404 Not Found "La página que buscas no existe."

406 Not Acceptable "El servidor no puede producir una respuesta que cumpla con los criterios de aceptación de la solicitud."

Toda la noche lo único que hago es mirar el techo de la habitación.

Solo puedo pensar en una cosa.

En cómo iba a mirarle a la cara a Matteo.

En algún momento de nuestra conversación, cuando nos quedamos mirándonos fijamente, sentí que mi corazón comenzaba a palpitar un poco más rápido de lo normal.

Y, por supuesto, mi cerebro decidió hacer lo único que sabe hacer cuando no sabe cómo manejar una situación.

Buscar un código.

—Código 408: Request Timeout —digo.

Él sonríe a pesar de no entenderme.

Mi corazón había decidido dejar de responder correctamente.

Qué vergüenza.

Me cubro la cara con las manos.

¿Cómo voy a verlo mañana después de eso?

Al otro día me despido de la madre de Matteo.

Él nos espera afuera.

Cuando estoy a punto de salir, ella sostiene mi mano.

—Abigail, espera.

Me giro.

—Quiero darte un obsequio.

—¿Un regalo? —susurro.

Ella sonríe.

—Sí. Supe por Matteo que siempre tomas fotografías.

Me entrega un pequeño cuaderno y una cámara de fotos instantánea.

—No es algo fuera de lo común —dice—, pero me gustaría darte un presente.

Sonrío.

—Muchas gracias.

Miro el cuaderno.

Es precioso.

Me dispongo a salir.

Vamos, Abigail.

Puedes hacerlo.

Eres dominicana.

Puedes hacer como si nada hubiera pasado.

—Hola, Matteo —digo en voz baja.

Él se gira.

Nuestras miradas se encuentran.

Nos quedamos mirándonos sin decir nada.

Solo se escucha el viento a nuestro alrededor.

Entonces su madre nos interrumpe.

—Yo los llevaré al aeropuerto. Ya sabes que tu padre está muy ocupado.

Se acerca a Matteo y le entrega algo.

—Es un presente para mi sobrino favorito, Lucca.

Matteo la mira.

—No tienes otro.

Ella sonríe.

—Exactamente.

Después me mira.

—Y esto es para mi padre. Posiblemente viajemos para el festival, tu padre y yo.

Matteo permanece en silencio.

—Le comenté lo que habías hecho e hizo todo lo posible para que la reunión con los inversionistas se concretara.

Su rostro no muestra ninguna señal de emoción.

No sé exactamente qué está pensando.

Me acerco y sostengo su mano.

—Es hora de irnos, Matteo.

Su madre nos mira y sonríe.

—Lucca, al parecer, tenía razón.

Matteo la observa.

—Madre… ¿qué cosas te dijo Lucca?

Ella simplemente sonríe.

—Es hora de irnos, chicos.

De vuelta en Roma.

Esta vez Roma se siente distinta.

Me quedo mirando detenidamente el aeropuerto mientras caminamos. Recuerdo la primera vez que estuve aquí, cuando apenas sabía a dónde iba ni qué estaba haciendo.

Ahora todo parece diferente.

No porque Roma haya cambiado.

Hace unas semanas llegué sin saber dónde terminaría. Ahora sé exactamente hacia dónde quiero volver.

Savigno.

Antonella corre hacia mí y me abraza.

—¡Abigail!

Sonrío.

Mientras Lucca nos observa, se acerca después y abraza a su primo.

—¿Qué te pasa, Matteo? Te noto algo distinto.

Ambos nos quedamos en silencio.

Simplemente nos miramos.

Lucca nos observa.

—¿Qué tal, Abigail? Supongo que nos extrañaste.

Hace una pausa.

—O quizás no.

Matteo lo mira.

Lucca sonríe.

—Tienes la misma cara que ponen los protagonistas de las tragedias griegas antes de descubrir que todo va a salir mal.

Matteo suspira.

—Tenemos que hablar, Lucca Brunotti.

—¿Sobre qué?

—¿Qué cosas le dijiste a mi madre?

Lucca sonríe.

—Ah, eso.

Se encoge de hombros.

—Son temas entre sobrino y tía.

—Lucca…

—Nos vemos en el auto.

Lucca comienza a caminar.

Matteo lo sigue.

Antonella me mira.

—Creo que Matteo solo habla cuando Lucca está alrededor.

Sonrío.

—Lucca es capaz de enloquecer al más normal.

Ya en la casa de la familia de Antonella, vuelvo a tener la misma sensación.

Mientras caminamos por aquellos largos pasillos hacia su habitación, miro a mi alrededor.

Me pregunto si los europeos tienen una obsesión con las casas enormes, rodeadas de jardines y terrenos interminables.

Y ni hablar de esas cocinas y comedores donde parece que podría sentarse una familia entera.

Cuando entro en su habitación, noto lo bonita que es.

Colores suaves.

Todo perfectamente ordenado.

Tiene algo de ella.

Antonella se queda en silencio.

La observo.

Por la forma en que mira alrededor, sé que este lugar guarda recuerdos que no necesariamente quiere visitar.

Roma es su casa.

Pero no parece sentirse completamente en casa aquí.

—Es hermosa —le digo.

Ella sonríe ligeramente.

—Lo era.

No pregunto.

Ya aprendí que hay silencios que no necesitan preguntas.

—¿Qué tal San Sebastián?

La miro.

—Bien.

—¿Estás cansada, cierto?

Asiento.

—No pude pegar un ojo en toda la noche.

Ella sonríe.

—Entonces mañana hablamos.

Hace una pausa.

—Ah, tengo regalos para ti.

He vuelto a la casa de Matteo.

Es de noche.

Camino por el pasillo intentando encontrar agua.

Todo está en silencio.

Entonces vuelvo a la cocina.

Matteo está aquí.

Me quedo inmóvil.

No sé por qué, pero en el sueño tampoco puedo moverme.

Entonces mi corazón comienza a latir cada vez más rápido.

Matteo se acerca…

Código 429: Too Many Requests.

Demasiadas solicitudes y ninguna respuesta disponible.

Me despierto sobresaltada.

Abro los ojos.

Me llevo una mano al pecho.

—Dios mío…

Miro hacia el techo.

—Esto no puede estar pasando.

Cierro los ojos nuevamente.

Pero la imagen de Matteo acercándose sigue ahí.

Perfecto.




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