11 Lamat 5 Kimi Del Miedo Al Libro

Capítulo 1: " El cuarto gris"

*CAPÍTULO 1: "EL CUARTO GRIS"*

_"Hay infiernos que no tienen fuego. Tienen alfombra gris, ceniza de cigarro y a un niño de 5 años preguntando qué significa 'quehacer'."_

*I. EL DÍA QUE MAMÁ SE HIZO GUERRERA*
Tenía 5 años. O 6. Mi cerebro no archiva la edad exacta, archiva el temblor.
Iba a entrar a primero de primaria cuando mamá, por primera vez, me enseñó lo que era ser fuerte. No con palabras. Con los pies.
Mamá se fue.
Se fue del cuarto gris donde vivíamos los cuatro: ella, papá, mi dulce hermana y yo. Ese cuarto estaba en casa de mi abuela paterna, pero de hogar no tenía nada.
Mamá se fue por el maldito infierno que mi padre llamaba "vida familiar". Su idea retorcida de amor era humo, golpes y amenazas.
Se fue por la mañana. Yo dormía.
Tan cansado estaba mi cuerpo de niño-soldado que no desperté hasta que el silencio me golpeó la cara.
Desperté y el cuarto estaba vacío.
Solo quedaba la alfombra gris, polvosa de cenizas de cigarro e incienso que picaba la nariz. Ropa tirada. Y una soledad tan densa que se sentía como si el cuarto siguiera lleno… de fantasmas.

Hoy, 11 Lamat, me pregunto con rabia y con una tristeza que no cabe en el pecho:
_¿Cuánto miedo tuvo que tragarse mamá para huir dejándome con él?_
Estoy seguro que las amenazas, la violencia psicológica y física fueron su cadena.
Estoy seguro que él le dijo: _"Llévate todo, deja al niño"_.
Y ella obedeció. No por cobarde. Por sobreviviente.
Porque a veces, para salvar a uno, tienes que perder al otro.
Y ese día, el que se perdió fui yo.

*II. LA MIRADA QUE INAUGURÓ EL INFIERNO*
En la ausencia de mamá y con el humo de papá disipándose entre cajetillas, lo vi.
Por primera vez vi _esa_ mirada.
Carente de conciencia. Perdida en la rabia. Perturbada por sustancias.
Ese día comenzó el infierno.

Papá olía a perfume barato, de esos que no tapan: anuncian. Olía a incienso rancio que irrita los ojos. Su aliento era de pirata borracho: alcohol y cigarro navegando en su boca cada vez que hablaba.
Y su mirada… su mirada cambiaba.
De papá borracho a loco asesino cuando los polvos blancos entraban en juego.
Papá no era un hombre. Eran muchos hombres dentro de uno solo.
Él mismo se bautizó _"sollosinsorriendo"_.
Era violento, grosero, triste, enojado, soñador, feliz con sustancias, depresivo sin ellas. Inconsciente.

Ese día que mamá fue valiente, él me miró con la mirada loca y me dijo: _"nos dejó"_. Y se empinó un whisky.
Yo no lloré. Mi autismo no procesaba el abandono: procesaba el dato.
Solo pregunté: _"¿Has visto mi libro?"_
Era una biblia para niños. Tenía dibujos. Me hacía sentir algo familiar. Como si Dios viviera en esas páginas y no en el cuarto gris.

*III. "SANTO DIOS MÍO" Y LA PRIMERA TÉCNICA DE SUPERVIVENCIA*
Papá señaló una bolsa con ropa. Ahí estaba mi libro.
Lo tomé y, con la inocencia de un niño de 5 años que cree que los libros salvan, le dije: _"mira, te voy a leer algo"_.
Abrí en cualquier página y balbuceé. No sabía leer, pero fingí. Al final dije _"Santo Dios mío"_ para que sonara real.
Y pasó algo que no esperaba: papá lloró. Lloró desconsolado.
Así que lo repetí. _"Santo Dios mío"_, con mi mano en su frente.
Me miró sorprendido, como si yo tuviera el poder de quitarle el llanto.
Y por un segundo, me sentí especial. Poderoso. Fuerte por él.

Ese fue mi primer error.
Porque al día siguiente conocería la escuela de Papá.
Una escuela donde se aprende a llorar a la fuerza y a parar de llorar a la fuerza.
Donde te enseñan a controlar el miedo, el dolor y el llanto con técnicas violentas y psicológicas.

Después de que mamá se fue, papá eligió el camino de los vicios para "superarla".
Llegaba tarde del trabajo con aliento de pirata legendario y ojos de asesino.
No decía Hola.
Me hacía la misma pregunta todo un año:
_¿Por qué no hiciste el quehacer?_

*IV. LA PALABRA QUE ERA GOLPE*
La primera vez mi mente la buscó en mil neuronas el significado de "quehacer". No encontró nada.
Así que dije la verdad: _"Papá, ¿qué es quehacer?"_
Respuesta incorrecta.
Me tomó del brazo. Sentí su fuerza. Y después el golpe en la espalda.
Me asustó todo: el ruido, los gritos, el dolor repitiéndose. Lloré.
_¡Cállate, o te pego más fuerte!_, gritó.

Y ahí aprendí la primera lección de la escuela de Papá: *llorar está prohibido.*
Después de varios golpes lo logré. No perfecto: se me salían sollozos y lágrimas. Pero ya no lloré tan fuerte y me soltó.
Controlé todo menos el miedo.
El miedo se tatuó en mi alma con la palabra *TERROR*.
Esos ojos de loco, los gritos, la práctica de silenciarme con rabia… entendí que yo era algo malo en su vida.
Que "quehacer" era mi sentencia.

Busqué respuestas en los dibujos de la Biblia. Nada tenía sentido.
Así que fui con mi tía, la de la papelería. Con miedo le pregunté: _"Tía, ¿qué significa hacer quehacer?"_
Confundida dijo: _"Es hacer limpieza: barrer, sacudir, lavar, trapear"_.
Medio entendí. Pero era hora de estar preparado.
Le pedí prestadas escoba, cubeta, trapeador y mechudo.
Y aquel niño de 5 años hizo su quehacer como pudo.
Al menos las cenizas de papá ya no estaban en la alfombra.
Me sentí feliz. En paz. Seguro de que _sí_ había hecho el quehacer.

Cuando llegó papá, preguntó lo mismo: _¿Por qué no hiciste el quehacer?_
Yo, orgulloso, contesté: _Sí lo hice, pregúntale a mi tía_.
Gritó: _"¡ESO no es quehacer!"_.
Y la práctica de golpes, insultos, terror y tragarme las lágrimas empezó otra vez.

Ese año mis días eran: limpiar, barrer, doblar poca ropa, bolear zapatos, ir a la escuela, memorizar el camino a casa de mi abuela, sacar buenas calificaciones, recibir insultos, golpes, aprender a callar mientras papá me rompía, extrañar a mamá en el cuarto gris y refugiarme en mis lágrimas cuando él no estaba.
Ahí, solo, me ponía la mano en la cabeza y susurraba _"Santo Dios mío"_.
Porque tenía esperanza en esos dibujos. Eran mi consuelo. Mi poder.



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En el texto hay: miedo, novela, miedo y destino

Editado: 02.08.2026

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