Casi humana.
Enamoro corazones y rompo almas.

Mi escritura no se limita: se desliza, murmura, seduce.
Hay belleza en cada línea, pero también un filo que no avisa.

Cultivo la belleza de lo inevitable: en mis historias, incluso el final respira cerca.
No cuento historias, las convierto en atmósferas donde el deseo y la herida conviven.

Entrar es fácil. Salir… no tanto.
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