Volver a Amar. #3

Capítulo 18.

 

🦋Geraldine🦋

 

Muerdo mi labio preocupada.

Los cortes de mi muñeca no cicatrizan, están empezando a descomponerse y eso me preocupa. Ha pasado una semana y media desde que no pude aguantarme las ganas de cortarme y ni señal de que comience a cicatrizar... al contrario, lucen peor. Lavo la herida con alcohol, mis ojos se cristalizan al instante.

Demonios.

La limpio con un algodón y luego la cubro con una gasa. Salgo del baño para ir a mi habitación cerrando la puerta detrás de mí, voy hasta mi armario en busca de una pulsera que pueda ocultar la herida pero no encuentro ninguna lo suficientemente grande así que tomo una pañoleta de colores y lo coloco algo flojo para que no me moleste. Me miro en el espejo y la palidez en mi rostro hace que suspire. He estado enferma del estómago, vomito todo lo que como cual embarazada, lo cual parece ser una broma de mal gusto. Camino hasta mi pequeño libro y vuelvo a escribir unas cuantas cosas, cosas que no puedo decir en voz alta porque no soy capaz de hacerlo.

— ¿Ger ya te sientes mejor? —Pregunta mi tía al otro lado de la puerta.

—Sí tía —Guardo el libro.

Avanzo hacia la puerta y tomo aire antes de abrirla, mi tía nada más al verme niega con la cabeza.

—Geraldine creo que debemos ir al Hospital…

—No —La corto—, no quiero saber si esto es algo que terminará matándome.

Ella niega con la cabeza rápidamente.

—Geraldine no digas esas cosas —Murmura regañándome—. De seguro solo son los medicamentos los que te hacen sentir así.

Asiento recelosa.

—Eso espero —Digo haciendo una mueca—. Hoy no iré a trabajar, ya sé lo comente a Danielle y dijo que no hay ningún problema.

Mi tía ya conoció a Dani, cuando vino a traerme en su auto a la casa porque ya era demasiado tarde. Se hicieron buenas amigas en estos días.

—De seguro, ella es un encanto.

—Vendrá a verme luego —Digo mirándola—, será mejor que prepares una tarta, se pondrá muy feliz.

Ella ríe pero me mira nuevamente se acerca y toca mi mejilla.

—Estás caliente cariño... mejor ve a acostarte —Murmura señalándome la cama—, yo te traigo un trapo con agua fría para bajar la calentura.

Asiento. Voy directo a la cama, me saco con pereza mis pantuflas rosas y me meto bajo las sabanas.

Tengo frío.

Cierro los ojos y miles de pensamientos merodean mí cabeza. Cameron ha estado muy unido a mí en estos días, lo cual agradezco. Cindy ya lo conoció, le cayó muy bien así que me alegré. De Cayden no sé nada, no lo he visto. Es como si la tierra se lo hubiera tragado. En parte me molesta que él ni siquiera haya hablado conmigo.

Yo no le he hecho nada.

Hablo de... te voy a besar, pero luego no. Siendo sincera había esperado que si me besara. Nathan fue el que me hizo reaccionar esa vez... o si no, no sé si hubiese podido alejarme. La última vez que lo vi fue ese día, cuando lo pille tocando la guitarra, luego de eso el bajo junto a mí y Nath, pero me ignoro y solo hablo con su sobrino.

Yo no podía evitar mirarlo interrogante. Solo quería saber que paso... ¿Por qué se puso celoso?

Suelto un bufido.

¿Por qué los hombres son tan complicados?

Tal vez sea lo mejor. Yo no debo estar juntándome con él. Cameron es la excepción, él ha demostrado ser un gran amigo. Cayden parecía... diferente pero veo que me equivoque.

Mi tía entra al cuarto con el recipiente de agua y hago una mueca.

—No quiero —Refunfuño como niña pequeña—, tengo frío no creo que tenga fiebre.

Ella se acerca y pone el recipiente en la mesita, se sienta a mi lado mientras moja el paño.

—Vamos Ger, quédate quieta para que pueda ponerte el paño. —Bufo pero me pongo bien, me lo pone en la frente y hago muecas.

— ¡Está frío!

Ella rueda los ojos con diversión.

— ¿Esperabas que esté caliente?

Iba a responder pero mi celular comenzó a sonar.

—Hola —Dije contestando la llamada.

—Hola Ger —La voz de Dani me saco una sonrisa—. Estoy yendo para tu casa no hay problema ¿no?

—Claro que no —Dije y mi tía me regaño por querer levantarme—. La puerta está abierta, así que cuando llegues solo entra.

—De acuerdo linda, nos vemos dentro de un rato.

—De acuerdo, adiós.

— ¿Era Danielle? —Asiento, lo cual hace que el paño caiga sobre mis ojos y mi tía lo acomoda—, oh, espero que se tarde, la tarta no estará todavía.

— ¿Ya estabas preparando una tarta?

—Sí.

—Pero si tú ni siquiera sabias que ella venía para acá.

—Magia.

— ¿Eres una especie de bruja o algo así? —Pregunto emocionada—, ¿Tengo una tía bruja?

—Lamento informarte que soy una simple muggle.

No pude evitarlo y estalle en risas. Seguimos la charlando mientras me colocaba el paño frio en la frente, una y otra vez hasta que el frio ya se me hizo costumbre.

—La hice de fresas, pensé que ibas a querer un poco.

—Sí, la verdad se me antoja.

Mi tía ríe.

—Dios Ger, andas vomitando y con antojos ¿Seguro de que no estás embarazada?

Mi sonrisa se esfuma.

—Te puedo asegurar que no estoy embarazada —Ella notó mi cambio de voz—. Nadie querrá tener sexo con una chiquilla con VIH...

Oigo un grito silenciado y ambas miramos hacia la puerta.

Danielle... Ella escuchó todo, me intento levantar, pero mi tía lo hace primero.

—Danielle, tienes que escuchar a Geraldine...

Ella no la mira me mira a mí.

— ¿Tienes Sida Geraldine?

Hago una mueca.

—En realidad es VIH... pero todo tiene una explicación, no lo tengo porque quiero…

— ¿Qué? No comprendo nada —Murmuró negando con la cabeza. Se la notaba preocupada.

—Celia... ¿Puedes dejarnos solas? —Pregunto, ella asiente sin decir nada. Sale del cuarto y yo me siento en la cama.



Mila Baez

Editado: 31.12.2020

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