2. Lesam. El final de todo.

Capitulo 13

Semana 16. Domingo.

David se despertó pronto a pesar de que era domingo, pero tras esquivar los cuerpos dormidos de Ángela y Kinnei, salió al pasillo de la forma más sigilosa posible.

– ¿David? ¿Qué…

– Shh – le interrumpió rápidamente él al escuchar el alto tono de su padre.

– Está bien, está bien – susurró Guillermo –. Hablemos en la cocina…

David asintió y seguidamente siguió a su padre hasta el sitio en cuestión.

– ¿Se puede saber qué haces despierto tan pronto? – Le preguntó su padre tras cerrar la puerta de la cocina.

– ¿Piensas qué te voy a dejar hacer la comida entera tú solo? – Respondió él.

– Ya lo he hecho otras veces – justificó Guillermo.

– Y nunca estuvo a la altura de los invitados – comentó David dirigiéndose a la estantería para coger su taza.

– ¿Me estás diciendo que cocino mal? – Refunfuñó su padre.

– Yo no he dicho eso en ningún momento – contestó él –. Solo quiero ayudarte a hacer la comida.

– Pues si me lo permitís, yo también quiero ayudar – apareció Ángela por la puerta junto a Kinnei.

– ¡Ángela! – Se sorprendió David –. ¿Te he despertado? Yo…

– Estaba medio adormilada, no te preocupes – ella se estiró.

David miró a su padre para ver cuál era su respuesta.

– Está bien, está bien – accedió él finalmente –. Pero nada de mandar, ¿entendido? Que es mi cocina…

– No tenía intención de hacerlo – contestó David –. ¿Y tú? – Miró a Ángela.

Ella negó con la cabeza.

– Mmm… – Guillermo dudó de ellos –. Voy a bajar al súper a comprar unas cosas que faltan. No empecéis sin mí – sentenció saliendo de la cocina.

– Habrá que vigilarle para ver que hace – habló David en cuanto se quedaron solos –. No quiero que ni Nicole ni sus padres se asusten con la comida…

 

Horas más tarde, sobre las 13…

– ¡Ya es la hora, ya es la hora! – Soltó Guillermo algo nervioso y dando los último toques a la paella.

– ¿No crees qué es demasiado? – Comentó David dando una vuelta a la comida y viendo la cantidad de platos entrantes que había –. Hay comida como para diez personas…

– Espero no quedarme corto – susurró su padre.

– ¿Corto? – Se sorprendió él –. Tenemos comida para tres días, ¿no? – Miró a Ángela, que tenía la misma impresión que David.

– O para más… – Añadió ella.

– ¡Tienen que estar a punto de venir! Vamos, fuera, fuera – tapó la paella para que no se quedase fría y arrastró a su hijo y a Ángela al salón, dónde se les unió Kinnei y dónde esperaron pacientemente.

– ¿Y cómo van a aparecer exactamente? – Quiso saber David.

– Les di unas coordenadas y una hora en concreto. Por lo que…

– ¡Mirad! – Ángela señaló hacia delante al ver cómo un portal fue haciéndose poco a poco hasta estar completo.

– Ahí están… – Agregó su padre.

Y a continuación, la primera en salir fue Nicole y justo detrás sus padres.

– ¡Hola! – Soltó Nicole con una sonrisa.

– ¡Nicole! – David se acercó hacia ella y se dieron un fuerte abrazo –. Bienvenidos a mi casa – comentó rompiendo el abrazo.

– David – Tim le ofreció la mano. Por lo que no tuvo más remedio que dársela.

– ¿Qué tal? – Añadió él tras saludarse.

– ¡David! – Gritó la madre bastante exhausta –. ¡Ven aquí! – Y a continuación se dieron un abrazo –. Veo que sigues igual de bien.

– Se intenta – contestó él rompiendo el abrazo y dando un paso hacia atrás –. Bueno, bienvenidos a nuestro humilde hogar – comentó –. Por cierto, él es mi padre – le señaló.

– Un placer. Soy Guillermo – se acercó a Natalie y a Tim para saludarles.

– Y ella es Ángela – la señaló –. Una compañera de clase.

– Hola – dijo ella sin moverse de su sitio.

Kinnei se unió a ellos con un leve aullido.

– Por favor, dejad las cosas en mi habitación – Guillermo guió a Tim y a Natalie a su habitación mientras que el portal desaparecía.

– Puedes dejarlo en nuestra habitación, si quieres – comentó David a Nicole –. No tiene mucha perdida, es la del fondo – añadió.

Nicole asintió y se adentró en el pasillo justo cuando un portal apareció de nuevo en el mismo sitio que antes.

– ¿Pero qué demonios? – Masculló él.

Y de repente, salieron de ahí dentro Emily y su madre.

– ¿Cómo? ¿Qué… – David se quedó a medias al verlas.

– ¡Hola! – Habló Ángela al ver que David se había quedado sin palabras –. Sois bienvenidas, por favor, pasar.




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