Una Amistad Llena de Atracción. (editando)

Capítulo 12


—¡¡Ohana!!— Escuché el estruendoso portazo que hizo que me encogiera sobre mi cama.

—Ay, Dios, mío—susurré y  me levanté de la cama a toda prisa, tirando los cuadernos al suelo sin que éstos siquiera me importaran para buscar algun  lugar en el que esconderme.

Me tiré al suelo para meterme abajo de la cama cuando decidí que esa era mi mejor opción.

—¡No te metas de bajo de la cama!—recomendó—. ¡Es donde primero voy a buscarte!—avisó a voz de grito y entonces yo escuché como sus pisadas furiosas  me indicaban que se hallaba  subiendo las escaleras.

Empecé a arrastrarme de vuelta hacia afuera y en el proceso me di un buen golpe en la cabeza.

—Ouch...¡Ah!—gruñí frustrada y me sobé la cabeza mientras corría en dirección al armario, pero me detuve nada más abrirlo cuando pensé que allí sería el segundo lugar en el que me buscaría.

«¿Y si bajo por la ventana?» pensé y me mordí el labio con desespero.

«Entonces, ahí sí que vas a matarte», respondió la voz de la razón y a ella sí que lo hice caso.

—Malísimo—me quejé—. Pésimo el momento en que se me ocurrió ir al hospital...—Corrí a la puerta del baño para encerrarme allí.

—Siéntate ahora mismo—Mi cuerpo se volvió estático ante la severa orden  pronunciada tras de mí.

—¡Oh, mamá!—Me volví hacia ella con una sonrisa resplandeciente—. Has llegado temprano—observé como si eso fuera de lo más raro.

—La misma hora de siempre—Hizo ver en tono cortante y con el rostro inescrutable.

—¿Sí?—Me hice la desentendida—. Uff, bueno... Debes de estar cansada, ¿deseas algo?— Le sonreí de lo más solicita, todavía cerca de la puerta del baño—. ¿Tienes hambre?... ¡Dormir!, ¡Claro!—Negué, reprendiendome, como si eso en realidad fuera algo muy obvio—. ¿No? Ah, ya...Quieres sentarte en el sillón a ver una buena pelícu...

—¡Ya!—Cortó exasperada y yo hice una mueca ante el sobresalto. Tomó aire—. Ya Ohana,  detente un poco—Mis hombros cayeron, y entonces por fin me moví hasta la cama, dejándome caer en ella con un gesto de derrota—. No estoy enojada—Alcé mi rostro, esperanzada—. Bueno...¡Al menos no tan enojada!—Volví a dejar que mis hombros decayeran y entonces ella se rió un poco de eso—. Nena, es que tú eres...eres...eres...

—¿Buena?— sugerí con una sonrisa cauta y ella resopló.

—¡Para nada!—Volví a encogerme como cachorro regañado—. Eres una chica malvada,  nena—La vi caminar hasta mi cama y dejarse caer con suavidad frente a mí—. Cariño, no sabes lo avergonzada que me hiciste sentir—se quejó ella con voz lastimera y entonces yo por fin pensé en lo que había hecho. Suspiré—. Al principio estaba sumamente abochornada por todo,  pero luego de que te fuiste Albert habló conmigo y me preguntó que qué te había hecho—Fruncí el ceño—. Sí, esa misma fue mi expresión cuando me lo preguntó. Yo le pregunté a su vez que por qué creía que te había hecho algo y él se echó a reír. Me dijo que solo bastaba con ver tu cara para darse cuenta de lo avergonzada que estabas al decir que él era guapo—Rió un poco—. Y entonces se dio cuenta de que lo estabas haciendo por algo... Cuando le conté que yo había hecho lo mismo con el chico con el que  andabas volvió a reírse y te defendió.

—¿Sí?...¡Oh! ¿Ves que sí hay excusa para lo que hice?—Ahora me animé.

—No—Me señaló con el dedo índice y lo apuntó en mi dirección varias veces,  reprendiendome—. Soy tu madre, señorita.

