Valiente

4. Pesadilla.

Dos semanas después, Charlie se despertó después de una pesadilla, envuelta en lágrimas, estaba asustada... Se había soñado con el que había arruinado parte de su infancia, él le decía: "No eres nadie" "Tus amigos van a jugar de la misma manera que yo jugué contigo"... Charlie estaba llorando, vio su reloj y eran las dos con quince de la madrugada...

No puedo llamar a Miranda, no a esta hora. —pensó Charlie, lo pensó de nuevo y la llamó.

"¿Ha pedido usted servicio al cliente?" dice Miranda con voz adormilada.

"Serás estúpida." dice Charlie mientras ríe bajo.

"Así amas a tu mejor amiga." dice ella riendo. "Pero dime, ¿qué pasó?"

"Tuve una pesadilla, muy fea."

"¿Me llamaste por una pesadilla?"

"¡No, Miranda! Escucha." le dice Charlie y ella hace silencio. "Soñé que mi mayor pesadilla me decía que todos iba a jugar conmigo como él jugó conmigo una vez."

"¿Perdón?"

"Hay algo de mi pasado que aún no sabes." dice Charlie pegando un suspiro. "Cuando yo tenía ocho años, un primo..." dice y empezó a llorar. "Perdón, pero es muy difícil para mí este tema."

"Tranquila, toma tu tiempo." dice ella.

"De acuerdo... Él me violó..." dice ella y Miranda se queda sin aliento.

"¿Qué?"

"Sí... Después de ahí he soñado con él todas las noches, es algo que no sé ni cómo sacar." dice ella.

"¿Hace cuanto fue esto? Hay que poner el denuncio." dice Miranda.

"Eso pasó hace cinco años, cuando tenía ocho años." dice ella.

"¿Haz llorado lo suficiente?"

Esta pregunta de verdad dejó pensando a Charlie.

"No..."

"¿Por qué no?"

"Porque siempre he evadido el tema... Nunca le había dicho a nadie." dice Charlie, y fue como por arte de magia, que se puso a llorar y a llorar.

Charlie esa noche lloró todo lo que no había llorado en cinco años, y Miranda solo la escuchaba, a la mañana siguiente, la mañana de Miranda fue normal, a excepción de su madre que seguía ahí, pero no se quejaba, eran los últimos días que tenía que ir a la escuela, el otro año iría a octavo año del colegio.

Miranda se bajó del auto despidiéndose de Roberth y él se fue.

—¡Tú! —dice Antonio, saliendo de la nada de unos arbustos. 

—¿Qué quieres? —le dice Miranda mirándolo de mala gana.

—Me echaron del colegio por tu drama de mierda... Ahora, te vas a arrepentir de esto.

—Oh wow, ¡qué miedo! —dice Miranda fingiendo y después ríe. —Yo no te tengo miedo. —dice ella y se le acerca en forma retante.

—Cuídate.

—Mucho cuidado con amenazarme.

—No es una amenaza, es una advertencia, mi linda... No creas que porque tienes dinero eres mejor que yo.

—Tú no te comparas conmigo. —le dice Miranda riendo.

—Hey Antonio, aléjate de Miranda. —le dice Cody, detrás de Miranda, él venía con Lauren y Joseph.

—Oh, los enamorados, que lindo. —dice él riendo y se va.

—¡Miranda! —le dice él y se acerca hacia ella, haciendo que Miranda se voltee.

—Es un estúpido. —le dice Miranda y Cody la abraza, haciendo que ella se quede de una sola pieza.

—¿Te hizo algo? —le dice él y Miranda niega con su cabeza, ellos se separaron y él le sonrió.

—Que bueno. —dice él con una sonrisa.

Miranda saludó a sus otros amigos y caminaron los cuatro juntos hasta el salón de clases, llegaron y Miranda todavía pensaba en como Cody la había abrazado, no sabía ni que sentir.

—Niña, ¿me escuchas? —le dice Charlie en un susurro.

—Sí, tranquila. —dice ella y Charlie levanta una ceja.

—¿Qué te pasa?

Miranda le contó y Charlie no pudo contener la risa.

—Te gusta.

—Ay no, ¿qué te pasa? Nos conocemos desde el jardín de niños.

—Eso sería mejor, lo conoces muy bien. —dice Charlie con una sonrisa.

—Charlie ya... No más del tema, no me gusta y punto.

—Bueno, después no me hagas decir que te lo dije.

Miranda rodó los ojos mientras reía.

Los días fueron pasando hasta que salieron a vacaciones de verano, una noche calurosa, Miranda estaba en el balcón de su casa, con Charlie, estaban hablando de algunas cosas y le llegó una llamada al teléfono de Miranda.

"¿Hola?"

"Miranda..."

"¿Cody?"

"¿Estas con Charlie, cierto?"

"Sí, ¿qué pasa?"

"Pon el altavoz."

Miranda miró a Charlie y ella le hizo un gesto de qué pasaba, entonces ella puso el altavoz.



Monse Corrales

Editado: 05.02.2019

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