Under My Wings

49-. Ofensiva

Eve:

A medida que Chris y yo nos aproximábamos al bosque, pudimos notar que una parte considerable de este se hallaba envuelto en llamas. Y juzgar por la apariencia de las mismas, el incendio crecía de forma gradual.

—¿Qué haremos ahora? —pregunté preocupada—. Nuestro refugio se quema.

—Buscaremos un escondite alternativo —respondió Chris, deteniéndose en el aire—. Donde podamos quedarnos y elaborar un plan.

Me fijé en cómo recorría los alrededores con la mirada, y acto seguido, señalaba la azotea de un edificio abandonado. Esta era bastante extensa, y tenía un laberinto de cajas apiladas que cubría casi toda la superficie. Gracias a lo poco visible que era desde el aire, podría servirnos como escondite.

—Podemos ir hacia allá —indicó, y me limité a asentir como respuesta. No teníamos demasiadas opciones a mano.

Volamos en esa dirección, y con mucha cautela, comenzamos a descender. Una vez allí, Chris escrutó los alrededores con la mirada y frunció el ceño.

—Parece despejado, pero iré a revisar para asegurarme —dijo, y en su rostro pude ver mucha preocupación—. Estaré de vuelta en un par de minutos.

—No tardes mucho —le pedí, recostando la espalda contra una pila de cajas.

Vi cómo unas llamaradas rojizas salían de su mano, y a continuación, se perdió caminando por aquel interminable laberinto de cajas. Por mi parte, me asomé al borde de la azotea, y mientras lo esperaba, le eché un vistazo a la carretera. Esta, como de costumbre, se encontraba colapsada por el tráfico.

Desde mi posición, pude escuchar varios cornetazos, e incluso sirenas de ambulancia. Al parecer, todo esto había sido causado por un accidente de tráfico a algunas calles de distancia. Solté un gran suspiro y me llevé las manos al rostro. Tendríamos que pernoctar aquí.

De repente, escuché un fuerte golpe a pocos metros de mí, y antes de que pudiera darme la vuelta, una mano apareció detrás de mí y me cubrió la boca. Intenté forcejear para quitármela de encima, pero mi cuerpo no reaccionó. Estaba inmovilizada.

—Silencio —susurró una voz masculina bastante conocida, y aunque quise responderle, tampoco pude hacer eso.

Sentí cómo el dueño de la voz me giraba hacia él, y al verlo, confirmé uno de mis peores miedos. Se trataba del otro Chris.

Vestía con un pantalón azul oscuro, zapatos negros y una gastada camiseta de color blanco. Su rostro tenía varias cortadas que, al parecer, eran recientes. Este sonrió, y llevando su índice a mis labios, dio un paso al frente. A simple vista, parecía estar mucho más fuerte que la última vez, y para empeorar las cosas, no venía con buenas intenciones.

—Tranquila, no te haré daño —afirmó, acariciándome la mejilla con el dorso de su mano—. Aún me sirves.

Dicho esto, rodeó mi cuerpo con sus brazos y salimos volando a toda velocidad. Pude ver cómo pasábamos entre varios edificios altos para después descender bruscamente. No entendí el porqué de esto, hasta que, de repente, noté cómo varios Igmis uniformados se aproximaban a nosotros.

—¡Alto ahí, Taylor! —ordenó uno de ellos.

Chris levantó el dedo medio en su dirección, y en seguida, intentó perderlos haciendo una maniobra aérea. Sin embargo, esto fue inútil, solo hizo que perdiéramos tiempo y los uniformados lograron rodearnos. Aun así, en un momento de descuido, Taylor pudo fugarse conmigo en brazos y ganar cierta distancia.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que volvieron a acorralarnos, y esta vez hicieron que nos detuviéramos en seco.

—Ya no tienes salida—dijo uno de los Igmis—. Entrégate y no lo hagas más difícil.

—¿Estás seguro? —respondió con una sonrisa confiada en su rostro.

—No hay forma de huir con esa chica en brazos.

—Ya veo —murmuró mi captor—. En ese caso, es toda suya —agregó, arrojando mi cuerpo al aire.

Sentí que alguien me atrapaba, y con el rabillo del ojo, observé cómo Chris aprovechaba ese momento para huir. Todo fue tan rápido que, en cuestión de segundos, ya había desaparecido por completo.

Nuevamente traté de moverme, y esta vez, pude lanzar algunos golpes al aire. No obstante, un gran sueño comenzó a invadirme, y aunque intenté resistirme, caí inconsciente tras unos pocos segundos.


 



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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