda perpleja.

— Yo creí que ya teníamos un trato.

Me río.

— ¿Crees que soy estúpida? — Le pregunto y al ver que no responde continuo—. La razón porque me buscaste a mí y no a otra de las brujas debe ser muy jodida o ilícita  para todos los clanes, así que no está de más en ser precavida.

— Bien. Lo entiendo. — Dice, pero no desmiente nada de lo que dije.

Me acerco a ella y le coloco un dedo en medio de la frente y mi otra mano en dónde va su corazón.

— harakat qilish* — Digo cerramos los ojos y a los segundos se siente el movimiento de algo viniendo hacia donde estamos.

— ¿Dónde estamos? — Le pregunto.

Se demora en responder ya que está un poco mareada.

— Estamos al suroeste — Dice y yo tengo ni la más mínima idea—. ¿Siempre es así?— Pregunta refiriéndose a los efectos de la teletransportación. 

— No tengo ni la más mínima idea de que se encuentra al suroeste de Colombia y respondiendo a tu pregunta, no siempre es así, solo que al parecer es tu primera vez — Le digo irritada.

Me mira con desagrado y a mí me importa un culo.

— Bueno, es mejor que no sepas — Dice con molestia—. ¿Cómo carajos supiste donde quería venir?

Le sonrió con arrogancia en respuesta.

— Bueno, es mejor que no sepas — Le clavo su propio puñal.

— Bien jugado — Dice riéndose y se cae— ¡Carajo! ¿Qué tanto duran los efectos? — Pregunta sujetando su estómago y ya sé lo que se viene.

Me río y ella vomita.

— Bueno, son varios efectos secundarios y a veces solo pasa uno, pero hay otras veces que a las personas les dan varios — La observo mientras río y ella sigue en lo suyo—. Tienes mala suerte, te tocaron varios.

Me da una mala mirada cuando termina de vomitar y después de unos segundos empieza a traer agua de no sé dónde y se la hecha encima.

Supongo que empezó la fiebre.

Admito que utilicé el hechizo sin su consentimiento para que se enfermara un poco, ya saben que cuando te sientes tan vulnerable empiezas a hablar.

Suena un poco cruel, pero no quiero meterme en esto sin saber a que atenerme.



Danna Alejandra

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En el texto hay: recuerdos perdidos, amor y odio, esperanzas y deseos

Editado: 18.01.2021

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