10 Razones Para Amar A Mr. Nash

CAPÍTULO 6: BESOS

CAPÍTULO 6

BESOS

La noche era de esas oscuras sin luna ni estrellas. Caminamos en silencio pasando el estacionamiento de autos hasta adentrarnos por un camino estrecho entre una densa arboleda.

Una suave brisa se colaba por debajo del vestuario y apaciguaba el sudor frio que me corría por la espalda. Era extraño que no me causara temor encontrarme en aquella situación. En otras circunstancias, sin duda así sería. Pero algo en él me inspiraba confianza. ¿Sería su olor que también me resultaba extremadamente familiar? Tal vez.

El hombre con el que llegué hasta allí era un extraño al que no había visto el rostro y ni siquiera me hablaba pero me transmitía tranquilidad. Creo que no me atemorizaba la idea de encontrarme a solas con este desconocido porque era… ¿Mr. Nash? Para mí, lo era.

—Y bien…ahora que estamos solos ¿piensa hablar y decirme quién es? —volví a preguntar.

Él me observaba sin apartarme la vista ni por un segundo. Aunque la noche era oscura, sus ojos grises brillaban y parecían iluminarlo todo. No obstante, de su boca seguía sin salir ni una sola palabra.

Lo que recibí por respuesta fue un rápido movimiento de su parte. Me rodeó con sus brazos y me atrajo hacia él con tanta firmeza que cuando vine a reaccionar ya estábamos rozando nuestros cuerpos. Sentí su aliento sobre mi piel y una corriente sensual se desató entre nosotros. Sus manos, hasta entonces tranquilas, hicieron un súbito movimiento logrando atraparme sin darme espacio para escapar. No que yo tampoco quisiera hacerlo.

Acercamos nuestras bocas y nos besamos con pasión, con un deseo desenfrenado y demente. Su lengua se enroscó con la mía. Me colocó una mano tras la nuca como para evitar que yo volteara el rostro, cosa que tampoco pensaba hacer. La lujuria se había sellado entre nosotros.

Hubo algo especial en aquel primer beso. Era tan desesperado que me hizo pensar que era deseado, quizás anhelado por mucho tiempo y que al fin se concretaba en la realidad.

No sé cuánto tiempo duró porque quedé como suspendida en el aire. El extraño no parecía querer soltarme ni yo deseaba que lo hiciera. Imaginé que aquello era el preámbulo para una gran noche de seducción y me aventuré a susurrarle al oído: “me gusta, quiero más…” Luego solté un gemido de placer seguido por aferrarme todavía más fuerte a su cuerpo. Nunca había sentido tal sentido de urgencia, de sensualidad y deseo por alguien.

Apartó su rostro de mí por un instante. No respondió pero se quedó reflexionando con intensidad. El silencio era indicativo de lo difícil de la decisión.

“Quizás me apresuré, quizás todavía no” pensé.

Volvió a acercarse y continuamos besándonos con desenfreno. Cada beso era un pedazo de cielo. Era su boca ¡Tenía que serlo! Solo Mr. Nash podía besarme de aquella forma. Solo él. ¿O estoy deseándolo tanto que ya deliro?

— ¿Debo prepararme para regresar a la mesa con mis amigas o me hará suya esta noche? —el ardor que sentía me empujó a decirle.

Su insistente silencio iba a enloquecerme. Necesitaba escuchar su voz para quitarme aquella duda. Necesitaba hacerlo reaccionar de alguna forma.

— ¿Eres…Mr. Nashville? —me atreví a preguntar.

De golpe todo terminó.

Se apartó de mí de forma precipitada y brusca. Su reacción hizo que me confundiera.

Se alejó caminando. Al principio lentamente y luego deprisa y dejándome atrás. Me fui tras él. Lo seguí con toda la rapidez que mis piernas y el cargado vestuario me permitieron.

—No hay nada de malo, profesor Nashville —intenté explicarle siguiéndolo por el camino de la arboleda —Somos adultos, será un asunto privado entre dos personas que consienten. Nadie tiene que enterarse…

No logré que reaccionara. Mis palabras no surtían efecto. Mi poderosa voluntad luchaba contra su poderosa resistencia. Cada vez más confundida, me preguntaba: ¿A dónde se fue el hombre que segundos atrás me besaba con pasión? ¿Por qué es incapaz de expresar con claridad que yo le gusto?

¿Por qué no puede hacer como yo? No tengo reparos en proclamar que me fascina todo de él. Desde cuando le niega a sus ojos cualquier nerviosismo visible hasta cuando reprime los músculos de la cara para mostrar indiferencia ante mi presencia. Todo, todo me gusta.

Ahora siento que se me escapa. Que lo eché todo a perder con mi impaciencia. O acaso… ¿No era Mr. Nash y estaba ofendido con que lo llamara por otro nombre que no le pertenecía?

Hice mi mayor esfuerzo pero no logré nada. Nunca pude alcanzarlo y se perdió en la oscuridad de tal forma que parecía que desapareció en el aire.

Terminé regresando a la mesa con mis amigas. Estaba llena de furia y decepción conmigo misma. Lo tuve a mi alcance y no supe retenerlo. ¡Que estúpida fui!

— ¿Qué pasó, Nikki? —me preguntaron.

Lancé un bufido de exasperación.

—No puedo hablar, necesito un trago —respondí y le hice una señal a la encargada para que me sirviera.

—Con gusto…pero le advierto que el caballero ya saldó su cuenta y se marchó…—me explicó con cara de mortificada.

—Dígame, por favor, quien era —le rogué.

No soltó prenda y se limitó a negar con la cabeza.

—Le daré el doble de propina si me dice —ofrecí con el mayor descaro.

La hice dudar con mi ofrecimiento. Por un momento titubeó pero volvió a negar con la cabeza y sentí ganas de zarandearla hasta sacarle le verdad.

—Déjalo ya, Nikki…—intervino Laura.

Me rendí. Me quedaba claro que aquella noche me quedaría con el misterio.

Ante la insistencia de mis amigas, les conté todo lo que había sucedido. La votación sobre la identidad del desconocido fue mixta. Camila y Stephanie votaron a favor de que se trataba de Mr. Nash mientras que Laura se sostuvo que no lo era. Le parecía poco probable que anduviera sin la Veronique pegada a sus espaldas. Yo, por mi parte, ya no sabía que pensar.

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