Madrileña. Compagina su trabajo remunerado con el arte. Desde pequeña se dedicó a dibujar, hasta que “marmalade boy” le dió un destino claro. Cómic tras cómic fue perfeccionando sus historias hasta que en 2012 se matriculó en Esdip y allí descubrió su vocación por contar historias gracias a Monito Amarillo. Con la nueva meta de guionista en mente, y una imaginación desbordante y llena de universos enteros; Virginia trasformó su nombre real, simplemente traduciéndolo al inglés. Así, Ginny Barnaby-Fields combina la narrativa rica en detalles con diálogos ágiles y llenos de matices, en historias con una personalidad romántica y llena de variedad de personajes carismáticos.
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