Una historia cualquiera

Ale o soy de Marte

¿Qué pasaría si hoy te contara que soy de Marte? Tu cara ya me dice mucho. Es mezcla de incredulidad y burla. ¿Confías en mí? Yo te pregunto esto porque metería las manos al fuego por ti… Bueno, tomaré ese intento por controlar tu risa y poner tu cara seria como un asentimiento y proseguir con lo que quiero contarte.

     Antes de continuar, te pido un favor: ten como trasfondo de esta escena, los momentos más importantes de nuestras vidas en común: nuestras mejores risas hasta parecer canes con asma, también escenas de nuestras más profundas confidencias o la sensación de ese hombro que no nos dejó caer en momentos de mucho dolor, cuando nuestras piernas no parecían tener la fuerza de sostener tanto pesar.

     Volvamos al punto inicial. Por el momento sólo piensa, mientras escuchas lo que tengo que decir: Yo vivía muy tranquilamente mi vida. Una vida sin radiación, ni contaminación, ni otras influencias ambientales o educativas de la que alguien o yo podamos culpar a mi creencia, que no es tal, es un hecho. Pues bien, flotaba felizmente sobre mi vida, cuando en un momento de súbita conciencia, descubrí algo muy a mi pesar: ¡Soy de Marte!

     Durante años he escuchado del miedo y a veces odio que los marcianos causan en la gente. Cuando los marcianos revelan sus antenas o cualquier otro elemento de su marcianidad, un círculo se hace a su alrededor, que parece sólo separar del resto, pero en el cúmulo de personas y de instituciones, ese espacio vacío cumple con otra función, los señala. Cuando los marcianos son descubiertos o se revelan como tales, muchos de los no marcianos los aborrece, e incluso muchos marcianos los niega, algunas personas más dirán no tener problema, pero cambiarán su comportamiento, a veces sin querer.

     El mundo de los marcianos es muy triste en muchas ocasiones, y no porque ser marciano sea malo o porque los marcianos tengamos alguna característica especial que nos facilite la tristeza. No. Es sólo por una incomprensión natural humana, a creer como voluntariosas o malintencionadas algunas características puestas por suerte, ni buena ni mala, sólo suerte (dicho como el conjunto de factores sobre el que carecemos de control) en nuestros cuerpos. Es el equivalente físico a estar en este momento en un lugar y no en otro, con quizá la misma posibilidad de ser una persona en concreto, su hermana o hermano o de simplemente no existir. De ser pobre o rico o sus infinitos puntos medios. Como si la persona eligiera libremente los genes que conforman su organismo, o tuviera voluntad durante el proceso de fertilización o alguna responsabilidad real de su infinitesimal probabilidad de existencia… Disculpa, me ganó la retórica y sé que tienes cosas que hacer.

     Nada entre tú y yo debe cambiar por el hecho de que sepas que soy algo, sin lo que tú y yo no habríamos sido quienes somos. Porque nos formamos en unidad. Porque nadie debería sentirse especialmente alegre o triste por algo por lo que no luchó, como su altura o inteligencia, ya que no se deciden, o por sus contextos sociales adecuados e inadecuados, que ya estaban ahí cuando llegó, tampoco tenemos control sobre eso. El pasado, es en el tiempo una especie de retrato perenne de lo que fue, sin embargo, nuestro cerebro tiene el poder de actualizarlo virtualmente por información más reciente. Amén a esto, lo único que me interesa saber en este momento es, si todo lo que construimos en conjunto, de todo lo que sí elegimos, de todos los sentimientos que nuestros corazones pueden sentir por el latir del otro, ¿se verían afectados por la información de que el azar nos puso en circunstancias diferentes y que a veces, ser marciano es un factor determinante para algunas personas?



Sergio Vergara

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En el texto hay: ser mujer, lgbt, relaciones toxicas

Editado: 19.07.2018

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