Una Historia de Amor sin nombre

¡Lazcano es solo una víbora!

Cap. 3.

No tengo mucho que opinar de las despedidas, solo quizás que son muy solitarias.

 

I. Al final de la frontera no existen héroes o leyendas, dioses o guerreros, mortales o inmortales. Al final de la frontera solo espera una oscura y tranquila soledad.

 

Santiago no podía evitar sentirse aliviado con la idea de que se iría y no volvería a saber él, incluso sino descubría lo que quería saber, era más fácil de esa manera. Mientras más se acercaba el día de la prueba, más intensas se volvieron las asignaciones del capitán, llegando al punto de dejar a todos fuera durante una noche de tormenta como un extraño método de motivación. Aquella mañana regresaron a las barracas empapados, se cambiaron a toda prisa la ropa por algo seco y regresaron a buscar las asignaciones de ese día, pues no tenían permiso de dormir. Les tocó limpiar los establos y las barracas, pero por más que Santiago lo intentaba no lograba seguirle el pasó a Zuri, algo que llamó su atención, pues él generalmente era muy molesto con su optimismo y su exceso de energía.

  • Oye ¿Qué pasa contigo zalamero?
  • Estoy bien, solo cansado.
  • No, no es así, estás enfermo.
  • ¿Qué?
  • Te resfriaste zalamero.
  • No, no es así, es solo cansancio te lo aseguro.
  • Vamos, nos tocan las barracas, ya casi acabamos, quédate tumbado mientras yo termino.
  • Estoy bien.
  • Si claro, de las mil maravillas, creo que tienes fiebre ya. Vamos te ayudare a llegar a la cama.
  • Si el capitán se entera…
  • Sí tú no dices nada, yo no diré nada. Vamos, ya te debía el favor.

Después de llegar a las barracas Zuri dejó a Santiago sentado en la puerta y termino lo más rápido posible. Sabía que tenían que presentarse ambos ante el capitán para entregar sus asignaciones completas y luego ir a cenar, así que lo dejó dormir para que pudiera levantarse cuando llegara la hora. Casi se acaba igual que Santiago de no ser por el sonido de un pájaro que le saco del embeleso. Se levantó tan rápido como pudo, despertó a Santiago y llegaron a tiempo con el capitán para entregar la asignación, pero en lugar de ir al comedor, regresaron a las barracas y después de dejarlo en la cama, Zuri fue a buscar ambas cenas y regresó, lo despertó para que cenara y luego lo dejó volverse a dormir. Se levantó casi a medianoche para asegurarse de que la fiebre no lo estuviese matando y lo despertó al colocarle la mano en la frente.

  • Bueno, ya no tienes fiebre y sigues vivo ¿Cómo te sientes?
  • Bastante mejor, tienes las manos suaves y frías.
  • Creo que la fiebre te atrofió el cerebro, vuélvete a dormir.
  • Tengo hambre.
  • Es media noche, la cocina ya cerró.
  • ¿Vamos por moras?
  • Debe ser una broma ¿Qué no estabas enfermo?
  • Estaba, ahora tengo hambre, por favor.
  • Bien vamos por moras.
  • Gracias Zuri.
  • Pero luego a dormir, tengo sueño.
  • Claro que sí.

Después de comer moras hasta el cansancio regresaron a dormir. Por fortuna para ambos la fiebre no regreso, por lo que pudieron seguir con sus asignaciones sin más problemas hasta el día de las pruebas. Tres escrutinios era necesarios para ascender entre los soldados y dejar de ser un cadete. La primera una prueba de combate cuerpo a cuerpo por turnos, la segunda una carrera a caballo a campo traviesa y por ultimo una pista de obstáculos avanzada que el capitán Brizuela acababa de reforma. Diez parejas de principiantes iban a pasar aquellas pruebas para ascender o seguir siendo principiantes por un año más. Santiago estaba decidido a pasarlas todas, Zuri no estaba igual de emocionado, pero si ya había llegado hasta allí, bien podía hacer el intento. La primera prueba, un combate cuerpo a cuerpo entre cada cadete y tres soldados avanzados era generalmente la más difícil de pasar. Damián había decidido participar para tomar la oportunidad de desquitarse de Zuri y de su hermano.

Las reglas eran sencilla, si vencían a dos de tres, pasaban la prueba, si vencían a los tres pasaban con honores. Conforme cada grupo iba pasando varios iban quedando descalificados, los más débiles generalmente. Los más fuertes acababan golpeados pero lograban pasar la prueba con al menos dos soldados vencidos. Santiago estaba muy emocionado con aquella evaluación, estaba seguro de poder pasarla, pero Zuri no se sentía de humor para aquella prueba en particular, aun le dolían las costillas de la última golpiza, si lograban darle un golpe en el lugar correcto quedaría fuera de combate sin siquiera empezar. Santiago decidió pasar primero, y aunque iba con la intención de dar todo lo que podía, notó de inmediato que lo habían dejado ganar, algo que logró hacerlo enfadar pues odiaba que no lo tomaran en serio, sabía que Damián había tenido algo que ver, pero no podía probarlo.

Cuando fue el turno de Zuri, bajó a la arena de mala gana, pues por más que se quejó, el capitán le negó rotundamente que se retirara del examen. Damián cambió lugares con uno de los soldados para poder desquitarse como quería pero no logro ser el primero en entrar. El primer soldado le doblaba la estatura, sin dudarlo logró que diera un paso atrás y antes de que el capitán pudiera decir nada, alcanzó a ver a Lazcano correr a toda prisa con el mastodonte pisándole los talones. Zuri estaba pensando tan rápido como podía que se suponía que debía hacer, estaba más que claro que si lo llegaba a tocar un solo golpe bastaría para causarle la muerte, necesitaba resolverlo sin que lo tocara, en medio de las risas de sus compañeros, comenzó a correr cada vez más deprisa, con el otro soldado corriendo detrás, logró hacer al gorila enfadarse tanto como pudo y luego comenzó a disminuir el paso, lo dejo rozarle la espalda y comenzó a correr de nuevo directo a la pared de la arena.



Victoria Silva

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En el texto hay: romance, traicion, muerte

Editado: 23.01.2019

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