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202 Accepted “La solicitud ha sido aceptada y se encuentra en proceso.”

Desde niña aprendí a leer los silencios.

El silencio de mi padre.

Más adelante, me encontré con el silencio de Marcos.

La ausencia de respuestas.

La sensación de tener que hacer algo para que no me reemplazaran.

Terminé desarrollando esa necesidad de interpretar constantemente a los demás.

De buscar significados donde quizás no los había.

De preguntarme qué había hecho mal cuando alguien se alejaba.

De intentar descubrir qué debía cambiar para conseguir que alguien se quedara.

Es la primera vez que tengo la oportunidad de preguntarme:

¿Quién soy cuando no estoy intentando ser suficiente para alguien?

Todavía no tengo una respuesta.

Quizás tampoco necesito tenerla.

Ayer, Matteo me preguntó por qué tomo fotografías de todo.

Me sorprendió la pregunta.

Opté por el silencio.

No porque nadie me lo hubiera preguntado antes.

Sino porque él realmente parecía querer saberlo.

Mientras miraba el campo lleno de flores de lavanda, pensé en lo importante que es la memoria de aquellas cosas o personas que alguna vez estuvieron aquí.

Las imágenes son una especie de puente entre el pasado, el presente y el futuro.

Las llamé:

el tiempo congelado.

Porque una fotografía puede guardar algo que ya no existe de la misma manera.

Un lugar.

Una persona.

Una tarde.

Una mirada.

Un momento que, de otro modo, terminaría desapareciendo.

Es mi forma de guardar lugares, momentos y detalles porque, de alguna manera, siempre he tenido miedo de perderlos.

Quizás por eso fotografío tanto.

Siempre intento conservar aquello que siento que puede desaparecer.

Hoy tendremos una reunión con el pueblo.

Sí.

Con el pueblo.

Todos aquí forman parte del festival, así que estaré presente.

Debo aprender todo lo que se hace allí y, de paso, conoceré al comité organizador.

Más adelante les presentaré mi propuesta.

Hasta ahora solo sé, por la nonna, quién es la presidenta y que la temática de este año estará basada en la margarita.

Hasta ahora he estado observando el trabajo de Antonella.

Es muy talentosa con las flores.

Su pasión por las flores es evidente.

Eso me ha hecho pensar mucho en la identidad visual que quiero proyectar.

Quizás esta debería contar la historia de sus habitantes.

Las margaritas.

Las casas.

Las fotografías antiguas.

Los colores del pueblo.

Más allá de lo comercial, debo encontrar la forma de mantener intacta la esencia del lugar que ellos llaman hogar.

Voy hasta mi maleta y busco mi cámara de video.

Quiero tomar algunas imágenes de la ciudad.

¿Qué representa realmente este lugar para quienes viven aquí?

Lo anoto en mi libreta.

He estado estancada con mi primera propuesta.

Aún no me siento segura de poder mostrarla.

No deseo cambiar la forma en la que ellos ven su tradición.

Me quedo pensando en eso mientras miro por la ventana.

Entonces veo a Matteo salir de su casa.

Desde que llegué, he notado que los rumores que se escuchan sobre la familia Brunotti no son del todo ciertos.

Lucca es realmente bueno con los números. Se encarga de administrar los negocios de su abuelo en el pueblo. Entre ambos dirigen una panadería y una cafetería.

Aunque, siendo sincera, parece que el abuelo se dedica más a sentarse con sus amigos y conversar mientras Lucca se ocupa de que todo funcione.

Estudió Negocios Internacionales.

Según me comentó su primo, Matteo es economista, además de chef. Es dueño del restaurante que se encuentra cerca de la cafetería de su abuelo. Aunque, por lo que he podido entender, su familia parece ser dueña de media plaza.

Pareciera que en esa familia todos aman los negocios.

Suspiro al recordarlo.

A diferencia de Lucca, él es mucho más reservado.

Hace unos días lo vi ayudando a los abuelos de la plaza.

Estaban preparando las mesas para celebrar que uno de ellos tendría un nuevo bisnieto.

Matteo llegó sin hacer demasiado ruido.

Ayudó a mover las mesas.

Colocó algunas sillas.

Después se quedó conversando con ellos.

Por primera vez desde que llegué lo vi sonreír.

También noté a media plaza enloquecida por él.

Sonrío al recordarlo.

Antes habría interpretado su silencio como un misterio o un rechazo.

Ahora comienzo a entender que quizás simplemente es más profundo de lo que se dice.

Ya en la reunión del comité, estoy sentada junto a Antonella, y a nuestro alrededor están algunas de las señoras que tienen sus tiendas en la plaza, varios floristas y otros vecinos del pueblo.

Ahora entiendo cómo todos parecen saberlo todo.

Aquí las noticias no necesitan periódicos.

Solo necesitan una conversación en la plaza.

Lucca tenía razón… Antonella es muy inocente.

En este pueblo los secretos duran muy poco.

La puerta vuelve a abrirse.

El abuelo Andrea Brunotti llega saludando a absolutamente todo el mundo.

Lucca ya sabe lo que viene.

Matteo sonríe porque conoce perfectamente a su abuelo.

Lucca nos ve, nos saluda desde la distancia.

Antonella mira mi rostro y después las sillas vacías que están cerca de nosotras.

Su expresión cambia.

Solo alcanzo a escucharla decir:

—Que estaremos pagando…

Lucca y Matteo se sientan a nuestro lado.

Entonces la nonna nos interrumpe y comienza a hablar en italiano.

Matteo me observa.

Al darse cuenta de que no entiendo nada, le dice algo a Lucca.

Lucca se sienta en el otro extremo y Matteo comienza a traducirme.

La nonna continúa:

—Es hora de comenzar con la reunión. Hoy estamos aquí porque tenemos dos meses para preparar el festival. Como ya saben, muchos de nosotros ya no estaremos en el futuro aquí, así que deseo que este sea el mejor festival que podamos tener.




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