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¿Alguna vez has caminado entre la multitud?

Eres uno más entre miles de personas caminando de un lado a otro.

Hay múltiples direcciones.

Pero cada uno, dentro de aquella multitud, tiene un destino.

O al menos eso parece.

Observo fijamente a Matteo mientras la sala permanece en silencio.

Por un instante, mi mente se aleja de aquella habitación.

Me veo entre una multitud.

Miles de personas caminando en diferentes direcciones.

Y yo estoy quieta.

Sin saber hacia dónde ir.

Entonces pienso:

¿Cómo sabes lo que buscas si no sabes cómo es?

Quizás ese ha sido siempre mi problema.

He pasado demasiado tiempo intentando encontrar un lugar sin saber exactamente qué lugar estoy buscando.

Pero ahora estamos aquí.

Frente a otra multitud.

Observo alrededor y me pregunto:

¿Llegaremos al mismo destino, al menos esta vez?

Todos permanecen en silencio.

Alrededor de la familia Brunotti existen muchos rumores sobre quiénes son realmente.

En la biblioteca encontré un libro sobre la historia de Savigno.

Los Brunotti han estado aquí durante generaciones.

Quizás por eso existe un velo de misterio alrededor de ellos.

Mientras más los conozco, siento que no necesitan demostrar quiénes son.

Quizás porque siempre han sabido cuál es su lugar.

Sobre todo, cuál es su hogar.

Todos miran a Matteo.

—¿Qué quiere decir con que puede hacerlo? —le susurro a Antonella.

Ella encoge los hombros.

Al igual que yo, parece sorprendida por lo que acaba de ocurrir.

—Ellos solo solían acompañar al abuelo —apenas saludaban—, comenta Antonella—. Pero esta vez están ayudándonos a salvar el festival.

Matteo permanece en silencio unos segundos.

Después se incorpora ligeramente.

Mira alrededor de la mesa.

Y comienza a explicar qué quiso decir.

Alguien pregunta:

—¿Cómo lo harás?

Matteo comienza explicando que no está hablando simplemente de conseguir un patrocinador para el festival.

—Necesitamos financiación, pero también distribución —dice—. Si queremos que esto funcione, no podemos depender únicamente de las personas que vienen al pueblo durante el festival.

Lucca entiende inmediatamente hacia dónde va.

—Quieres llevar nuestros productos fuera de Savigno.

Matteo asiente.

—Exactamente.

Empiezo a descubrir que Matteo sabe muchísimo más de negocios de lo que había imaginado.

—Mi familia ya trabaja con productores y distribuidores en distintos mercados —explica—. Podemos utilizar esos contactos.

El abuelo interviene.

—Y no tendrían que empezar desde cero.

Matteo continúa:

—Podemos utilizar los contactos y recursos que ya tenemos para conseguir que los productos de Savigno lleguen a otros mercados.

Una de las personas de la mesa interviene.

—¿Y qué ganamos nosotros con eso?

Lucca responde:

—Visibilidad, nuevos clientes y una fuente de ingresos que no dependa únicamente de los días del festival.

Hace una pausa.

—Podríamos trabajar con los productores locales, seleccionar los productos que realmente representen al pueblo y crear una oferta conjunta.

Matteo continúa:

—También podemos atraer nuevos colaboradores. Floristas de otras regiones, productores de vino, restaurantes y pequeños negocios que quieran participar.

Miro a Matteo.

Ahora entiendo por qué Lucca confía tanto en él.

—La idea no es convertir Savigno en una ciudad turística —dice Matteo—. No queremos otra Roma.

Algunas personas sonríen.

—Queremos que las personas tengan una razón para venir, conocer el pueblo y después querer volver.

Lucca toma la palabra.

—Podemos mantener la organización y las decisiones aquí. El festival sigue siendo de Savigno. Nosotros solamente estaríamos creando una estructura comercial que permita que lo que ya existe aquí tenga alcance fuera del pueblo.

La sala permanece en silencio.

Algunos se miran entre ellos.

Otros parecen todavía escépticos.

El señor Esposito vuelve a hablar.

—¿Y cuánto costaría todo esto?

Matteo mira a Lucca.

—Eso es lo que tenemos que calcular.

Lucca asiente.

—Y encontrar a las personas adecuadas para financiarlo.

Matteo vuelve a mirar alrededor de la mesa.

—Estamos intentando encontrar una manera de mantenerlo vivo.

El abuelo y la nonna se miran.

Durante unos segundos ninguno dice nada.

Finalmente, el abuelo toma la palabra.

—No sé si funcionará.

La nonna lo mira y sonríe.

—Pero tampoco sabemos si no funcionará.

El abuelo sonríe.

—Entonces tienen una semana.

Todos nos quedamos en silencio.

Lucca levanta las cejas.

—¿Una semana?

—Una semana —repite el abuelo—. Tráiganme una propuesta. Inversionistas, números, productores, todo.

La nonna asiente.

—Y si van a cambiar algo de nuestro festival, quiero saber exactamente qué están proponiendo.

Una semana.

Comienzo a hiperventilar.

Tenemos una semana para demostrar que esto puede funcionar.

Después de terminar la reunión, el abuelo y la nonna se despiden.

Nos quedamos los cuatro sentados alrededor de la mesa.

Lucca solo repite:

—Una semana.

Se pasa una mano por el rostro.

—¿Qué le pasa al abuelo? Ni él hacía planes de negocios en una semana.

Antonella nos interrumpe.

—Tengo un listado de todos los floristas que he logrado convencer para el festival. Solo me queda Roma. Si conseguimos traer a algunos de los floristas más importantes, nuestro festival podría empezar a tener notoriedad.

Hace una pausa.

—Y si conseguimos que alguna casa de diseño reconocida participe y haga un desfile…

Mira su lista.

—Pero ya no tengo contactos.

Matteo mira a Lucca.

—Yo me encargo.




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