Una reflexión sobre la vida

Un ladrón redimido y un desafortunado

-Debemos irnos de aquí.
-Si nos vamos ahora no tendremos el dinero. Ayudame a subir.
La tienda a la que querían acceder los jóvenes era de dos pisos, en la parte superior había una ventana por la cual podrían meterse y saquear
-Está bien.
Antes de subir a su compañero, se fijó que nadie fuera a verlos. Al verificar que las calles se encontraban solitarias y con poca iluminación procedió a cargar a su compañero para que pudieran alcanzar el balcón y proceder con el delito.
-¿Ya estás ahí?
-Sí, voy a entrar a la tienda.
Debido a que la tienda era a su vez la residencia de los dueños, se debía ser muy cauteloso, pues en el piso de arriba es el lugar en el que duerme la familia, por lo que un mal movimiento podría costarle la liberta.
Abrió la ventana con cautela y se metió lentamente a la casa, con el objetivo de no despertar a nadie. Mientras su amigo se encontraba afuera preocupado por el éxito del delito, estaba cuidando que nadie los viera, voteando a ambos lados de la calle de manera continua.
En la casa todo iba bien, había pasado la habitación en la que se encontraba la ventana -que era donde dormía el dueño y su esposa- procedió a bajar las escaleras, intentando no despertar a nadie. Al llegar al primero piso prendió la lámpara de su celular para no tropezar o tirar algo.
Vio que había una gran mesa de caoba, atrás de ella estaba una vitrina con diferentes objetos: muñecas que parecían de porcelana, relojes de oro, anillos de colección, varios juguetes antiguos, etc. La tentación era demasiada, es decir, tantas cosas de valor que sería estúpido sólo llevarse el dinero de la caja registradora. 
Sabía que para no levantar sospechas solo debía llevarse algunas cosas y no todas ni la mayoría, por lo que inspeccionó bien lo que había en la vitrina para decidir qué llevarse. Eligió 5 objetos:
El primero se trataba de un anillo especial del súper bowl, no sabía de qué año era, pero la forma y el diseño no hacía nada fácil ignorarlo.
El segundo era un vaso que parecía ser de oro por fuera, a su vez, el cristal era de lo más transparente que había visto.
El tercer artículo que quería era una moneda que tenían exhibida, no tenía idea de por qué era valiosa, pero había visto suficientes programas de ventas para saber que las monedas conservadas tienden a valer mucho dinero.
El cuarto de los objetos era un plato de plata, lo que necesitaba era dinero, no se necesita explicación.
Finalmente, el último objeto era una botella de vino. Él no tenía intención de venderla, sino de tomarla. No sabía si era bueno, pero podía fiarse por lo vieja que se veía la etiqueta, alcanzó a leer que decía Massandra.
Una vez que localizó lo que deseaba hurtar seguía la parte difícil, llevarse las cosas.
Abrió la vitrina de forma delicada, tomó el anillo, el vaso y la moneda sin ninguna dificultad, el problema sería para extraer el plato y la botella, ya que para llegar a ellos se tenían que quitar algunos adornos.
Con devoción fue a intentarlo, sacó el plato con mucha dificultad. Sin embargo, empezó a escuchar sonidos de las personas levantándose, podría haberse ido con todo el botín que ya traría. Pero el vicio del alcohol lo cegó, así que intentó agarrar la botella, que estaba casi al fondo de todos los objetos.
Metió la mano bruscamente, sin miedo de romper o destruir algo, para llegar a la botella. Al tenerla la sacó raudamente, sin recordar que debía hacerlo lentamente. Aparentemente la botella era una parte importante del soporte de la vitrina, ya que al quitarla todo se empezó a venir abajo. El ladrón quedó aplastado por los objetos, claro que aún vivía. Pero con un saco con pertenecías robadas y una botella de alcohol en la mano, difícilmente se puede dudar de que sus intenciones eran malas desde un inicio.
Las personas de la casa se despertaron.
-¿Qué demonios fue eso Chucho?
-No sé, ahorita voy a ver, vieja.
Chucho, el dueño de la tienda, que era un señor de más de 40 años algo regordete, fue a ver lo que pasó, sólo llevaba puesto un pantalón de pijama café y una camiseta.
El compañero del ladrón escuhó el ruido que hizo la vitrina al caer, de nada serviría quedarse, pues sospechaba que su compañero había tirado algo y no salía porque lo habían descubrir. Tenía dos opciones: esperar a que llegase la policía y averiguar qué ocurrió con su amigo o huir para no estar relacionado con el delito. Debido a que en el mundo del crimen difícilmente encuentras lealtad en situaciones como ésta, es fácil adivinar lo que decidió. Se fue corriendo por toda la calle para que la policía no pudiera involucrarlo.
