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409 Conflict “La solicitud no puede completarse debido a un conflicto con el estado actual del recurso.”

Hoy es el día.

El gran día, según mi calendario.

Quizás es lo que quiero creer.

Llevo varios minutos mirando la misma diapositiva.

Comienzo a pensar que debería cambiar el color.

Quizás debí mirar más flores.

Ver otros conceptos.

Buscar otras referencias.

Cierro los ojos.

Abigail, respira.

Pero, en realidad, siento que debo defender mi vida ante un Coliseo romano lleno de gladiadores y un Nerón esperando decidir si merezco sobrevivir al espectáculo.

Me giro en la cama y observo el tragaluz del techo.

Entonces tomo mi teléfono y llamo a Miranda.

Supongo que, si la despierto, no se molestará.

—Hellooooooo. ¡Perdida! ¿Qué tal todo por Savigno? —exclama—. Amo tus fotos, amo todo. El concepto, la identidad visual… Siento que has crecido, mi pequeña Abigail.

Sonrío.

—¿No te desperté? —pregunto.

—Nope. Siempre estoy trabajando. Y más desde que me abandonaste.

Sonrío.

—Por cierto, revisé tu propuesta —dice—. Creo que solo…

Hace una pausa.

—Es perfecta.

Me río.

—De todas formas, te escribí algunas consideraciones basadas en la propuesta económica que recibí adjunta al documento. Es importante que no solo sea algo visualmente atractivo, sino que venda. Que sea comercial.

Suspiro.

Ella me conoce.

—Sonríe —dice, como si pudiera verme—. Todo saldrá bien, Abigail. Ya diste tus primeros pasos. Ahora solo debes aprender a caminar sin caerte.

Me guiña un ojo.

—Creo que me tengo que ir. Te quiero.

Se escucha el sonido de una puerta abriéndose.

Intento decir algo, pero ella corta la llamada.

Aunque me parece extraño, no tengo tiempo para pensar en ello.

Hemos llegado al restaurante de Matteo.

Nunca había venido.

Al abuelo le pareció que el mejor lugar para debatir grandes ideas era un restaurante.

Según él, lo mejor es discutir con el estómago lleno.

Así que ofreció comida gratis.

La nonna estuvo de acuerdo.

Después de todo, ambos presiden el comité del festival.

He comenzado a presentar mi propuesta.

Al principio todo parece ir bien.

Hasta que empiezo a mirar sus caras.

Muchos de ellos no parecen estar completamente convencidos de la nueva identidad del festival.

Alguien levanta la mano.

Es la señora María Pugli, una de las floristas más respetadas del pueblo.

Antonella se acerca un poco y susurra:

—Es una de las más importantes.

La señora María toma la palabra.

—Creo que la propuesta de Abigail es interesante —dice— pero choca con nuestra tradición.

Hace una pausa.

—Choca con Savigno.

Sus palabras me dejan en shock.

No sé qué decir.

Después comienzan a escucharse voces.

Todos empiezan a hablar al mismo tiempo.

Yo simplemente retrocedo.

Doy un paso hacia atrás.

Entonces tropiezo con alguien.

Me giro despacio.

Es Matteo.

—Respira —me dice—. Estamos aquí.

Lucca interviene.

—El problema aquí no es la propuesta para mejorar el festival. El problema es que nunca nos hemos preocupado realmente por la rentabilidad, el crecimiento y las posibilidades de expansión.

Mira hacia los demás.

—Con la propuesta de Abigail podríamos abrirnos a nuevas posibilidades y hacer de este festival algo más grande. Necesitamos convertirlo en un negocio, precisamente para que nuestro festival, nuestra historia, pueda sobrevivir.

Observo a Lucca.

Por primera vez muestra un lado tenaz y empresarial que hasta ahora no había visto.

Antonella no puede creerlo.

Solo me mira con incredulidad.

Matteo y yo nos miramos.

Sonreímos al mismo tiempo al ver su reacción.

Antonella vuelve a acercarse, pero esta vez toma mi mano.

Entonces el señor Esposito interviene.

Tiene plantaciones de girasoles y parece realmente preocupado.

—¿Cómo podríamos asumir el costo que genera trasladar las flores hasta Savigno?

Matteo interviene.

Nunca lo había escuchado hablar de esa forma, con tanta determinación.

Comienza a plantear la posibilidad de ofrecer al visitante nuevas experiencias.

No solo a través de la historia de nuestro pueblo y del festival, sino también por medio de los productos locales, sus productores y la gastronomía.

Habla de costos.

De proveedores.

De experiencias.

De lo que podría significar para los pequeños negocios del pueblo.

Y lo hace con una naturalidad que me sorprende.

El abuelo Andrea interviene.

—Creo que debemos dejar que las nuevas generaciones comiencen a tomar el mando.

Mira alrededor.

—Posiblemente muchos de nosotros no estaremos aquí dentro de unos años. Pero quisiera que nuestro festival sea recordado por siempre.

Alguien cuestiona al abuelo.

—No podríamos asumir el costo y el tiempo. Solo tenemos tres semanas para hacerlo todo.

Lucca interviene.

—Solo tendríamos que buscar inversionistas. Abrirnos al mercado.

Hace una pausa.

—Pero ¿quién querrá apoyar un festival de un pueblo tan pequeño como el nuestro?

Matteo responde:

—Yo puedo hacerlo.

El salón queda en silencio.

Todos lo miramos.




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