Vampires and Angels I

CAPÍTULO VII

Las cosas habían cambiado por completo para Adara. Lo que había comenzado como una simple sed de venganza ahora era algo más. De alguna forma la humana se había involucrado más de lo que a ella le hubiera gustado. La vieja profecía calaba en su mente como si nunca se hubiera borrado.

Era tan antigua que había pasado a ser casi un mito. Pero definitivamente los indicios de lo que estaba sucediendo, le daban a pensar que no era así.

—¿Estás completamente segura? —le preguntó a Evangeline.

—Por supuesto que no. ¿Deberíamos avisarle a Baastian?

—¡No! —gritó ella. Avisarle acabaría con sus planes originales, y para ella esto solo era un ligero contratiempo. —No estás segura, si vas con información que podría ser falsa, Baastian te matará.

Adara sabía que eso la detendría. No había nada a lo que ella le tuviera más miedo que a Baastian.

—Tienes razón.

—Yo voy a encargarme de todo, y no le vas a decir nada a Baastian.

Evangeline la miró con expresión de incredulidad. La vamptheria rubia era una de las más aguerridas entre su clase. Había sido criada por uno de los demonios de fuego más poderosos y despiadados de los profundos infiernos, a su esbelto cuerpo lo rodeaban grandes cicatrices producto de esa crianza.

—¿Qué? Estás delirando si piensas que voy a continuar siguiéndote el jueguito —le dijo ella con seriedad.

Adara no necesitaba más que un par de palabras para asegurarse de que su “amiga” se mantuviera callada, sin embargo, ella prefería usar otros métodos. Evangeline había sido criada por un demonio de fuego, pero Adara había sido criada por el mismo Baastian.

Le soltó una sonrisa irónica, Eva se la quedó mirando con la misma intensidad, retándola con esos ojos negros. Un veloz movimiento de Adara la hizo avanzar desde donde estaba hacia la otra vamptheria. Parecía una mancha negra revoloteando en la habitación. Para cuando Evangeline pudo reaccionar, Adara ya la tenía tomada del cuello, presionándola contra la pared con fuerza. Esta crujió a causa de la presión. Las alas de la vamptheria quisieron abrirse para atacar a Adara con los colmillos, pero esta la presionaba con tanta fuerza que le fue imposible moverlas.

—Sabes que solo necesito revelar un secreto para que estés muerta —su voz sonaba calma, no existía ni un atisbo de miedo o duda en sus palabras.

Evangeline la miraba con la más grande de las iras. Odiaba sentirse tan débil ante ella. Adara no la dejaba respirar, intentó con todas sus fuerzas zafarse de su agarre pero no pudo.

La miró un segundo más. El suficiente como para saber que había entendido el mensaje a la perfección; y entonces, la soltó.

La vamptheria gimió por aire, tosiendo entrecortadamente mientras llevaba una mano a su garganta, la marca de los dedos de Adara se habían quedado en su piel blanquecina. No volteó a mirarla porque sabía que si lo hacía la vampiresa era capaz de ahorcarla de nuevo.

—Está bien —respondió a secas.

Adara sonrió satisfactoriamente.

—Necesito tu ayuda. Debo encontrar a la vieja bruja.

—¿La bruja? ¿Hablas de la momia esa? —. A la mente de Eva se le vino la imagen de una vamptheria muy antigua, tanto que ya había perdido todos los dotes de una vampiresa de su raza. Le decían la bruja porque había aprendido a usar la magia, aunque ahora todo eso se había convertido en un mito, pero ella no estaba tan segura. Debía existir una explicación por la que había envejecido de esa forma. Las vamptheria y los vampthinae no envejecían.  

—Sí. Dijeron que se había retirado casi al borde mismo del abismo.

—¿Para qué la necesitas?

—Voy a convertirme en humana —la declaración de Adara sorprendió a Eva— temporalmente —aclaró, al ver la expresión atónita de la mujer.

—Estás loca. Si te descubren te matarán.

—Es por eso que no debes decir nada. Si caigo, tú caerás conmigo —. Adara sabía en lo que se estaba metiendo, pero no le importaba. Su sed de venganza y ahora su curiosidad, la dominaban. Necesitaba averiguar a toda costa si esa profecía era real, porque de ser así, la guerra que se avecinaba no iba a tener un final feliz. Al menos, no para ella.

—¿Le dirás a Zarek? —preguntó  Eva.

—Por ahora no. Pero si las cosas se complican, pídele ayuda.



Y.C. Socarras

Editado: 04.05.2019

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