Words Of Blood

capitulo 8

Los ojos de todas están abiertos en su máxima expresión, al parecer nunca habían visto o imaginado tal imagen.

 

-De esta manera jugarán con sus recuerdos, de esta y peor... Esto es solo el comienzo de lo que en verdad es capaz de hacer Hades-

No espero a que reaccionen y rompo la ilusión en pedazos, me doy media vuelta y me transformó en niebla. Quede absolutamente apestada con lo sucedido recién, a diferencia de él, yo no soy fanática del dolor ajeno y eso era justamente lo que veía en sus expresiones, en ellos se reflejaba dolor, dolor y más dolor; está bien que me guste que la gente se enoje conmigo pero no verlas sufrir. Llegó a mi sala correspondiente y busco ropa para ponerme, escojo lo mismo de siempre y me voy a darme un baño para poder calmarme un poco. Siento como mis células rugen de ira, siento el cambio de color en mis ojos y cada parte de mi cuerpo tensarse, sino me calmo podré hacer que personas inocentes mueran y ahora mismo es lo que menos quiero.

Después de terminar de bañarme y vestirme me subo a una de las panderetas para poder hacer que mi cabello se seque más rápido y poder pensar o mejor dicho a recordar.

Estoy cansada, Hades me ha vuelto a golpear, ya no sé cuántas veces me habrá golpeado desde que llegué a este lugar, mi cuerpo pesa por el hecho de recién haber abierto los ojos después de haber estado inconsciente. Alguien toca mi puerta, imagino ya quien es.

-hola Ofiuco, ¿cómo te sientes?

-mejor Pandora, gracias.

-hay una niña que a lo mejor te puede agradar, pasa.

Al decir eso se abran las puertas dejando ver una niña de mi edad, unos 11 o 12 años, es linda, rubia, un poco más alta que yo, ojos miel.

-hola, mi nombre es Lía, estoy para servirte- sirviente, pero no me gusta.

Nunca me agradó del todo la niña, parecía tener su pasado, bueno como todos en este lugar. Al llegar al inframundo aparentas tener otra edad por el simple motivo de que esa fue tu edad más feliz y agradable para ti, ella físicamente habrá tenido unos 15 años en el momento que murió.

Al poco tiempo Hades la encontró y nunca supe que paso con ella.

El aire empieza a helar, pero para mí es agradable, admito que recordar no es mi pasatiempo favorito, a decir verdad no tolero andar recordando cada segundo de mi mediocre vida.

El aire hace que mi cabello baile un rato a su ritmo, lento y tranquilo, sólo es el ritmo del viento lo que me ata a este mundo, en este instante.

-¿cómo hiciste eso?- volteo mi cabeza para encontrar al León, el viento cesa al igual que el baile que hacía mi cabello.

-¿qué cosa?-

-la ilusión-

-eso es sólo el inicio del poder que mantiene él, ni siquiera me inmute para crear esa ilusión, por ende Hades tampoco lo hará. El único peligro que puedes tener de mi parte, es que el me encuentre y por eso los mate a todos, él es el Dios menos escrupuloso de todos, no se molestara por mandar a matarlos, porque él personalmente no lo hará-

-interesante, ¿algo más que decir? Ya no te necesito, quiero que te vayas para poder acabar con tu padre tranquilo- somos dos neko.

 

-padre, tengo miedo...-

-eres el hijo de Zeus, mi hijo, como quieres ser llamado el líder de las constelaciones, el León, si le tienes miedo a tu propio dominio-

Antes de poder pensar mi padre me tira por el peñasco y me grita que para hacerle el honor a su nombre, tengo que subir por mis propios medios.

 

-¿planeas acabarme para luego hacerlo con mi padre?

No dice nada y eso no me gusta. Pongo una de mis manos detrás de mi chaqueta y afirmó la daga, si él me ataca tendré que ser más rápida. En menos de tres segundos una cuchilla con inscripciones celestiales viene directo a mí, le hago parecer que me voy a caer y antes de pararme por completo en la pandereta le lanzó la daga que tenía en mano, esta le roza el hombro provocando a él una cortada superficial. En eso me agacho para poder tenerlo más cerca y que me escuche mejor.

-no te conviene. Tenerme como enemiga- dijo lo más calmada que puedo en este momento, no quiero pelear, pero si me provoca no me queda otra cosa más que responder.

Me voy a mi sala caminando por la pandereta cuando me llega otra cuchilla, esta me corta de manera superficial pero como mi cuerpo responde de manera distinta a la de un ser humano, la herida empieza a sangrar igual como si me hubieran cortado la arteria principal. Sangre y más sangre, él se queda quieto y puedo ver cómo el momento de la muerte de ella pasa una y otra vez por su mente, incesante y arrollador, lo está destruyendo junto con muchas de las emociones que no debería conocer.

-un corte simple en mi cuerpo hace que expulse sangre igual que una catarata, acostumbraré a la sangre, tanto tuya como ajena, que en el infierno será tu mayor condena-

Al llegar abajo agarró un encendedor, le prendo fuego a la herida, lo que provoca que la sangre deje de salir y está empiece a cicatrizar. Antes hacer esto me dolía mucho, pero era la única manera de curar mi cuerpo, entrenar y recibir los golpes de Hades.



Hanna

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En el texto hay: pelea, dioses griegos, hades

Editado: 25.09.2018

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