Chucho seguía bajando las escaleras con un bate de madera en una mano y con su celular en la otra. Al ver que su vitrina se había caído, pensó que no había nadie hasta que vio el líquido del vino combinado con la sangre.
-Ayúdame (decía con dificultad el perpetrador del domicilio)
-¿Quién eres? ¿Dónde estás?
-Aquí, abajo de la vitrina.
El ladrón pensó en la prioridad y no respondió la primera pregunta, pues claramente lo único que pasaba por su cabeza era salir de esa incómoda situación.
Chucho empezó a mover la vitrina para sacar al delincuente, cuando estaba visible, pudo notar que llevaba un saco en los que estaban los objetos anteriormente descritos, a su vez en la mano izquierda tenía un montón de sangre, generada por el impacto de la botella al caer. Respecto al estado físico de nuestro ladrón, un color escarlata recorría su rostro y sus prendas. A primera vista no se podían determinar heridas internas, pero al ver la mano izquierda con trozos de vidrio, Chucho sospechó que hubiera sufrido daños irreparables.
Chucho puso al ladrón lejos de la vitrina. Pensaba en sí llamar a la policía o a la ambulancia. 
-¿A quién? ¿a quién? 
Se preguntaba mientras sostenía su teléfono y caminaba desesperadamente. Terminó por llamar a la ambulancia, le diría al doctor todo lo que ocurrió.
-Traigan una ambulancia a la calle Portilla #20. A un hombre se le acaba de caer una vitrina.
-Enseguida vamos.
Mientras esperaba la ambulancia, veía al canalla que estaba a punto de saquear su casa.
-¿Cuántos años tienes, niño?
-15. (Respondió con dificultad el joven)
Al verlo en esa condición tan deporable, prefirió no seguir con su interrogatorio, aunque hubiese querido conocer más sobre aquél chico, sabía que no era produnte continuar con preguntas en ese momento. Por lo que tomó una silla y espera a que llegase la ambulancia.
Después de ocho minutos, que tanto para Chucho como para el ladrón, fue una eternidad. La ambulancia llegó y se llevó al joven. El señor, dueño de la tienda, decidió ir al hospital para conocer el diagnóstico del herido.
Al llegar al hospital, los doctores se llevaron al herido, y dejaron a Chucho esperando en la sala.
La rutina del día de Chucho era simple: 
Despertarse a las 8:00 a.m. Vestirse, desayunar -siempre cereal-, atender la tienda. Ver a los niños pasar a las 2:00 p.m. (felices porque acababan de salir de la escuela), comer a las 4:00 p.m. Cerrar la tienda a las 10:00 p.m. Bañarse inmediatamente, ponerse la pijama y leer media hora antes de dormir. 
Lo anterior es importante mencionarlo, ya que para alguien acostumbrado a realizar las mismas actividades, un imprevisto -como el ocurrido- hace que se exalten más que una personas que tiene diferentes experiencias durante la semana.
Chucho estaba sentado en una banca de metal, no tenía a nadie a su lado (prefirió que su esposa descansará en lugar de que lo acompañara), en ese momento su única compañía era la pared blanca solitaria que fungía como reflejo de su alma.
Comenzó a reflexionar, ¿qué es lo que orilla a un chico de 15 años a arriesgar su integridad física por unos cuantos pesos? Es natural pensar que el chico antes de entrar al aposento, desconocía la existencia de la vitrina, así como de los objetos extrabajantes que albergaba. Por lo que se metió en busca de las ganancias de la tienda. ¿En serio creyó que arriesgar su libertad por $200 dólares era algo inteligente?
Chucho no podía entender cómo alguien tan joven, preferirió jugar su libertad que estar durmiendo en la seguridad de su casa. El chico solo tenía 15 años, que problemas puedes tener a esa edad. Para una persona honesta el mayor desafío es acceder a la Educación Media Superior.
Un doctor interrumpió sus reflexiones:
-Disculpe, señor.
-¿Sí? (Observó al doctor con intriga)
-¿Es familiar del chico que trajo aquí?
-No, el joven al parecer entró en mi casa y quería hurtar ciertas cosas de la vitrina que le cayó encima.
-Oh, bueno. 
-Y ¿cómo está él?
