Under My Wings

33-. Sorpresa

Era sábado. Apenas había pasado un día desde la partida Eve y no podía dejar de culparme por lo ocurrido. Debía haber ido tras ella, pero aquel sujeto, de alguna forma inexplicable, me lo impidió. Simplemente, no pude mover mi cuerpo hasta que ambos desaparecieron entre la multitud...

De improviso, el sonido del timbre interrumpió mis pensamientos. No quería levantarme de la cama. Tampoco me interesaba atender visitas inesperadas, pero quien quiera que estuviera al otro lado de la puerta siguió insistiendo, y finalmente, hizo que me levantara. Refunfuñando, me coloqué una camiseta blanca desgastada y unos pantalones negros. A continuación, bajé las escaleras y caminé hacia la puerta.

«Como sea un vendedor ambulante, lo voy a colgar», pensé, al mismo tiempo que giraba el pomo malhumorado. Entonces, me encontré de frente con mi padre.

—Chris, ¡cuánto tiempo! —exclamó.

—¿Qué haces aquí? —le gruñí. Después de todo, sus pocas visitas nunca eran por buenos motivos.

—¿Por qué esa cara? Solamente...

—¿Qué quieres? —lo interrumpí.

—Escucha, no tengo intenciones de discutir. Más bien vengo a negociar contigo.

—¿Negociar? —crucé los brazos—. Estuviste involucrado en el accidente donde murió mamá, desapareciste hasta ahora, ¿y pretendes hacer negocios conmigo?

—Sabes bien que no tuve nada que ver en el fallecimiento de Ruth, no soy un asesino.

—Es absurdo escuchar eso del mismo hombre que la golpeaba y nos abandonó en mi noveno cumpleaños.

Intenté cerrar con un portazo, pero él consiguió evitarlo colocando un pie en el umbral.

—Chris...

—Vete o llamaré a la policía —mi voz temblaba por la furia. El solo hecho de recordar aquellos acontecimientos despertaba el peor lado de mí.

—Al menos deja que te explique el motivo de mi visita.

—Que sea rápido —resoplé, a lo que mi padre esbozó una leve sonrisa.

—Sé que no tienes trabajo ni ingresos, y que tarde o temprano, te quedarás sin dinero.

—¿Y a dónde quieres llegar con todo esto?

—Es simple, quiero que vengas a vivir en mi casa.

—¿Por qué? ¿Qué ganarías?

—Estuve pensando en todo lo que ha pasado entre nosotros y quisiera compensarte por lo sucedido. Sé que la partida de Ruth ha sido difícil para ti, y te guste o no, sigues siendo mi hijo.

—Es tarde para usar ese discurso conmigo, hace nueve años me demostraste que eso no te interesa.

Hubo un silencio de varios segundos.

—Esto no es fácil para ninguno de los dos, pero ambos sabemos que es lo mejor —dijo mi padre—. Y si aceptas, me encargaré de cubrir todos tus gastos.

En parte tenía razón. Sin importar lo mucho que ahorrase, tarde o temprano me quedaría sin dinero para subsistir. Pero por el otro lado, podía estar casi seguro de que había algún interés de por medio.

—Sé que esto es muy repentino, así que mejoraré la oferta. Si vienes, venderemos esta casa y el dinero será completamente tuyo.

—¿Todo?

—Por supuesto —asintió—. Mis abogados se encargarán del papeleo.

Sería absurdo negar que sonaba tentador. El hecho de seguir habitando la casa de mamá después de su muerte era prácticamente una tortura. Y tampoco podía ignorar el hecho de que mis recursos económicos se terminarían tarde o temprano. En otras palabras, tenía frente a mí la oportunidad de reconciliarme con mi padre y obtener una solución a varios problemas; o podía conservar mi orgullo y rechazar la propuesta, a sabiendas de que era probable que terminara arrepentido. Visto así, la respuesta era lógica.

—Está bien, pero tengo una exigencia —lo miré a los ojos antes de continuar hablando—. Quiero permanecer en esta secundaria.

—No veo porqué no —asintió—. Recoge tus cosas, vendré a buscarte por la tarde —añadió antes de dar media vuelta y marcharse.

Cerré la puerta y subí las escaleras con rumbo a mi habitación. Entré a la estancia, saqué mi maleta del fondo del armario y comencé a empacar la ropa. Una vez lista, guardé mi guitarra en su estuche e hice lo propio con las cosas restantes; para luego colocarlas junto a la entrada de la casa.



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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