Volver a Amar. #3

Capítulo 3.

🍃Cayden🍃

 

Abroche mi cinturón, busco mi camiseta que debe estar en alguna parte de este Motel y en efecto lo encuentro al lado de los tacones rojos de la morena. La sacudo un poco antes de ponérmela y luego mi vista cae en la hermosa piel morena de la chica que se encuentra en la cama, una sonrisita tira de mis labios al recordar lo mucho que me había divertido la noche anterior. 


Ahora quiero ir a mi departamento, acostarme y dormir luego de todo el “ejercicio" que realizamos Sidney y yo… o era Silvia…  


Mierda, no era bueno prestando atención en los nombres de las chicas, no es mi culpa. Si vienen con un escote que les llega hasta el ombligo no puedo concentrarme mucho que digamos. 


En fin, ella estaba como loca anoche y no es que me quejara por ello al contrario, lo disfrute bastante.  


Camino hacia la puerta del baño y la abro, buscó algún cepillo sin usar que encuentro en el gabinete, me cepillo los dientes y luego lavó mi rostro. Me secó con la toalla y acomodo mejor este cabello rebelde que tengo. Salgo del cuarto evitando hacer mucho ruido, no quiero despertarla. 


Ella sabe que por la mañana me iría,  se lo dije y pareció importarle muy poco.  Lo único que agarre antes de salir son mis llaves, celular y billetera. En la fiesta me encontré con esa belleza y bueno una cosa llevo a la otra. Le aclare las cosas y ella no pareció tener quejas es de las mías que se divierte sin compromiso alguno. 


Luego de pagar la habitación del Motel fui al aparcamiento en busca de mi auto, lo busco con la mirada entre todos y no fue difícil encontrarlo ya que es el único azul estacionado. 


Subí al auto, arranqué y me marché del lugar. Cuando iba a doblar a la derecha para ir a mi departamento mi estómago gruñó avisándome que tenía hambre, al final gire a la derecha para ir a una cafetería, algo de cafeína y algún panesillo me vendrían fenomenal. 


Mis pensamientos por unos segundos se fueron en los panesillos de mi madre, una delicia total me imaginaba la cara que pondría si se enteraba que acabo de salir de un Motel. Uf, las charlas con ella se basan en que debería tomarme en serio a las chicas, buscar algo formal. 


Pero eso no va conmigo, yo respeto a las mujeres me cortaría la mano antes de tocarlas sin su consentimiento, jamás hablaría mal de una y menos si tuve una revolcada con ella, lo que paso entre nosotros se queda ahí aunque a veces habló de ello con Cameron no la insultaría. 


Y mi madre sabe como me educó así que no puede decir mucho, pero tiene la esperanza de que conozca a una buena chica… pobre de ella, porque yo en lo menos que pienso es en establecer una relación de noviazgo. 



💎💎💎 
 


—Nath deja eso —Mi voz sonó cansada. 


—No porque me cuides significa que tenga que hacerte caso. 


Negué con la cabeza exasperado mientras mi pequeño sobrino me mira de brazos cruzados. Nathan es hijo de Jake el esposo de mi hermana Danielle, ella no es su madre biológica pero es mucho más que eso, cuidó de Nathan desde los tres años y tienen un lazo muy fuerte que los une. 


Nathan es un buen niño, claro, cuando se comporta bien ya que tiende a ser algo desobediente cuando sus padres no se encuentran. 


—Tú mamá me dijo que no te diera caramelos a esta hora. 


—Mentiroso. 


La verdad era que Danielle no había dicho eso, pero ese niño con una cantidad absurda de azucar en su sangre significaba problemas. Dejé escapar un largo suspiro. 


— ¿Por qué no puedes ser ese niño adorable de hace unos años atrás? 


—Porque ya no soy un niño. 


Dejó la galleta sobre la mesa y fue a la sala a ver sus caricaturas. Apreté el puente de mi nariz cansado busque mi celular y llamé a Jake. 


— ¿Ya van a volver? —Fue lo primero que pregunte. 


Jake bufó al otro lado de la linea. 


—Acabamos de salir de tu departamento hace diez minutos. 


¿Diez minutos? Para mi ya había pasado mucho más tiempo. 


—No es por nada pero Nathan está algo molesto hoy. 


Jake suspiró... 


—Peleó con una compañerita suya —Explicó y arqueo una ceja—, así que no lo molestes, le prometiste a Dani cuidarlo. 


—Si lo prometí, ahora pueden irse a su cita en paz. 


— ¿Por qué mejor no lo llevas a la plaza? Sabes bien que Nath no toma una siesta a esta horas. 


—De acuerdo lo sacare a pasear. 


Mi cuñado gruñó. 


—Mi hijo no es un perro idiota. 


—Solo bromeaba hombre, cuida a mi hermana y diviértanse. 


Colgué la llamada, guarde mi celular en mi chaqueta y camine hasta el sofá me senté en el respaldero y Nathan me miró achinando los ojos. 


—Oye Nath, ¿Quieres ir por un helado? 


Él no respondió, solo apago el televisor y asintió repetidas veces. Agarre las llaves de mi departamento y salimos caminando, mi plan consiste en cansarlo así tal vez así logre dormir después. Luego de un poco de caminata vimos un kiosko donde se venden helados Nestle, de esos que están en un congelador y puedes ver los helados afuera del local. Nath miró los helados y se puso indeciso en cual elegir. 


Entramos al Kiosko con los helados en mano, ese niño eligió uno de frambuesa y otro de chocolate. Deje que caminara unos pasos en frente mientras sacaba mi billetera para ir a la caja. Levante la vista para mirar al cajero pero me quedé de piedra al ver a una hermosa muchacha con una camiseta roja con el logo del Kiosko, tenía la suerte de que su cabello se encontrara recogido en una coleta lo que me permitía ver su rostro a la perfección, ella miraba un punto fijo por lo que aproveche el momento para mirarla con detenimiento. Su rostro estaba pálido, las pecas eran mas visibles ahora, se esparcian por su nariz y mejillas de una manera tan adorable que la hacían ver menor.  Sus pestañas son gruesas y largas, parpadea unas cuantas veces para volver a prestar atención en su trabajo. 


Sus labios rojos me llamaban, era algo delicioso de ver como tenían ese color sin un labial en ellos. Sonreí de costado y camine con toda la gracia que me caracteriza. Nathan me miró con una mueca en su rostro pero me detuve cuando estábamos cerca. 


—Soy tu tío favorito ¿Verdad? 


—No. 


—¿Y si luego de un helado vamos por unas hamburguesas? 


Él parecía pensarlo.  


—Con papas. 


Estreche mi mano con la suya. 


—Hecho. 


Cuando nos acercamos ella se encontraba fregando algo, se veía demasiado concentrada por lo que no nos vio. 


—Hola. —Salude asustando a la muchacha. 


Ella levanto la cabeza de golpe y al verlo sus ojos se agrandaron, lo que me sorprendió fue ver como sus mejillas se teñian de un rojo suave y su mirada era difícil de descifrar, pero esos ojos eran tan… cautivantes. 


Ella se aclaró la garganta. 


—Hola —Murmuró en un susurró apenas audible. 



Mila Baez

Editado: 31.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar