Viernes y Vienes

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La estupidez fue tuya Nekane.

Nekane

Han pasado cinco días desde que inesperadamente me encontré con Lex.—Más bien, desde que me hice dueña de su galleta—Durante ese tiempo, cuando me cruzaba con él  por los pasillos o el comedor me saludaba con un leve asentamiento y una sonrisa el cual yo le devolvía.

 A veces sin intención me lo quedaba mirando cuando conversaba con su amigo Blaz—Nombre que Camille me informó—O ciertas ocasiones sentía una mirada y era él, pero no la apartaba se quedaba ahí observándome directamente.

 Así que Lex,—Nombre que también mi querida amiga me lo dijo.—le gustaba sólo mirar pero no acercarse, cómo si estuviera pensando en miles posibilidades o razones para no hacerlo.

Me gustaba saludarlo.

Su sonrisa era sensual.

Me interesaba sentir su mirada y brindarle una de vuelta. 

Él me llama la atención.

—Hola de nuevo. Deseas ordenar o ¿estás esperando a alguien?.— Ajá ese el chico guapo pero no bueno.

—Por el momento no gracias, estoy esperando a alguien.

—Está bien, cuando estés lista en ordenar me llamas.—Sonríe y se pone en marcha a seguir con las otras mesas.

 La mayoría son chicas por cierto.

Observo a las personas pasar por la ventana, escapando de la lluvia que se viene encima.

Escucho  cuando la puerta se cierra, sus tacones al chocar contra el piso.—La observo—Tan elegante como siempre.Arrastra la silla para sentarse.

—Perdón por la demora hija—Su seriedad presente— pero hoy el trabajo estaba un poco pesado.

—No pasa nada madre.—Las comisuras de mis labios a penas se deslizan en una sonrisa—¿Qué es lo que quieres hablar? y ¿Por qué aquí y no en casa?.—La miro, tan conservada y bella como si de rutina se tratase.

—Es sobre él cariño, él y yo.—Suspiro—Sé que no debo reclamarte, y sería injusta que lo haga pero ya es hora que dejes que él intente por lo menos una conversación contigo.—El bebé le fue con el chisme.

Me río, ya decía yo porque quería conversar conmigo en otro lugar.

—Imposible.

—No.—Me regaña—Tú lo haces difícil.

—¿Es que no lo entiendes cierto?.—Niego—La facilidad no va con nuestro caso mamá—Siento una incomodidad en todo mi cuerpo, esto es tan irónico—La mierda esa de escuchar gemidos y los cariñitos que se lanzan frente a mí me hacen dar ganas de ir a un hotel.—Mi mandíbula se tuerce cuando me da una cachetada.

Ah, yo y mis impulsividades de malas palabras.

—¡Tú mismo aceptaste esto!, ¿De qué te quejas si no hiciste nada para evitarlo?—Es suficiente por hoy.

—¿Yo, evitarlo?—La miro directamente—¿Y por qué no lo evitaste primero tú mamá?.—Se calla, vergüenza reflejada en su cara—No me importaba tus otros novios, pensaba que con alguno  llegaría a ser parte del pequeño círculo—Juego con el envase de la azúcar.—Una ridiculez pensar eso. No te miento, pero me dio asco en el instante que los vi.

—¡Entonces vete de la casa!.—Sus palabras se clavan en mi corazón, fuerte sin anestesia. Quedo helada, nunca pensé que me iba a decir eso. Tranquila me digo. 

Al ver mi reacción se da cuenta lo que dijo.

— Yo no quise..

Alzo la mano, deteniéndola

—Por algo estoy trabajando, no te preocupes sólo es cuestión de tiempo Amanda.—Soy débil al girar mi cabeza para no mirarla—Ahora por favor puedes retirarte que tengo ganas de un café y no quiero perder mi tiempo contigo.—Sólo me mira. Se va sin mirar atrás, ella no pierde el orgullo.

Es tan raro el sentir.

 

 



Miless

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En el texto hay: romance, humor amor, romance adulto drama

Editado: 05.11.2020

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