Extra Halloween

EXTRA HALLOWEEN

Colehed y Jayson.

—¿Es en serio, Jayson? —preguntó Colehed mientras miraba con asco el traje que usaba su novio —No me digas que te vas a poner esta mierda. 

—Sí —dijo él, colocando un puchero —, ¿qué tiene de malo?

—Cállate —Colehed rodó los ojos. 

—Y te he comprado uno —Colehed miró a Jayson con el ceño fruncido, sin creerse lo que dijo.

—Ni se te ocurra, es más, que ni se te pase por la cabeza creer que yo me voy a poner un traje para Halloween —Colehed se levantó del piso, donde se encontraba sentado con la espalda apoyada en la puerta mientras leía un interesante libro.

—Sí vas a vestirte —dice él, con seguridad. 

Colehed sonrió, malévolo. 

—Obligame —Jayson lo miró, pícaro. 

—Cállate y vístete —volvió a rodar los ojos.

—Prefiero quedarme a leer en mi cama —puso un puchero como todo niño pequeño mientras se lanzaba a la cama con el libro en manos. 

—Deja de leer porno, por favor —murmuró Jayson, mientras se colocaba la corbata negra correctamente.

—No es porno —negó Colehed.

Jayson miró a traves del retrovisor del espejo, leyendo el nombre del libro. 

—¿El libro se llama El Prostituto y no es porno? —resopló Jayson, dándole otra voltereta a los ojos —No sé en qué mierda piensan los escritores de ahora, están enfermos.

—Más respeto con Carlos —rugió Colehed, entonandose serio —. Es solo un niño.

—¿Estás leyendo un libro porno escrito por un niño? —Jayson se volteó para mirar a Colehed con un poco de estupefacción. 

—Bueno, cumple diecinueve —río Colehed —, pero cuando escribió el libro tenía dieciséis.

—Leer como adultos cogen escrito por un niño es un poco traumante, ¿no?

Colehed negó. 

—Bien, vístete, en diez minutos nos vamos, los chicos esperan abajo.

La casa en la que se encontraban todos era en una casa de verano que habían alquilado con el propósito de pasar Halloween solo ellos, en pareja, disfrutando de la noche con películas de terror y comida, bueno, mucha comida. 

Todos bajan, se reúnen y comen. Hablan de lo interesante que ha sido el día, de algunas cosas paranormales, disfrutan totalmente la noche hasta que después de la una de la mañana, todos se dirigen a sus habitaciones. 

—Quiero dormir por diez noches —dijo Jayson, quitándose la corbata —. Estoy agotado.

—¿Estás agotado? —preguntó Colehed. Jayson asintió —Que mal. 

—¿Por qué lo dices? 

—Nada... —musitó el de cabello castaño, mientras se quitaba toda la ropa lentamente —Solo que me da pena.

Jayson sabía lo que iba a pasar, y las provocaciones que hacía. 

Colehed se desnudó completamente, Jayson estaba que tragaba saliva con un problema bastante... duro.

Colehed agarró el libro que antes leía y empezó a leer.

—Oh, que fantasías tan... ardientes —comentó. 

—¿Unju? —dijo Jayson, sin prestarle atención ya que miraba a una parte fija del chico acostado mientras que su mano derecha se encontraba ocupada resolviendo. 

—Sí, o sea, puedes creer que... —Colehed se volteó —¿Qué haces? —sonrió. 

—Ponte boca abajo, la almohada en la parte baja de tu vientre, estira tus brazos y mira hacia delante —gruñó Jayson —. Que mejor  te voy a enseñar lo que este nigga sabe hacer.


Archie y Delia

—Que bella vampiresa — se rió Archie mientras entraba a la habitación.

—Cállate, zombie —Delia se rió también con lo que dijo. 

El chico se quitó un zapato, con el pie izquierdo, trató de quitarse el que le quedaba con el pie derecho, sin embargo, dio un movimiento en falso que lo hizo tropezar, para no caerse al suelo agarró a Delia y ambos se fueron a la cama, que era lo que más cerca quedaba.

—¡Archie, imbecil! —gritó ella, riéndose. 

—Delia, tarada —habló el.

—Tarada tu polla —bramó Delia.

—¿Mi qué?

—Tu polla —rio, levantándose.

—No, no, ¿a dónde vas? —la agarró y lanzó otra vez a la cama, a su lado.

—¿Qué es lo que es tarada?

—Eres masoquista, te he dicho que tu polla —se relamió los labios.

—¿Ah, sí, vampiresa? 

—Sí.

—Bonitos dientes —dijo él, colocándole los dedos a los dientes de plástico.

—Son paea chupar mejor —ya el pendiente que tenía Archie comenzaba a tomar poder.

—¿Y chupar qué, con todo respeto?

—Chupar lugares del cuerpo.

—Muéstrame. 

—Pues chupar aquí —Delia le dio un leve chupón al cuello de Archie —, aquí —le dio otro en los labios —, aquí —le dio otro en su pecho.

—Hmh, ¿y por si acaso los vampiros no chupan un poco más abajo? —preguntó, con una sonrisa maligna. 

—Claro que sí —Delia siguió bajando —, chupamos aquí —bajó a su pecho —, aquí —siguió más abajo —aquí —llegó a su ombligo.

—Por ahí si es rico... —gimió el de cabello anaranjado.

—¿Sí?

—Unju. 

—Chupamos aquí —bajó a sus muslos, evitando aquella parte.

—No, no, no, no, ahí no me gusta, más arriba.

—¿Aquí? —preguntó ella.

—Un poquito más a la... o si, a la derecha, ahora, oh, por Dios, sí, justo ahí... —gimoteó —, pero creo que de esa forma no.

