CAPÍTULO 3: "CUANDO VOLVIERON. LA ESPERANZA ROTA"
_"Mamá volvió con luz, muebles y dulces. Pero mi cerebro, a los 6 años, ya sabía que la luz que llega rápido también se puede ir rápido. Y eso asusta más que el gris."_
*I. LA ESTRELLA QUE DOLÍA*
La estrella Lamat soñaba con familia.
Pero el niño de 6 años ya sabía que la palabra _familia_ también podía doler. Y mucho.
Cuando mamá volvió, algo en mí ya había muerto y algo comenzaba a resucitar. Y ninguno de los dos era yo.
Es como la estrella que brilla cuando mamá llega y el niño se paraliza porque ya no sabe si la luz es real.
Me dijeron que Mamá volvía. Yo no sabía si rezar _"Santo Dios Mío"_ de miedo o de alegría.
No fue anuncio. Fue aparición, como arte de magia.
Una mañana, después de un año, Mamá estaba ahí.
Como si el cuarto gris hubiera soñado también y la soñó completa.
Llegó con mil regalos:
Mi hermanita tan dulce con su vestido blanco cual princesa.
Muebles nuevos, refrigerador, una televisión, juguetes y dulces.
Se fue el humo de cigarro e incienso.
Entró la luz.
Un año sin verlas. Un año siendo hijo único del golpe.
Tenía 6 años. Iba a pasar a segundo de primaria.
Y de pronto el cuarto gris no era gris.
*II. EL ABRAZO QUE PARALIZA*
Mamá olía riquísimo. Siempre olía a luz.
Me abrazó y me paralicé.
No sabía si llorar era malo, si reír era malo, si existir era malo.
Solo sabía que con ella cerca el aire cambiaba.
Papá no pegaba si mamá estaba viendo. Le era más difícil.
El vicio lo ponía alegre, no violento.
Mamá era mi escudo sin saberlo.
Mi abuela no decía mucho. Era reservada, enojona.
Pero se apiadaba. Ella me daba de comer cuando mamá no estuvo.
Me daba mis tortas de crema como lunch para la escuela.
En el silencio de la abuela también había amor.
Amor que no abrazaba pero alimentaba.
No los recuerdo juntos. Solo alistándose para irse a trabajar.
Mamá llevaba a mi hermana a otra escuela, temprano.
Yo me iba solo, normal. 15 minutos memorizados.
Siempre discutían por algo.
Papá enojado. Mamá harta, desilusionada, triste.
Yo era testigo mudo de su guerra fría.
Mi cuerpo estaba en shock.
Verlos en la misma casa era irreal.
Como si alguien hubiera pintado encima del cuarto gris con colores que no se secaban.
Yo amaba tanto a Mamá. La extrañaba en los huesos.
Con ella cerca todo era diferente. Todo era pureza.
Un día me abrazó y me pidió perdón.
Me dijo que yo seguramente había aguantado mucho.
Y ahí el _"Santo Dios mío"_ se hizo más fuerte.
Porque no entendía de qué me pedía perdón.
Yo solo sabía que si ella estaba, yo estaba a salvo.
*III. EL TIEMPO NO SE MIDE EN CALENDARIO*
Cabe señalar con tristeza: mamá estuvo con nosotros poco tiempo. Semanas, meses.
No sé cuánto ella aguantó a papá esta vez.
El tiempo con ella no lo medía en el calendario.
Lo medía en luz.
Y la luz, cuando vienes del gris, nunca dura lo suficiente.
Esa fue la primera reconciliación: mamá volvió, los golpes pararon, la luz entró.
Pero yo no volví.
Yo me quedé parado en la puerta, viendo si era verdad o si me iban a despertar del sueño.
Porque algo en mi cuerpo de 6 años ya sabía:
*Lo que llega rápido, se puede ir rápido.*
Mamá volvió con mi hermana, muebles y juguetes.
Yo solo necesitaba que no se fuera.
Papá dejó de pegar.
Pero yo no dejé de tener miedo de que empezara otra vez.
Y esa mañana entendí que la felicidad también asusta cuando llevas un año viviendo en gris.
*Porque la esperanza que se prende y se apaga, duele el doble.*
_Mi mente guardó ese abrazo como se guarda un tesoro y una trampa: olía a salvación, pero pesaba como despedida. A los 6 años aprendí que la luz de mamá no era permanente, y desde entonces mi cuerpo tiembla cada vez que alguien me dice "ya pasó"._
_No recuerdo cuántos días duró. Recuerdo que el refrigerador nuevo hacía hielo, pero mi pecho seguía congelado. Porque mi cerebro ya había calculado la estadística: si mamá se fue una vez, se puede ir dos._
_Volvieron. Y yo no volví. Me quedé en el cuarto gris, aunque ya tuviera tele. Porque la esperanza rota no se pega con juguetes. Se pega nombrando el miedo. Y hoy, Lamat, lo nombro: tenía 6 años y me enseñaron que la alegría es préstamo, no regalo. Y aún así, elijo quedarme para escribir que los niños no deberían medir el amor en semanas._