-Al parecer no hubo muchos danos graves, pero la mano izquierda sufrió mucho debido a los vidrios de una botella, al parecer la llevaba en la mano momento antes de que se rompiera.
-¿Se le rompió la mano?
-No, pero debido a las lesiones no podrá hacer ciertos movimientos, como cerrar un punto, con la mano izquierda.
-¿Puedo hacer algo?
-No puede hacer nada, además, debido a que usted no es familiar del chico, de hecho no debí darle tanta información sobre él, no puede llevárselo, tendremos que contactar a los padres de alguna manera. Le sugiero que vaya a casa.
Chucho salió del hospital y se disponía a ir a su casa. La calle se encontraba solitaria, también oscura. Las farolas alumbraban, dando atisbos de luz, a todo aquél que transitara por esos lugares. 
Al llegar a su casa, Chucho se fue a la cama, se quedó despierto reflexionando sobre si debía o no, llamar a la policía sobre el incidente. Finalmente optó por no hacerlo, creía que el sufrimiento del chico era ya muy grave como para todavía sufrir otro infortunio más.
El chico comenzó a despertar, se había quedado dormido. 
-¿Qué pasó? ¡Enfermera!
Después de pronunciar esas palabras dos enfermeras entraron rápidamente.
-¿Pasa algo joven? -dijo asustada una de las enfermeras.
-¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué mi mano está vendada?
-Un señor lo trajo aquí, usted tenía graves heridas, tanto en la cabeza como en la mano. No hubo grandes daños, tuvimos que coser una herida de su frente y vendar su mano luego de quitar el vidrio que tenía.
-Ya veo.
-¿Tiene un número de un familiar para informar que está aquí?
-Sí, se lo diré.
Al darle el número de teléfono de su madre, se quedó pensando sobre lo ocurrido:
Aún cuando el señor supo que robaría propiedad valiosa de él, optó por no llamar a la policía. Incluso hizo lo posible por salvarlo, pues lo ayudó a quitarse los escombros de encima y además llamó a la ambulancia.
Un doctor entró e interrumpió las reflexiones del quinceañero.
-Buenos días. Niño.
-¡Doctor! Buenos días. 
-Tengo malas noticias, joven.
-Bien, pues digalas. De todos modos no pueden cambiarse ¿Cierto?
-Es usted muy decidido (dijo sonriendo levemente), como ya se habrá dado cuenta su mano izquierda está totalmente vendada. Pues, créame que lo digo con toda sinceridad, a pesar de nuestro intentos, no pudimos curar del todo su mano. Las heridas que tiene serán incurables. 
-¿Qué quiere decir, doctor?
-Su mano no podrá moverse con libertad a partir de ahora, cosas como cerrar un puño agarrar objetos no será una opción.
-Ya veo -dijo el joven mirando su extremidad dañada-
-¿Cuándo puedo quitarme la venda?
-Preferible en dos días, es para que el daño sea menor 
-Gracias por su honestidad doctor.
Después de ello, el doctor se fue del cuarto, dejando al joven viendo televisión.
Al pasar media hora la madre del joven llegó al hospital.
-¿Dónde está mi hijo? -preguntó con lágrimas a la recepcionista.
-¿Cómo se llama el chico, señora?
-Jonathan Gelman. (Dijo la madre mientras enseñaba su identificación para confirmar su parentesco con el herido)
-Está en la habitación 12.
La madre fue corriendo, al ver a su hijo en la cama, lo primero que hizo fue dirigirse a él y darle un beso en la mejilla.
-Mamá.
-¿Cómo ocurrió esto, hijo? 
-Digamos que ocurrió un accidente con dos delincuentes en la noche.
-No vuelvas a salir a esas horas.
La madre fue a preguntar a los encargados del hospital si podía llevarse a su hijo, los doctores le dijeron que sí, solo tenía que firmar la estancia del chico. Luego de eso se llevó al joven a casa. Jonathan se fue a su cuarto, se acostó en la cama y empezó de nuevo las reflexiones mirando su mano:
Rayos, pude llevarme todo el motín si recibir daño, solo entrar y salir. Pero, lo recuerdo bien, la botella, esa maldita botella. Me hipnotizó, no pude con la tentación de probar un líquido tan preciado, quién diría que al sacarla toda la vitrina se vendría encima. Mi estupidez me costó muy caro, estoy tan arrepentido de lo que hice, sobre todo porque ni siquiera tuve en mente vender la botella, solo buscaba embriagarme. No cabe duda de que uno solo se da cuenta de su alcoholismo cuando es demasiado tarde para evitar una desgracia. (Al terminar su reflexión derramó una lágrima, mientras seguía viendo su mano)
Al día siguiente Jonathan llamó a su compañero y le pidió que viniera a su casa, pues deseaba saber que pasaría ahora con sus encuentros. Su compañero accedió, arribó al lugar 40 minutos después de la llamada.
