12:34

Capitulo 2

La alarma no sonó esa dia. O tal vez sí, pero Yura no la oyó. Se había quedado dormida en el sofá después del live, el tecero del grupo desque comenzo la gira, con el celular aún en la mano y la pantalla apagada contra su pecho. Cuando abrió los ojos, la luz del amanecer se filtraba por las persianas a medio cerrar, gris y fría, como si la ciudad supiera que algo había cambiado y decidiera no avisar. Esta vez habia sido sido por la diferencia horaria con Alemania que es donde estaban actualmente coomo parte de la gira

Alla era por la tarde y aqui era por la noche, aunque para Yura era un poco raro, tambien se habia dormido desde que termino el live hasta la mñn, relamente habia dormido mucho

Se incorporó despacio, con el cuello rígido y la boca pastosa. El control remoto estaba en el suelo, junto a un vaso de agua que no recordaba haber dejado ahí. La televisión seguía encendida, en mute, mostrando un canal de noticias 24 horas. La presentadora hablaba sin sonido, con subtítulos que corrían rápido por la parte inferior de la pantalla, como hormigas blancas sobre fondo negro.

Yura frunció el ceño y tomó el control. Subió el volumen sin pensar, casi por reflejo.

“Siendo las nueve de la mañana, las autoridades confirman el fallecimiento del reconocido idol surcoreano Han Jiwon, integrante del grupo Aster, hecho que habría ocurrido a las doce con treinta y cuatro minutos de la madrugada (hora alemana), según informaron fuentes oficiales

La voz era firme, entrenada, pulida para no quebrarse nunca. Pronunciaba cada sílaba con la misma calma con la que, minutos antes, seguramente había dado el pronóstico del clima.

“Las autoridades han señalado que—”

Entonces, el grito cortó el aire.

No fue elegante, ni silencioso, ni digno; fue un sonido roto, animal y desesperado que salió del pecho de Yura antes de que su mente pudiera entender qué estaba escuchando. El eco rebotó en las paredes del departamento pequeño, y por un segundo le pareció que alguien más había gritado con ella.

El control remoto cayó al suelo, aunque la televisión siguió encendida, mostrando en la pantalla la imagen de Han Jiwon: una sonrisa perfecta, piel impecable y el mismo rostro que ella había visto cientos de veces en escenarios, entrevistas y transmisiones en vivo. Vivo. Siempre vivo.

—No… no, no, no… —murmuró, retrocediendo un paso, como si la noticia pudiera empujarla fuera de la habitación, fuera de su propia piel.

Mientras tanto, la presentadora continuaba hablando, imperturbable.

“…las primeras investigaciones apuntan a un posible suicidio…”

Esa palabra, esa maldita palabra, fue suficiente.

Yura negó con la cabeza una y otra vez, incapaz ya de escuchar frases completas, percibiendo solo fragmentos que se le clavaban como astillas.

“—mensaje final—” “—presión mediática—” “—luto internacional—”

Finalmente, sus piernas cedieron y terminó sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra el sillón, mientras las manos le temblaban tanto que tuvo que presionarlas contra su pecho, como si así pudiera evitar que algo más se rompiera por dentro.

Porque Han Jiwon no se suicidaba. Han Jiwon no hacía eso. Él sonreía incluso cuando estaba cansado, decía que estaba agradecido y prometía volver. Siempre prometía volver.

De hecho, ella lo había visto hacía apenas unas horas, en un video en vivo, donde había reído y asegurado que estaba bien. Había inclinado la cabeza, había dicho “gracias por estar aquí conmigo en mi cumpleaños”, había soplado una vela imaginaria y había guiñado un ojo a la cámara. A ella. O eso había sentido.

—Esto no tiene sentido —susurró, con la garganta ardiendo como si hubiera tragado vidrio.

Las lágrimas llegaron tarde y sin permiso; primero una, luego demasiadas, hasta nublarle la vista y convertir la pantalla en una mancha de luz y colores irreconocibles. Se limpió la cara con el dorso de la mano, pero solo extendió la humedad, el salitre, el desastre.

Aun así, el mundo seguía funcionando con una crueldad impecable: el noticiero pasó a comerciales, un anuncio alegre de shampoo, risas infantiles, la hora continuó avanzando y, afuera, la ciudad despertaba con bocinas lejanas y el rumor de los buses.

Yura no.

Lloró hasta que el pecho le dolió, hasta que los sollozos se volvieron hipo y hasta que el cuerpo, agotado de luchar contra algo imposible, empezó a rendirse. Se deslizó más abajo, hasta quedar casi tendida en el suelo, con la mejilla contra el piso frío que olía a limpiador barato y a su propia vida ordinaria.

Con los ojos entrecerrados, pensó lo mismo una y otra vez, como una oración torpe y desesperada:

Si hubiera sabido.

Si alguien lo hubiera detenido.

Si hubiera más tiempo.

Si yo hubiera hecho algo.

El “si yo” era el peor de todos, porque era mentira y verdad al mismo tiempo. ¿Qué podía haber dicho? ¿Un comentario en un live perdido entre miles? ¿Un mensaje privado que nunca leería? Absurdo. Ridículo. Y aun así, el pensamiento se clavaba y giraba, como una llave en una cerradura que no abre.

Al final, el sueño la venció sin suavidad, como un apagón repentino. No fue descanso; fue colapso.

Cuando despertó de nuevo, eran casi las nueve de la mañana. El departamento olía a café quemado, había dejado la cafetera encendida toda la noche, un descuido que ahora parecía simbólica. El sol ya entraba con más fuerza, pero no calentaba nada.

Su celular vibraba sin parar sobre la mesa. Notificaciones. Una tras otra, como un torrente interminable que se acumulaba en la pantalla bloqueada. No eran mensajes de nadie conocido. Eran alertas de redes sociales, de cuentas que seguía en silencio, de hashtags que había configurado para no perderse nada relacionado con él.

Abrió la app con dedos que aún temblaban ligeramente. El timeline era un mar de negro y blanco infinito. Fotos de Han Jiwon con velas digitales superpuestas, emojis de corazones rotos que se repetían como un mantra, videos de fans llorando en directo mientras leían la noticia una y otra vez. Hashtags que subían como fuego: #HanJiwonForever, #RestInPeaceJiwon, #AsterLosesALight, #WhyJiwon.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.