Under My Wings

46-. Greene

Un día después:

Sentado en un banquillo del parque, observé cómo Mel, con cierta ansiedad, encendía su Marlboro y se lo fumaba con rapidez. En cuanto a mí, le di una última calada a mi Lucky Strike y arrojé la colilla hacia el contenedor de basura más cercano. Esta dio un gran giro en el aire, y por pura suerte, cayó directamente en el interior del basurero.

Al alzar la vista, noté cómo se aproximaba a nosotros un hombre de estatura mediana, cabello rapado, y bastante corpulento que encajaba perfectamente con la descripción que nos dieron; por lo que, supuse que era nuestro espía en la base Igmis.

En un acto reflejo, tanteé el bolsillo de mi chaqueta, y respiré aliviado al asegurarme de que el subfusil seguía allí. El jefe nos había dicho que aquel sujeto era de confianza, pero aun así, prefería estar preparado para cualquier situación.

—Ese es —confirmó Mel.

A medida que aquel hombre se acercaba, me di cuenta de que, tal como nos indicaron, vestía como un doctor común y corriente. Pantalones un poco anchos de color negro, zapatos blancos, anteojos con montura negra, una camiseta azul claro, y sobre ella, una impecable bata blanca.

De inmediato, me levanté del asiento, seguido de Mel, y nos acercamos al doctor; quien no pareció sorprenderse por esto y nos ofreció la diestra.

—Craig Anderson —me presenté, estrechando su mano.

—Matthew Greene —respondió él con una expresión seria en su rostro. Acto seguido, se giró hacia mi compañero e hizo lo mismo.

—Mel —gruñó este último.

A continuación, le hice una seña a ambos y los tres nos sentamos en el banco. El doctor observó el lugar por varios segundos, y luego posó su mirada en mí.

—Bonito parque, durante todo el tiempo que llevo en esta ciudad, nunca había estado aquí —admitió, alisando su bata con las manos. Un gesto de nerviosismo.

—Es un sitio muy tranquilo, perfecto para leer, o incluso meditar —afirmó Mel, siguiéndole la corriente.

—Vayamos al grano —espeté—. ¿Cumpliste con la misión?

—Podría decirse que sí —asintió el espía, acomodándose los anteojos. Otra señal de inseguridad.

—¿Qué quieres decir con eso? —interrogué, buscando algún indicio de que estaba mintiendo.

—La chica sigue viva, él está herido —respondió a secas—. No fueron tan idiotas como para caer en la trampa, pero aun así logramos destrozarle el hombro a Taylor.

—Siendo un Igmis, eso no sirve de mucho —negué con la cabeza—. Se habrá regenerado por completo mucho antes de que volvamos a encontrarlo —hice una breve pausa—. ¿Le hicieron algo a Eve?

—El disparo iba hacia ella, pero Taylor se interpuso y lo recibió a la altura del hombro.

—Bien, haz lo que quieras con ese idiota, pero recuerda que la orden es capturar a la chica, nada de lastimarla.

—Ya que lo mencionas, el jefe y yo estuvimos hablando acerca de esto —plasmó una sonrisa cínica en su rostro.

—¿Y a qué conclusión llegaron?

—La chica ha visto mucho más de lo que debería y no podemos arriesgarnos a que divulgue esa información, por lo que la orden de captura pasó a ser una recompensa por su cadáver —indicó Greene—. No hay otra opción.

—¡No pueden hacer eso! —grité—. ¡Ella es inocente!

—Tal vez lo sea, pero dejarla vivir es un riesgo muy grande.

—Entonces dejen que me encargue de ella, no dejaré que salga nunca de casa ni que hable con nadie más —supliqué—. Solo pido que no la lastimen.

—Me temo que eso es imposible, Craig —negó con la cabeza—. Las órdenes fueron explícitas y no puedo hacer nada al respecto. Tanto ella como Taylor están siendo rastreados por ambas especies, y aquel que los entregue, recibirá una gran recompensa en metálico.

—Maldita sea —murmuré—, esto no pinta nada bien.

—Y recuerda que, según el código, si decides ignorar instrucciones directas, serás juzgado como un traidor.

—¿Qué? ¡No puedo asesinarla, es mi sobrina! —exclamé, poniéndome de pie.

—Tú eliges, su vida o la tuya.



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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