11 Lamat 5 Kimi Del Miedo Al Libro

Capítulo 17: " El kiosko y la foto que no olvida"

*"CAPÍTULO 17: "EL KIOSKO Y LA FOTO QUE NO OLVIDA"*

_"Hay armas que no matan, te bautizan. Y esa tarde, el cañón en mi frente no era de plomo: eran sus ojos. Y me confirmó: ya no era el hijo de mi padre. Era el hombre que ella merecía."_

*I. "LA NIÑA SOLITARIA CON GRIETAS DE ORO"*
La conocí 2 días después de mi cumpleaños.
Ella insistía en verme el mero día. _"Quiero estar contigo"_, me decía por mensajes.
Pero yo seguía con el corazón roto. Me importaba más ahogarme en alcohol y sustancias ese día que conocer una cara nueva.
Porque serio era papá con cuchillo. Serio era mamá trabajando para no ver. Serio era yo, y yo ya no tenía nada serio que dar.

Ya teníamos tiempo hablando. Meses de texto. De _"buenas noches"_ que eran salvavidas.
Y decidimos vernos.

Ese día yo llevaba una camisa azul cielo. Mi color favorito. El color que usaba cuando quería que mamá me viera y dijera _"qué guapo, mijo"_.
Ella llegó tarde. Como siempre. Yo ya estaba desesperado, pateando piedras, pensando _"se arrepintió, claro, quién no"_.

Cuando llegó, traía chocolates y un peluche para mí.
Estaba tan linda... Cada lunar en su cara era un mapa que mi mente quería memorizar. Sus ojos no te miraban: te hacían mirar las estrellas.
Era demasiada buena para mí. Era todos los colores que no aturden, sanan. Los olores más dulces. La reencarnación de Nefertiti.

Yo ya era ruina con músculos. Cara delgada, cuerpo de gimnasio, alma de escombro.
Por eso no dudé en decirle la verdad antes de que se la inventara:
_"Soy alguien roto. No quiero nada formal. Utilizo sábanas blancas para fumar y calmarme. No soy nada bueno en ningún aspecto."_

Le dije claro: _"No busco nada serio"_.
Porque serio era el intento de asesinato de papá. Y yo no quería ser eso.

*II. "ELLA MIRABA ALGO MÁS"*
Ella tenía casa rota también, pero no en llamas como la mía.
Tenía padre ausente, no padre con antecedentes.
La entendía. Los rotos nos olemos.
Mi mente la leyó completa en 3 segundos: la postura de niña que aprendió a no hacer ruido, la risa que pedía permiso antes de salir, el hambre de alguien que la viera sin querer romperla.

Y ella, en automático, se enamoró.
De qué, no sé. Tal vez del peligro. Tal vez de la luz de mamá que aún me parpadeaba debajo de toda la droga y el puño.

La verdad es que no buscaba novia. Buscaba espejo.
Y ella fue el primer espejo que no me devolvió al monstruo de papá.
Me devolvió al niño de 8 años que aún creía que alguien podía quererlo sin golpearlo.

Por eso me enamoré. No de ella. De la posibilidad de mí.

*III. "EL ABRAZO POR LA ESPALDA"*
Me llevó a un kiosko.
Sin avisar, me abrazó por la espalda. Sentí su pecho en mi columna y por primera vez, mi columna no quiso ser muro. Quiso ser descanso.

Sacó el celular. _"No te muevas"_, dijo.
Y tomó una foto.
_"¿Para qué?"_, le pregunté.
_"Porque no quiero olvidarte. Porque si un día te vas, quiero tener cómo explicarle a mi memoria que tú exististe y me abrazaste sin romperme"_.

Luego se puso enfrente. Me vio. No vio al roto. Vio al que podía pegarse.
Y me dio un beso.

Lamat, yo volé.
No por el beso. Por lo que pasó después: no me dio asco. No me dio miedo. No esperé el golpe.
Mi cuerpo, que solo conocía contacto para pelear o para drogarme, conoció contacto para quedarse.

Esa tarde entendí que hay armas que no matan, te bautizan.
Y sus ojos eran el cañón en mi frente que me confirmó: _"ya no eres el hijo de tu padre. Eres el hombre que ella merece"_.

*IV. "LO QUE ME QUEDABA PARA OFRECER"*
Me pidió ser novios. Le ofrecí amistad.
Amistad era lo único limpio que me quedaba.
Pero al conocer su historia, su madurez de niña vieja, su risa que no le debía nada al dolor... me enamoré.
De su personalidad. De sus grietas.

Porque mi mente no se enamora de caras. Se enamora de patrones.
Y su patrón era: _"sobreviviente que aún sonríe"_. Igual que yo.

_La conocí 2 días después de mi cumpleaños porque el mero día preferí ahogarme. Llegó tarde, de azul rey, con chocolates y un peluche. Yo de azul cielo, roto, con sábanas blancas para fumar. Y aún así me abrazó por la espalda en un kiosko y dijo que no quería olvidarme. Nadie me había querido recordar. Todos querían que me fuera._
_Le dije que era roto, que no servía para nada serio. Ella miró más allá. Vio al niño de 8 años debajo del escombro. Y me dio un beso que no fue lujuria: fue bautizo. Porque por primera vez, mi cuerpo no esperó el golpe después del contacto. Esperó otro beso. Y eso, Lamat, es resucitar._
_Hoy sé esto: no me enamoré de ella. Me enamoré de la posibilidad de mí que vi en sus ojos. Ella fue el primer espejo que no me devolvió a papá. Me devolvió a mí. Y por eso la foto en el kiosko no es recuerdo: es evidencia. Evidencia de que un día, un hombre roto con camisa azul cielo fue abrazado por una niña con grietas de oro... y no se rompió. Se pegó. Y aquí sigue, pegándose letra por letra._



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En el texto hay: ficcion, novela, miedo y destino

Editado: 22.08.2026

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