—Lo siento—Mi labio inferior sobresalió—. Lo siento—repetí de nuevo.

Entrecerró sus ojos, como si quisiera hacerse la dura, pero al final desinfló sus pulmones cuando le sonreí sonreí amplio.

»Está bien. Ahora cuéntame—Brinqué aún sentada sobre mi cama,  emocionada.

—¿Qué quieres que te diga? —Ahora miró con desconfianza mi expresión radiante—. Ya no hay más nada  que hablar—zanjó y comenzó a levantarse de la cama, pero la sujeté del brazo y volví a hacer que se sentara sobre ella.

—No, no—Negué sonriente—. No vas a huir de mí.  Vas a decirme.
¿Qué hablaron después de que me fui?

—¿De que te fuiste con Adrién?— rebatió, y sonrió amplio cuando se dio cuenta de que la pelota ahora había caído sobre mi terreno.

—Golpe recibido—Negué con la cabeza y le sonreí—, pero te recuerdo que Adrién es mi amigo, mamá. Y solo estaba allí conmigo por que quería saludarte—La señalé con mi dedo—. Además, no estamos hablando de mí sino de ti, así que no cambies el tema.

Sus hombros cayeron.

—Bien. Lo intenté—Soltó la respiración y se encogió de hombros—. Hablamos de ti.  Dijo que eras una linda chica, pero que no solo físicamente... Él dijo que  solo con verte se notaba el buen trabajo que había hecho contigo,  que le gustó haberte conocido y que le gustaría comprobar que es cierta esa idea que se hizo con solo verte—Me sonrió y me miró como si fuese lo mejor del mundo,  como si estuviese muy orgullosa por haber hecho algo maravilloso.

Sentí como mis ojos comenzaron a rasarce, de manera que pestañeé rápidamente.

—Seguro que se lo dijiste tú... Lo de que soy buena chica—La reprendí con cariño y le sonreí.

—No, él solo lo vio, pero dijo que algunas veces las apariencias engañan y que por eso quería conocerte mejor,  para comprobar que de verdad eras lo que el piensa—Sonrió con la mirada perdida en un recuerdo—. Tenías que haber visto cuando se apresuró a decirme que no era que él estuviera insinuando que solo eras un lobo disfrazado de oveja—Mamá se carcajeó, y yo me sentí divertida—. Me aseguró que él solo tenía ganas de conocerte y comprobar que eras tan maravillosa como yo—terminó,  viéndose abrumada y cohibida.  Me eché a reír junto a ella—. Le dije que no estaba molesta y obviamente que le hablé de mi estupenda chica—Me miró como si me estuviera diciendo que era imposible que no lo hiciera y yo rodé los ojos—. Le conté de nuevo de lo bien que te va en la universidad y lo talentosa que eres para dibujar—Escuché sus palabras  cargadas de un profundo orgullo, y yo lo único que hice fue sonreírle llorosa—. De lo dulce, fantástica y cariñosa que eres..., y que por eso,  ese chico que estaba allí junto a ti, iba contigo,  por que se había dado cuenta de lo maravillosa que puedes ser como persona—Ahora sí que la lágrima rodó por mi mejilla, me mordí el labio para retener el llanto—. No llores, nena—Limpió la humedad ye besó el rostro con delicadeza—.  No pienses que te  lo digo solo por que eres mi hija—advirtió—.Es la verdad, cariño, así que no vengas a decirme que no me crees por que si en realidad fueras tan maravillosa como digo tuvieras amigos— Cuando se dio cuenta de que iba a protestar diciendo que era verdad me interrumpió—.No lo hagas amor,  no digas que no lo eres por que ya Adrién también se dio cuenta de eso...—Suspiró—. Pero en realidad la única que debe darse cuenta eres tú



Ade Arang

#17710 en Novela romántica

En el texto hay: amistad, mejores amigos, amor amistad

Editado: 26.11.2020

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