-Bien, Jonathan, ¿cómo te fue?
-Mal. 
-Escuché un estruendo antes de salir del lugar, ¿te aventaron algo?
Jonathan estaba consciente de que si revelaba la existencia de la vitrina, así como de las maravillas que contenía, su compañero no duraría ni un segundo en despojar el lugar. Aún tenía en mente cuando se encontraba indefenso en el piso, viendo a Chucho, quien en lugar de entregarlo a la policía decidió llamar a una ambulancia y salvarlo. Por lo anterior decidió mentir.
-Estaba cerca de la caja registradora, pero me tropecé con algo, mi caída hizo que golpeara una alacena que, al parecer, no se fijó bien al piso. Por lo que se fue al suelo y causó el estruendo.
-Ya veo, ¿Y por qué tienes la mano vendada?
-La alacena tenía varias botellas vacías y me cayeron encima. Una de ella se me incrustó en la mano y algunos vidrios menores en la frente.
-Supongo que dejaré la tienda en paz, al haber sufrido un intento de robo, la pareja será más cuidadosa y si me descubren seguro acabaré en prisión.
Jonathan, al escuchar esas palabras, se sintió aliviado, pues tenía la seguridad de que ningún atraco podía sufrir Chucho.
-Por cierto, ¿por qué corriste solo por escuchar el ruido? Es decir, ni siquiera supiste sí salí o no.
-Si alguien me veía a esa horas, gente podía sospechar de mí.
-Pero, al ver tu herida solo puedo preguntar ¿es temporal?
-Según el doctor es permanente (dijo Jonathan suspirando)
-Bueno, entonces no podrás aceptar la oferta.
-¿Qué oferta?
-Una pandilla se enteró de algunas de nuestras aventuras, me contactaron para reclutar nos. ¡Subimos de nivel! Lástima que no puedas disfrutarlo.
-Sí, qué mal. (Respondió más que nada por decir algo, que por expresar algo que realmente sentía)
-Bueno, este es nuestro adiós, socio. No volveremos a vernos.
-¡¿Qué?! Pero somos amigos desde hace dos años, tal vez ya no podamos hacer fechorías juntos, eso no quiere decir que no nos reuniremos para comer o hablar.
-Eres muy ingenuo Jonathan (decía mientras se llevaba la mano a la cara) recuerda que solo nos conocimos para ser cómplices. Ser amigos nunca fue la prioridad, claro, convivimos en tiempos de paz, sin embargo, siempre había un crimen que saldría a la luz. Tú y yo nos necesitábamos para ejercer nuestros crímenes. Ahora que estás herido, y tengo nuevos cómplices por parte de la pandilla, no veo razón para seguir viéndonos. El trato acabó.
-Supongo que no te haré cambiar de opinión, así que es el adiós definitivo. Nos vemos, compañero. (Decía mientras extendía su mano para despedirse)
-Fuiste el mejor de los cómplice, nos vemos.
Luego de estrecharse las manos, el compañero de delitos de Jonathan se fue.
Jonathan se quedó en el sillón por mucho tiempo.
Días después de la despedida que tuvieron los compañeros, Jonathan decidió que retomaría sus estudios, ya que se salió de la escuela un año antes del incidente en la casa de Chucho, le comunicó a su mamá su decisión, ella se puso muy contenta y ayudó a su hijo a buscar los papeles necesarios para ser admitido en la escuela.
Dos meses después, a la hora del atardecer, Jonathan hacía su tarea. Notó un periódico del otro lado de la mesa, le dió curiosidad, y se dispuso a leerlo. Una noticia en específico lo dejó estupefacto, su amigo, el cual estuvo con él la noche del incidente, había muerto. Una guerra de pandillas se había presentado, un rival agarró desprevenido al joven y le tiró un disparo en la cabeza.
Al terminar de leer la noticia, Jonathan se sentó en el sillón para procesar la información. No podía creer lo que acababa de leer. Naturalmente, pensó en aquella noche en la que su mano se afectó, pensó en que si no le hubiera pasado esa situación, probablemente estaría muerto ahora mismo.



Jack Ligner

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En el texto hay: cuento real, antologa de cuento

Editado: 19.08.2019

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