2. Lesam. El final de todo.

Capitulo 7

Semana 9. Martes.

Hoy era un día muy importante, ya que por fin se celebraría el consejo, o eso quiso pensar David. Así que para ser partícipe de ello, acudiría a los juzgados para asegurarse de que todo iba bien. Por lo que se levantó un poco antes de lo habitual para no encontrarse con sus compañeros.

Pero cuando estaba desayunando tan tranquilamente, alguien le sorprendió por sorpresa.

– ¿David? ¿Se puede saber que haces despierto tan pronto?

David se giró inmediatamente y vio que se trataba de Nicole.

– Nicole – dijo él con la boca llena.

– No se habla con la boca llena – le regañó ella.

David se tragó el trozo de tostada y a continuación ya pudo hablar con normalidad.

– ¿Qué haces en pie a estas horas? – Preguntó él.

– ¡Esa era mi pregunta! – Refunfuñó ella –. Así que respóndela...

– Yo...

– ¿Qué estás planeando, David? – Nicole se cruzo los brazos y se puso muy seria.

– Nada malo, de veras – aseguró él –. Solo me voy a acercar a los juzgados...

– ¿Para? – Quiso saber ella.

– Para acudir al consejo, ¿para qué si no? – Contestó David dando un sorbo a su café.

– Mmm... ¿Puedo ir contigo? – Soltó Nicole –. ¿O ya vas a ir con alguien?

– No se lo he contado a nadie. Solo a Ángela – explicó él –. Además, ¿quién querría acompañarme a esto, eh?

– Yo – soltó ella.

– Deberías de quedarte para seguir entrenando – le aconsejó David –. Pero con lo cabezona que eres, no vas a parar de insistir, ¿verdad?

Nicole asintió.

– Está bien... Puedes venir conmigo – desistió él –. Pero date prisa, ¿quieres? La gente no tardará mucho en levantarse.

– ¡A la orden mi capitán! – Nicole respondió cómo un soldado y a continuación se dirigió hacía su habitación para cambiarse de ropa.

 

Tras desayunar Nicole de forma exprés, David abrió un portal y lo cruzaron al instante, apareciendo de lleno en el hall de los juzgados.

– ¿Cómo lo haces? – Preguntó Nicole con mucha curiosidad.

– Pues... No lo sé. Solo pienso en el lugar al que quiero ir y de repente se abre el portal – contestó él mirando a su amiga.

– ¿Y ahora qué hacemos? – Quiso saber ella

– Averigüemos en dónde se va a hacer el consejo – dijo David empezando a caminar por el hall.

– ¡Allí! – Soltó Nicole señalando un cartel electrónico que había enfrente de ellos –. Allí encontraremos el número del juzgado y el asunto a resolver – anunció.

– ¿Y cómo sabes eso? – Preguntó David desviándose de su ruta hacia aquella dirección.

– Es que la última vez que vine me fije en ese cartel – se sinceró ella.

– Pues averigüémoslo – anunció él recorriendo los últimos metros a la vez que esquivaba a toda la gente que había por allí.

En cuanto llegaron al panel electrónico, se pararon delante y descubrieron al instante todo lo que necesitaban, ya que aparecía en la primera línea.

– En el juzgado número 11 – susurró Nicole.

– Sí, pero mira a la hora que es – se percató David de aquello –. Queda todavía unos 45 minutos para que empiece... – Refunfuñó mientras miraba la hora que era.

– Bueno, no lo sabíamos, así qué... – Le intentó animar Nicole.

– ¿David? ¿Nicole? – Escucharon a sus espaldas –. ¿Qué hacéis aquí?

Ambos se giraron y se llevaron una sorpresa al ver que Adam.

– ¡Profesor Adam! – Se exaltó Nicole.

– Estamos aquí para ver el consejo – explicó David directamente.

– ¡Ah! Ya me lo imaginaba – afirmó el profesor –. Pero sabéis que todavía le queda un buen rato para que empiece, ¿no?

– Sí, lo acabamos de descubrir... – Masculló David.

– ¿Por qué no venís a desayunar conmigo? – Les propuso el tutor –. Así se os pasará el tiempo volando.

– ¡Sí, sí, sí! – Accedió al instante Nicole, que apenas había podido comer algo antes.

– Está bien... – Suspiró David.

 

Mientras desayunaban...

– Me sorprende mucho que te preocupes tanto por estas cosas, David. Ya sabes, sobre el colegio, el consejo, La Hermandad... – Le dijo el profesor tras acabar de comerse su huevo frito.

– Solo intento ayudar en lo máximo posible – contestó David algo avergonzado.

– Y eso hace que te veamos con otros ojos – se sinceró Adam.

– ¿Cómo?

– Los profesores no lo quieren admitir, pero eres casi cómo uno de los nuestros – le contó su tutor –. Tienes el potencial de un adulto y nunca dices no a lo que te proponen.




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