Under My Wings

38-. Toda la culpa

Nuevamente, me encontraba en medio de aquel interminable pasillo blanco, y frente a mí, se erigía una misteriosa puerta negra. Lo pensé por unos segundos, y con suma cautela, hice girar el pomo. Instantes después, mi otro yo pasó surcando los cielos a toda velocidad. Clavó su mirada en el suelo como si estuviera buscando algo, dio un violento giro en el aire, y a continuación, volvió por donde venía. Entonces, me di cuenta de lo que ocurría. Estaba buscando a Eve.

Sin embargo, al sobrevolar aquella zona, notamos que ahí solo se encontraba el sujeto que la había abrazado unos pocos minutos atrás. Chris hizo otro giro en el aire, y con cierta brusquedad, aterrizó en un callejón sin salida. Guardó sus alas y se volvió a colocar la chaqueta. A continuación, salió con dirección a la calle principal, y comenzó a caminar hacia aquel chico misterioso.

Este era bastante alto, de cuerpo atlético y una desordenada cabellera negra que cubría gran parte de su cara. Tenía ojos de color café, facciones alargadas y nariz aguileña. A su vez, vestía con una gastada sudadera de color gris, pantalones negros un poco ajustados y unas pesadas botas negras. Y por alguna razón, podría jurar que ya lo había visto antes.

El sujeto notó su presencia, y rápidamente, se giró hacia Taylor. Ambos intercambiaron miradas, aunque por varios segundos, nadie se atrevió a hacer nada.

—¿Quién eres tú? —preguntó mi otro yo, mirándolo a los ojos.

—Eso no es tu problema —respondió él, sosteniéndole la mirada.

Una sonrisa macabra se manifestó en el rostro de mi otro yo, pero a pesar de eso, el desconocido mantuvo su expresión seria. Entonces, Chris le dio la espalda a su rival, y en seguida, se dirigió hacia el callejón en el que había aterrizado.

A medio camino, se detuvo en seco. Se giró hacia el sujeto y le hizo una ligera seña con la cabeza. Al parecer, estaba invitándolo a entrar allí. Este se quedó mirándolo de arriba a abajo, y luego de pensárselo por unos cuantos segundos, decidió aceptar. Ambos entraron y quedaron a pocos metros de distancia.

—Eve es mía —espetó Taylor, rompiendo el silencio.

—¿Tuya? ¿Hablas en serio? —el desconocido soltó una sonora carcajada—. Mejor déjala en paz.

—Tú solo eres un obstáculo en mi camino y pienso encargarme de eso ahora mismo.

Dicho esto, mi otro yo se quitó la chaqueta de un tirón y la arrojó contra el suelo; a lo que su rival lo observó con desdén por unos instantes, e hizo lo propio con su sudadera.

—Parece que quieres hacerlo por las malas —gruñó el sujeto, quitándose también la camiseta. Taylor permaneció en completo silencio y una gran sonrisa se manifestó lentamente en su rostro. No sabía lo que estaba pensando, pero podía estar seguro de que no era nada bueno.

Sin embargo, ambos nos llevamos una gran sorpresa cuando, de improviso, el desconocido sacó unas largas alas blancas de su espalda.

—Esto será divertido —murmuró Chris antes de manifestar las suyas y arrojar una enorme flama negra contra su oponente.

Por su parte, aquel chico, haciendo gala de su agilidad, logró evadirla y respondió lanzando una estalactita que mi otro yo detuvo cubriéndose con sus alas.

—Nada mal, chico —vi cómo Taylor seguía sonriendo con sorna—, pero aun así no podrás detenerme, ella es mía.

—Me llamo Luke —aclaró él, materializando otra estalactita en la palma de su mano.

No obstante, antes de que pudiera usarla, mi otro yo saltó sobre él y le conectó varios puñetazos en el rostro. Ambos cayeron violentamente al suelo, y tras cortos forcejeos, Luke consiguió levantarse primero. Conectó un par de patadas en el esternón de su rival y le restregó la cara contra el suelo. A duras penas, Chris consiguió darse la vuelta para arrojarle una bola de fuego a su oponente, y este no tuvo más remedio que retroceder varios pasos.

Aprovechando este descuido, se reincorporó, tomó al chico por la cabellera, y con todas sus fuerzas, lo lanzó contra un gran contenedor de basura. Luke recibió el impacto de lleno, y antes de que pudiera reaccionar, un potente rodillazo le dio de lleno en el rostro.

—Suficiente diversión, ¿dónde está? —interrogó Chris.

—¿Crees que te lo diría? —Luke enseñó una sonrisa sangrienta —. No dejaré que te acerques a ella, nunca más.

—En ese caso, eres totalmente inútil para mí.



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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