11 Lamat 5 Kimi Del Miedo Al Libro

Capitulo 2: primero de primaria con miedo en la mochila

*"CAPÍTULO 2: "PRIMERO DE PRIMARIA CON MIEDO EN LA MOCHILA"*

_"Entré a primero de primaria sin saber leer, pero sabiendo de memoria el mapa del terror: 15 minutos, zapatos boleados, y 'Santo Dios mío' como único rezo."_

*I. LA PRIMERA LECCIÓN NO ESTABA EN EL PIZARRÓN*
Entré a primero de primaria sin saber leer.
Pero mi mente ya sabía perfectamente qué era un golpe.
Y cómo memorizar un camino para sobrevivir.

Uniforme completo: pantalón azul, camisa blanca, zapatos negros que yo mismo aprendí a bolear. Porque el _"quehacer"_ me lo enseñó.
Todo era nuevo porque mi tía, en su negocio, vendía los uniformes de la primaria a la que yo iría.
La escuela estaba a 15 minutos. 15 minutos a pasos chiquitos de mis zapatos del cuarto gris donde vivíamos papá y yo.

Me llevó mi papá el primer día de clases. No por cariño.
Me llevaba repitiendo como mantra: _"aprende bien el camino, mañana te vas y regresas solo"_.
Ese era, en verdad, mi primer _"quehacer"_ de la escuela: *memorizar la ruta para caminar solo a los 5 años*.

Durante un año escolar completo, los nervios en la panza no eran por el primer día de clases.
Eran por no perderme.
Por no hacerlo mal.
Por no llegar tarde y que hubiera más golpes.

*II. DISOCIADO ANTES DE SABER LA PALABRA*
Entré al salón disociado. Mareado por el cantar de papá de _"memoriza bien el camino"_. Mareado por los golpes y gritos del _"quehacer"_ de ayer.
Mis compañeros eran manchas. Las voces, el ruido.
Hasta que la maestra me nombró y me sentó.
Tuve que integrar mi cuerpo a la fuerza.

Ese día solo llevaba un lápiz y un cuadernito. Los útiles los pedirían después.
Cuando mi tía me dio la mochila, con los meses se hizo pesada: cuadernos, libros, colores.
Pero el peso real no era el material.
Era cargar el miedo de la casa a la escuela y de regreso.
Porque papá había agregado otra excusa para enseñarme a no llorar:
*Buscar recados en mis cuadernos de la maestra.*

Ella reportaba que me aislaba mucho. Que tenía un comportamiento _"antisocial"_.
Y por eso había más lecciones de aguantar el dolor sin gestos.
Esto era todos los días: cargar el Miedo 15 minutos de ida y 15 minutos de regreso.
Memorizados como rezo: _"Santo Dios mío"_.

*III. LA ESCUELA: REFUGIO CON GRIETAS*
La escuela sí fue refugio a ratos. Ahí nadie me gritaba _"quehacer"_.
Pero el golpe me siguió. Se cambió de manos.
Los de sexto me encontraron.

Una ridícula dinámica donde un gorila de 6º grado le dan el papel de chaperón, seguridad y anfitrión de la primaria para los de nuevo ingreso.
Y ahí estaba el nuevo maestro de golpes e insultos, parado frente a mí, con su torta a medio comer.
El uniforme le parecía más uniforme de guerra: pantalones rotos, camisa sucia y desfajado.
Era moreno, alto y grande. Inconsciente. Sin empatía.
Era como papá.

Aunque él me enseñó nuevos golpes. Él pegaba en la cara, la panza, costillas. Daba patadas.
Y también insultaba diferente: me decía cosas sobre mi físico. _Flacucho, casi desnutrido, ojeras pronunciadas y semblante pálido_, yo portaba en aquel entonces.

Al anfitrión, igual que a papá, no le gustaba que llorara mientras me golpeaba e insultaba.
Pero ya tenía práctica. Y podía soportar más.
Ya había entendido que mis lágrimas tenían el poder de darles más fuerza a sus golpes.
Y también que si mis lágrimas desaparecían rápido, ellos perdían el interés por seguir probándome como saco de box.

Esto se convirtió rutina en la escuela.
Así que cuando sonaba la campana que anunciaba el recreo, yo salía corriendo y me escondía en los baños.
El azulejo frío del baño se parecía a la alfombra del cuarto gris.
Era otro lugar para hacerse chiquito.

*IV. LA VERDAD QUE APRENDÍ A LOS 6 AÑOS*
Me escondía en los baños no por cobarde.
Me escondía porque a los 6 años ya sabía que a veces *sobrevivir es no dejarse ver*.

Ahí entendí algo que me duró años:
Que el golpe era normal. En casa, en la escuela, tal vez así es la vida.
Que el golpe, los insultos y las humillaciones cambian de cara pero no de peso.
Lo que sí cambiaba era lo que el cambio de manos me hacía sentir.

*En casa me daba miedo. En la escuela me daba rabia.*

Primero de Primaria me enseñó dos cosas:
*A caminar solo y a esconderme solo.*
Me enseñó que la mochila, por más libros que tuviera, *nunca pesaba tanto como el camino*.

La maestra me enseñó las vocales.
La calle me enseñó a no perderme.
Los de sexto me enseñaron que el miedo también sale al recreo.
_Ese año no aprendí a leer ni escribir. Aprendí que un niño de 6 años puede cargar una casa entera en la mochila. Y que mi cerebro, para protegerme, aprendió a apagar el ruido antes que a sumar._
Mi mente no olvidaba el camino porque olvidar era morir. No olvidaba el rezo porque "Santo Dios mío, era el único adulto que no pegaba.
Primero de primaria no me hizo alumno. Me hizo mapa. Me hizo soldado. Me hizo Kimi, el que carga el miedo para que su hermana no tenga que memorizar rutas...



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En el texto hay: miedo, novela, miedo y destino

Editado: 02.08.2026

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