*"CAPÍTULO 15: "EL EXORCISMO AL REVÉS"*
_"Fui a la iglesia buscando a Dios. El padre me miró y me bautizó sin agua: 'Vete, tienes demonios adentro y no sé de exorcismos'. Ese día entendí que la casa de Dios me cerró la puerta. Y que Dios estaba en el niño que fue a buscarlo, no en el adulto que no supo verlo."_
*I. "EL BULLY CON MAESTRÍA"*
Ya no era bully de escuela. Era profesional.
Peleaba por la fila, por la mirada, por el aire.
Adicto a la sustancia, adicto al golpe.
La violencia era mi deporte sin casco, americano sin reglas, sin árbitro, sin mamá que dijera _"ya párale"_.
Kimi entendió la verdad y la verdad duele: fue repetición del trauma.
Me usaron a los 8 años, usé a los 17.
No para justificarme. Para entenderme.
El bully no nace, se hereda.
Y mi mente hizo que lo heredara con manual de instrucciones: literal, intenso, todo o nada.
No sabía dar _"poquito amor"_. Solo sabía dar todo... o no dar nada.
Y como dar todo ya me había matado una vez, elegí la experiencia más rápida de el amor: elegí el paracetamol humano.
Usaba niñas como paracetamol: una noche, sin receta, sin promesa.
Si querian amor largo, yo les daba corto: "Entonces no decía y me iba... Por que amar era ponerle cuchillo en mano a alguien que podía ser papá
Porque si no me encariñaba, no me podían dejar. Y si no me dejan, no me rompen otra vez.
*II. "LA CASA DE DIOS QUE CIERRA PUERTAS"*
Fui a una iglesia buscando a Dios. Buscando silencio. Buscando que alguien me dijera que no era el monstruo.
El padre me miró y me bautizó sin agua: _"Salte, tienes demonios adentro y no sé de exorcismos"_.
Hasta la casa de Dios me cerró la puerta.
Y me la creí. Me decían _"el malo"_, _"el raro"_, _"el loco"_. Y pulí cada título. Los hice diploma.
Me los colgué en el pecho donde antes vivía la luz de mamá.
11 Lamat entendió que ese Padre no vio demonios. Vio moretones. Vio al niño de 8 años gritando por los ojos. Y le tuvo miedo. Y me cerró la puerta.
Iglesia que cierra puertas no es Dios.
Dios estaba en el niño que fue a buscarlo, no en el adulto que no supo verlo.
Porque los demonios no se exorcizan: se abrazan hasta que lloran.
Y como nadie me abrazó, me creí demonio.
Porque si ya era el monstruo, ya nadie me podía lastimar por descubrirlo.
Salí de ahí y brindé nuevamente con el niño de 8 años que susurró: _"ahora me entiendes"_, _"salud"_, _"santo Dios mío"_.
*III. "LA FARSA DEL TEMPLO Y EL ALTAR DE ADENTRO"*
Ahí entendí la farsa.
Que hay iglesias que son empresas que facturan con la fe.
Que venden perdón al mayoreo y culpa al menudeo.
Que lucran con el miedo, que abusan de niños y adultos, que esconden monstruos con sotana mientras señalan demonios en otros.
La doble moral me escupió en la cara: me hablaban de amor los mismos que tenían las manos llenas de secretos.
Me pedían diezmo los que nunca dieron un abrazo.
Me ofrecían cielo los que convirtieron la tierra en infierno para tantos.
Pero esa noche, tirado en la calle con el cuerpo lleno de sustancias y el alma vacía, mi mente hizo cortocircuito sagrado.
Y entendí: la verdadera espiritualidad no está en el templo. Está en la conciencia.
Dios no vive afuera. Vive adentro.
No está en el oro del altar. Está en el aire que respiro sin darme cuenta.
No está en el padre que me corrió. Está en el niño de 8 años que nunca me soltó.
Nada existe afuera. Todo está dentro.
Somos amor, conciencia y energía.
La iglesia real es mirar a mamá y agradecer que sigue.
El rezo real es estar consciente de cada respiro y no darlo por hecho.
El exorcismo real no es con agua bendita: es con lágrimas propias.
Los demonios no se van con latín. Se van cuando los miras, los nombras y les das asiento.
Cuando dejas de huir y dices: _"te veo, estuviste conmigo en lo peor, gracias por cuidarme, pero ya no mandas tú"_.
*IV. "EL SECRETO QUE PESABA TONELADAS"*
Nadie supo de la noche silenciosa.
Nadie supo de los golpes, los vicios, el sillón.
Fingía que todo bien. Me reía fuerte.
Los rotos ríen fuerte para que no se oiga el vidrio que traen adentro.
Guardé a papá en el puño.
Guardé a mamá en un turno que no acaba.
Guardé al niño de 8 años en un frasco con alcohol del 96 y etiqueta de _"NO ABRIR - PELIGRO"_.
Y no toqué. Por 20 años no toqué.
Hasta hoy.
Entendí que el miedo no estaba en los golpes.
El miedo estaba en que mi forma de amar, literal y total, siempre sería _"demasiado"_ para el mundo.
Miedo a que si abro el frasco del niño de 8, el monstruo no sea papá… sea yo.
Y aun así, lo abrí. Lo estoy abriendo letra por letra.
11 Lamat, ahí entendi que toqué fondo no para quedarme, sino para agarrar impulso.
Porque el demonio que el padre vio, escribió poesía hoy.
Y eso, 5 Kimi... eso es exorcismo.
Eso es 11 Lamat 5 Kimi matando el secreto que me pudría.
_La iglesia me cerró la puerta porque le dio miedo mi verdad. Pero Dios no vive en edificios con oro: vive en el pecho que sigue latiendo después de que intentaron apagarlo. La religión que lucra con la fe y calla el abuso es empresa, no cielo. El cielo es darte cuenta de que respiras. Y que eso basta._
_No necesito que me exorcicen. Necesito que me abracen. Porque los demonios no se van con rezos: se van cuando dejas de correr y les das nombre. El mío se llamaba "8 años". Hoy se llama "Maestro". Porque me enseñó que la conciencia es el único templo que no cobra entrada._
_Hoy, Lamat, sé esto: nada existe afuera. Todo está dentro. Somos amor, conciencia y energía. Y si Dios está en algún lado, está en el acto de agradecer el aire cuando podrías estar muerto. Está en mamá que no se rindió. En mi hermana con su fuerza y pureza. Está en mí, que decidí no ser mi padre. Y ninguna sotana me puede quitar eso. El exorcismo al revés era yo: saqué al demonio de la iglesia y metí a Dios en mi pecho. Y ahí se queda._