Under My Wings

9-. Perdón

Eve:

Ya era lunes por la tarde. Caminaba por el corredor de la secundaria, lista para irme a casa, y entonces lo vi de frente... era Chris. Hacía casi una semana desde que ocurrió el episodio de la fiesta, y aún seguía enojada con él; por lo que agaché la cabeza intentando que no me viera pasar, y para mi sorpresa, funcionó.

Acto seguido, fui hacia mi casillero, guardé los libros, y estando a punto de cerrarlo, noté que había un papel pegado en la cara interior de la puerta. Tras asegurarme de que no hubiera nadie cerca, lo despegué y leí su contenido.

"Si quieres divertirte un rato, ven al campo de fútbol americano y encuéntrame en la parte superior de las gradas, en la zona este. Te estaré esperando"

La verdad es que me parecía una propuesta bastante extraña, pero no tenía mejor que hacer, así que decidí arriesgarme e ir a averiguar de qué se trataba todo esto.

Una vez que llegué al sitio acordado, subí hasta la parte superior de las gradas, avancé con rumbo a la dichosa zona este, y allí me di cuenta de que esta se encontraba completamente vacía. ¿Dónde se suponía que estaba el autor de aquella nota? ¿Se habría cansado de esperarme, o solo se trataba de una broma? Fuera como fuera, no le di mucha importancia, y me senté un rato a escuchar música. Saqué los audífonos de mi bolso, y cuando quise conectarlos al teléfono, se me resbalaron de las manos y cayeron al suelo.

—Justo lo que faltaba —gruñí.

Me agaché para recogerlos, y observé que, junto a ellos, se hallaba una pequeña "X" dibujada en tiza, y sobre esta, un papel doblado por la mitad. En ese momento, llegó una idea a mi cabeza, ¿y si en realidad debía buscar otra nota en vez de a una persona? No era tan absurdo después de todo.

De inmediato, recogí el papel, y pude ver que tenía mi nombre escrito en el reverso.

"Sabía que no te ibas a resistir, ¿o me equivoco? De seguro tienes que tomar el bus para volver a casa, pero ¿por qué no te bajas un rato en la segunda estación? Te daré una pista: la siguiente carta está dispuesta a ayudar."

Debo admitirlo, mi curiosidad creció mucho más al leer esto, por lo que decidí seguirle el juego, y fui a la parada del autobús. Allí tomé el primero que pasó, y apenas llegamos al punto indicado, bajé con rapidez. Ahora solo debía conseguir la siguiente nota.

—¿Dispuesta a ayudar? —murmuré, releyendo la última pista.

Supuse que debía tratarse del puesto de policía más cercano, y sin perder tiempo, caminé hasta allá. Recorrí todo el lugar en búsqueda de mi objetivo, dando unas cuantas vueltas por los alrededores, y aun así, no vi nada importante. Frustrada, me senté al borde de un pequeño muro de ladrillos, e intentando ser lo más objetiva posible, comencé a descartar las opciones una por una.

Mientras estaba absorta en mis pensamientos, se me acercó una chica por el costado. Esta era alta y de contextura gruesa, parecía tener bastante prisa, y en su brazo izquierdo cargaba una carpeta llena de papeles.

—Disculpa que te moleste, pero creo que estoy perdida —bajó la mirada con timidez—. ¿Podrías indicarme dónde está la cartelera de ayuda?

—Por supuesto, sigue derecho por aquí —señalé la calzada—, la verás tres cuadras más adelante, junto a una tienda de ropa —dicho esto, la chica me dio las gracias y salió disparada en esa dirección.

Entonces, la respuesta al acertijo de la última carta vino a mi mente, ¡por supuesto! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Inmediatamente, me puse en pie y emprendí la caminata hasta aquel sitio. Al llegar, le eché un vistazo rápido a la cartelera, y sí, tal y como lo suponía, allí me esperaba una carta con mi nombre escrito en el dorso.

Quité el alfiler que la sostenía, y noté que no solo se trataba del papel, sino que también incluía una foto de tamaño mediano; en la que pude reconocer la fachada del bar al que había ido con Chris dos semanas atrás.

Ya comenzaba a entender de qué iba todo esto.

"Esta vez te la pondré más fácil, lo prometo: ¿ves el lugar de la foto? No sé tú, pero tengo ganas de tomarme una buena taza de café. Nos vemos allá."

La carta tenía razón. Tan solo el hecho de imaginar aquel lugar, me daba ganas de ir a tomarme un café; así que, me dirigí nuevamente a la parada, subí a otro autobús, y luego de unos cinco minutos de camino, me bajé justo frente al local. Acto seguido, entré y tomé asiento en la mesa más apartada que pude conseguir.

A los pocos segundos, se me acercó una chica pelirroja, vestida con su uniforme de mesonera: unos ajustados pantalones negros y una camisa vinotinto con el nombre del bar. En su mano izquierda traía una gran taza de café, y en la derecha, lo que parecía ser un papel doblado a la mitad.

—Tú debes ser Eve Valentine, ¿cierto?



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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