—¿De qué forma? —Delia levantó una ceja.

—De esta —Archie se tocó el pantalón que tenía, y por un agujero cerca, sacó lo que quería que realmente le chupe, tomandolo por la mitad con su mano —. Con ropa no se chupa. 

Nathan, Josué e Iris. 

—Yo soy de los que se ahorran escenas, quiero incrustar a mi amigo en ustedes —Iris y Nathan se rieron con el comentario de Josué.

Josué y Nathan comenzaron a besarse, Iris se quitaba los tacones mientras los veía. 

—Esperenme —ambos sonrieron y unieron a la morena en sus besos de tres, donde se comían la boca una con otros.

—Hincate —mandó Josué a Nathan.

—Bien.

Josué metió la mano por dentro del vestido roto de la novia ensangrentada.

—Oh, Dios, con una novia del terror como tú, que me parezca todo los días —musitó, jugando con sus dedos.

—Lo mismo digo, cura —gimoteó —. Yo un cura como tú no falto un domingo a misa.

—Y no se diga del esposo —Josué le puso una mano en la cabeza a Nathan, presionandolo —. Cuando quieran pasan por mi habitación a descuartizarme, a matarme, a hacerme lo que quiera.

—¿Y si pasamos a la cama? —Nathan se levantó, besando a Iris.

—Buena idea.

Deniel y Audrey

—Princesa... —dijo Deniel, Audrey miró a su novio mientras estaba antes concentrada en el espejo —Siempre serás una princesa.

Audrey rodó los ojos, un poco sonrojada.

—Amé el traje —dijo ella —. Comprarme un traje de princesa te ganó puntos.

—Lo malo es que no encontré de bebé —ambos se rieron.

—Oye... —Deniel se levantó de la cama y fue hacia donde su novia —Haré algo de comer ahora, ¿bien?

—Deniel, acabas de comer allá abajo.

—Sí, pero tengo más hambre. 

—Ay, ya come después.

—No.

—En un rato.

—No.

—Ahora no.

—Que no.

—¿Nada te sacará de la cabeza la idea de irte a comer? 

—Sí —afirmó. 

—Bien, al menos ayúdame a bajarme la cremallera de este vestido. 

—Vale.

Deniel obedeció a su novia, y mientras bajaba lentamente la cremallera se fue dando cuenta que debajo de aquel vestido se encontraba un conjunto bastante ajustado digno de ser un paraíso.

—Carajo —musitó.

—¿Qué?

—Nada.

Siguió bajando hasta el tope. Audrey agradeció, él se quedó embelesado mirando el cuerpo que ha sido suyo tantas veces y que quiere que lo sea la vida entera.

Audrey se terminó de quitar el vestido y se dejó ver con una ropa interior que no solo le endureció el alma a Deniel, sino algo extra.

Deniel se mordió los labios. Miró como su novia caminaba hasta llegar a la cama, y casi le dio un infarto por la posición que eligió para ponerse. 

—Bebé —dijo Audrey, inocentemente —. ¿No que ibas  a comer?, ve.

Deniel se acercó, se acostó en la cama quitando su ropa rápidamente, quedandose en bóxer y rozando aquella parte con la espalda de Audrey por lo cerca que estaban, hasta puso una mano en la parte delantera de su novia, jugueteando.

—No, princesa, se me ha quitado el hambre.

Azael y Amy.

Amy cerró la puerta de la habitación de Azael mientras ambos entraban carcajeando, estaban con un poco de alcohol en las neuronas, pero nada significativo.

—Fue una estupidez, la verdad.

—Ya veo —ambos llegaron a la cama y se acostaron.

Amy se levantó de la cama unos segundos después, se metió al baño y empezó a orinar. 

Justo cuando ella terminó, habló Azael.

—¿Te dije que ese traje te queda sexi? —Amy río.

—Toda la noche.

—Ese traje te queda sexi, caperucita.

—Muchas gracias, lobo feroz.

Azael fue quien se paró a orinar, Amy se quedó quitándose una pestaña y en unos segundos Azael le dio una nalgada. 

—Rico.

Amy salió del baño en menos de cinco minutos, con las pestañas quitadas porque le incomodaban. 

Amy se acercó a la mesita de noche a buscar su celular para ver qué tal estaban sus padres, y cuando se dirigió le llamó la atención un tarro lleno de dulces.

—¿Y esos dulces? —preguntó Amy. 

—Los he traído para pasar la noche comiendo.

—Comerás tú, dirás.

—Comeremos —bramó Azael —. Hay chocolate de leche, como te gusta.

—Tú sabes la otra leche que me gusta —Azael río.

—Pues tú bebes de esa cuando quieras.

Amy se acercó a Azael, y le dio un beso. Este tomó tres chocolates del tarro, de los favoritos de Amy.

—¿Quieres? —preguntó. 

Amy asintió.

Azael abrió los tres paquetitos de chocolate, uniendolo los tres.

—En Halloween, para obtener dulces, cómo se dice —curioseó.

—¿Dulce o truco? —Amy frunció el ceño.

—Eso mismo te preguntó, Amy —rio, entrándose las tres barras de dulces en la entrepierna de su pantalón —¿Dulce... — mostró dos de los dedos que sabía usar muy bien —... O truco?

2 comentarios

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Luciana Cabrera
01.11.2022, 20:15:22

Na na na moriiiiii,que extraña por favor!!!! Gracias, gracias los amé!!
Que grande sos Carlos!!!

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Dubeisy Ibarra Morales
01.11.2022, 16:51:59

Que buen extra???.... Me encanto y me dio nostalgia... Gracias Carlos..

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