404 Not Found "La página que buscas no existe."

Prólogo III

¿Alguna vez te has sentado frente al mar y has tocado la arena?

Sientes lo fría que está.

Escuchas el sonido de las olas mientras el atardecer cae frente a tus ojos.

Por unos minutos no piensas en nada más.

Solo en ese instante.

Quizás la vida es eso.

Una suma de pequeños instantes que vienen y van.

Momentos que creemos que podremos conservar para siempre y que, sin embargo, terminan desapareciendo con la misma facilidad con la que una ola borra nuestras huellas de la arena.

Quizás por eso nos aferramos tanto a las personas.

Porque tenemos miedo de que también desaparezcan.

Algunas llegan para mostrarnos un nuevo camino.

Otras llegan tan rotas que son incapaces de ver cuánto pueden lastimar a quienes intentan quererlas.

Y algunas simplemente llegan…

Sin promesas.

Sin explicaciones.

Se quedan el tiempo que tienen que quedarse y, cuando llega el momento, siguen su propio camino.

Ahora comienzo a entender que no todo lo que se va tiene que convertirse en una ausencia.

Hay personas que permanecen en nosotros de otras maneras.

Porque aceptar significa comprender que no podemos controlar todo lo que ocurre.

No podemos decidir quién se queda.

No podemos obligar a nadie a elegirnos.

No podemos detener el tiempo.

Solo podemos decidir qué hacemos con lo que nos deja.

Porque incluso cuando el sol desaparece detrás del horizonte, el mundo no termina con él.

La noche llega.

Y después, lentamente, vuelve la luz.

Quizás solo se trata de entender que hay finales que no necesitan convertirse en despedidas.




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