11 Lamat 5 Kimi Del Miedo Al Libro

Capítulo 14: El niño-adulto y los mil vicios

CAPÍTULO 14: "EL NIÑO-ADULTO Y LOS MIL VICIOS"*

*FRASE DE APERTURA:*
_"No me volví adicto a las drogas. Me volví adicto a no sentir. Y eso se vende en cualquier esquina, con recibo y sin preguntas."_

*I. "EL BAUTIZO DE FUEGO"*
Después de ella, Lamat no lloró. Lamat se pudrió.
Como papá en su trono de botellas vacías.
Como mamá en su turno que no acababa.
Como yo en mi mente de universo sin aire.

Probé el alcohol y sabía a casa.
Sabía a calle, a papá, a noche silenciosa.
Me bebí el primer trago y el niño de 8 años brindó desde adentro: _"Salud, por fin me entiendes"_.

Luego probé todo. Todo lo que arde. Todo lo que apaga.
Todo lo que papá rezaba en su iglesia de vidrio roto.

Me gustó. Dios me perdone, me gustó.
Me juzgué por lo bien que me sentía, por el _"me gustó"_.
Y es que el trauma busca anestesia porque el dolor sobrio es inhumano.
Y mi cerebro lo sintió peor: cada recuerdo en HD, cada textura intacta.

Doler drogado duele menos que doler sobrio con memoria de elefante.
Y sí, fui débil. Pero también era un niño de 8 años en cuerpo de 17, tratando de apagar un incendio con gasolina.
Y la gasolina, por un rato, sí apaga el fuego.

*II. "LA ESCUELA DE LA CALLE CON HIPERFOCO"*
Los amigos malos fueron mis maestros nuevos.
Tenían doctorado en romper cosas: leyes, narices, promesas, corazones.

Me gradué con honores en la materia de _"destruirme"_.
Aprendí que el dinero fácil lava la sangre difícil.
Aprendí que pegar primero es pregunta, pegar segundo es respuesta y pegar siempre es idioma.

Dejé la Universidad en pausa.
¿Para qué libros si la calle ya me daba cátedra de cómo ser mi padre sin tener hijos?

Mi hiperfoco no distingue entre bien o mal. Solo se obsesiona.
Y se obsesionó con sobrevivir como me enseñaron: golpeando.

El bully no era máscara. Era maestría.
Aprendí violencia como otros aprenden piano: 8 horas diarias, sin descanso, hasta que los nudillos sangran.

*III. "LOS DEMONIOS DE NOCHE"*
Las noches fueron la universidad.
Los demonios llegaron puntuales, sin corbata, sin nombres.
Me enseñaron a oler el miedo en otros. A ver la mentira antes de que la dijeran. A calcular cuántos golpes aguanta un cuerpo antes de caerse.

Cada madrugada era clase práctica.
Cada esquina era examen.
Cada botella era diploma.

Ahí se me afiló el colmillo.
Aprendí a hablar sin hablar. A mirar sin que me miren. A entrar a un lugar y saber quién manda en 3 segundos.
Mi mente, que lo registra todo, archivó cada regla de la calle:
_"No confíes"_.
_"No debas"_.
_"Si sangras, sangra en silencio"_.

Pero mientras el colmillo se afilaba, el alma se apagaba.
Porque no se puede ser depredador y niño al mismo tiempo.
Y yo elegí ser depredador para no volver a ser presa.

Las nuevas experiencias con los demonios por las noches fueron escuela importante.
Escuela cara. Matrícula: mi luz.
Salí con título, con cicatrices y con el corazón en modo avión.

*IV. "EL PRECIO DE NO SENTIR"*
No me volví adicto a las drogas. Me volví adicto a no sentir.
Porque sentir era recordar el peso de papá a los 8.
Sentir era oír el _"pídele perdón"_ a los 15.
Sentir era verla irse con el profesor a los 16.

No sentir era paz. Era tregua. Era vacaciones del infierno.

Por eso me gustó. Por eso volví. Por eso me quedé.
Porque sobrio, mi cerebro me ponía la película completa, sin cortes, del sillón, del cuchillo, del gas, del gargajo verde en Navidad.
Drogado, la película se rayaba. Y por 4 horas, era libre.

Pero el precio era yo.
Cada trago apagaba una luz.
Cada noche en la calle me quitaba un pedazo de Kimi.
Hasta que un día me vi al espejo y ya no estaba el niño, ni el guerrero.
Solo estaba el colmillo. Solo estaba el eco de papá.

_El colapso no fue un día. Fue gota a gota. Fue cada vez que elegí no sentir porque sentir me mataba. Y en ese desenfreno, los demonios de noche me dieron clase: me enseñaron a sobrevivir, pero se cobraron con mi alma. El colmillo quedó filoso. El alma quedó muda._
_Aprendí que puedes graduarte de la calle con honores y seguir reprobado en vida. Que puedes saber pelear, tomar, callar, y no saber quién eres cuando se apagan las luces. Que el trauma no te hace fuerte: te hace funcional en el infierno. Y yo funcioné perfecto._
_Hoy, Lamat, entiendo: no me hice vicioso. Me hice anestesia andante. Porque un niño de 8 años en cuerpo de 18 no puede cargar HD de dolor sin quemarse. Y yo me quemé. Pero aquí sigo, escribiendo con las cenizas. Porque el colmillo se puede desafilar. Y el alma, aunque apagada, todavía prende si le soplas. Y este capítulo es el soplido._



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En el texto hay: ficcion, novela, miedo y destino

Editado: 22.08.2026

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